28 de Enero, 23:02 pm

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Economía

El tira y afloja de la política... monetaria

Peter Coy (Bloomberg Businessweek)

Yellen no puede ocultar las discrepancias dentro de la Reserva Federal

En el debate presidencial del 26 de septiembre, el candidato republicano Donald Trump acusó a la presidenta de la Reserva Federal, Janet Yellen, de ser la responsable de inflar una «burbuja grande, gorda y fea» por mantener los tipos de interés demasiado bajos. Yellen no pudo limitarse a encogerse de hombros y hacer caso omiso a la acusación, puesto que solo cinco días antes, tres miembros de su propio grupo responsable de los tipos de interés, el Comité Federal de Mercado Abierto (FOMC), había expresado la misma idea con un lenguaje más sutil. El Comité declaró que Loretta Mester, Esther George y Eric Rosengren se mostraron en contra de la decisión del FOMC de mantener sin cambios los tipos de interés, porque «preferían» aumentar la tasa de interés un cuarto de punto, según expresaron en la reunión.

Dirigir un banco central no es tarea fácil, particularmente durante una campaña electoral, y más aún en el caso de esta campaña, en la que existe una fuerte división de opiniones entre los profesionales de la economía con respecto a si los tipos de interés en Estados Unidos son demasiado bajos. Como demuestra el irregular historial de los bancos centrales, establecer los tipos de interés resulta una tarea un tanto confusa. Pero mostrar públicamente este desconcierto hace que la Fed parezca un organismo incompetente, lo que la hace más vulnerable a los ataques de los simpatizantes de Trump, quien afirmó en el debate que la Fed «hace más política que la propia secretaria Clinton» y que está manteniendo los tipos bajos para ayudar a Obama hasta que se vaya a jugar al campo de golf en enero.

Sin motivaciones políticas

La dificultad que se le presenta a Yellen es que, a pesar de que las motivaciones de la Fed no son políticas, sus acciones son intrínsecamente políticas en tanto que afectan a la economía y, por tanto, unos ganan y otros pierden. Mantener los tipos de interés bajos ayuda a los interesados mediante la estimulación del crecimiento, si bien presenta el riesgo de provocar un aumento inaceptable de la inflación, que tendría que sofocarse imponiendo posteriormente subidas de los tipos de interés, según algunas opiniones. Aquí es a donde Trump quería llegar en el debate cuando dijo: «Verán como pasan cosas muy malas».

Aumentar los tipos ahora tiene sus dificultades. Podría desestabilizar los mercados financieros, quebrando la confianza. La siguiente reunión del FOMC termina el 2 de noviembre. A 28 de septiembre, los mercados financieros solo contemplaban un 17 por ciento de probabilidad de que la Fed aumentara los tipos en dicha fecha, en comparación con el 53 por ciento del 14 de diciembre. ¿Por qué estas expectativas tan bajas para noviembre? Uno de los motivos es que no había ninguna rueda de prensa programada para entonces, y Yellen utiliza este medio para explicar los cambios en los tipos. A esto se añade que los mercados parecen no contemplar que la Fed se ponga a sí misma en el punto de mira subiendo los tipos de interés seis días antes de las elecciones. Evidentemente, el hecho de no subirlos podría interpretarse en sí mismo como una decisión política.

La cuestión es que todo lo que haga o deje de hacer la Fed se analiza a través de un filtro político, a pesar de que Yellen declaró tras la reunión del FOMC del 21 de septiembre que «no se habla de política en nuestras reuniones y que la política no influye en la toma de decisiones».
Supervisores directos de la Fed confirman que es cierto que nunca se habla de política en las reuniones del FOMC. Michael Gapen, economista jefe de Barclays en EE.UU., afirma que no cree que la Fed dudase en aumentar los tipos el 2 de noviembre si fuera el momento adecuado. Michael Dorf, profesor en la Cornell Law School, añade que «hay que remontarse a Arthur Burns» que ostentó la presidencia de 1970 a 1978, «para dar con un presidente de la Fed que le dé una palmadita a la economía de forma deliberada para ayudar al presidente de turno».

Debate interno

Yellen se enfrenta con su mejor cara a las discrepancias dentro de la Fed. Declaró a los reporteros que cree que «es muy positivo que el FOMC no sea un organismo afectado por el pensamiento de grupo». Es cierto que el fuerte debate interno puede dar lugar a resultados más brillantes. Pero a Yellen no le beneficia demasiado que el debate interno se haga público. El 21 de septiembre, entre los más partidarios de las subidas de tipos, se encontraban tres presidentes de la Reserva Federal: Mester de Cleveland, George de Kansas City y Rosengren de Boston. Por su parte, entre los partidarios de las bajadas, se encontraban tres votantes anónimos del FOMC, que basaron su voto en que, a la vista de las proyecciones económicas, bajo su punto de vista, no resultaba apropiado aplicar ninguna subida este año. A juzgar por los discursos más recientes, dos de ellos eran probablemente los gobernadores Lael Brainard y Daniel Tarullo. El tercero puede haber sido el presidente de la Fed en Chicago, Charles Evans.

Gapen, economista de Barclays, afirma que «la actividad de los bancos centrales en la actualidad se basa en la comunicación». A esto añade que «el Comité prefiere comunicarse con una voz unánime». Considera que si la Fed da la impresión de trabajar sin rumbo, los mercados podrían «perder confianza en la propia institución».
En opinión de Robert Johnson, presidente del Institute for New Economic Thinking, el problema más serio que se le presenta a la Fed es que su deficiente regulación antes de la crisis económica y su exceso de optimismo con respecto a la recuperación han mermado la confianza en su pericia. Según afirma, «la autoridad de los expertos está por los suelos. Se les considera agentes de mercado en búsqueda de poder». A esto añade que «todo este revuelo es un problema de difícil solución, ya que el hecho de expresarse con una sola voz solo ocultaría la incertidumbre de los electores de la Fed, no la resolvería. Para mí es comprensible. Están intentando controlar un sistema que es incontrolable».

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