16 de Septiembre, 16:47 pm

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Opinión

Agustín Marco

Las amistades peligrosas de Rato en Lazard

llave

A principios de diciembre hará dos años que Rodrigo Rato, ex director gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), se incorporó a Lazard, el décimo banco del mundo en fusiones y adquisiciones que en España alcanzó sus cotas más gloriosas en 2006 y 2007 de la mano de Borja Prado Eulate, hijo de Manuel Prado y Colón de Carvajal -administrador privado de Su Majestad el Rey don Juan Carlos- que fue condenado a dos años de cárcel por falsedad documental por el caso KIO.

Borja Prado, hoy presidente de Endesa, se movió como pez en el agua con los principales constructores españoles, como José Manuel Entrecanales y Florentino Pérez, a los que ayudó en sus distintas ofensivas eléctricas. Lo hizo fenomenal, puso a Lazard al frente de los rankings de fusiones y adquisiciones en España, pero optó por marcharse a mediados de julio de 2007 porque los galones y los bonus se lo apuntaban otros, llamése Pedro Pasquín, el jefe del día a día de la firma.

Prado, con una excelente relación con los grandes mágnates italianos -de hecho era consejero de Telecinco en nombre de Mediaset, el holding de Silvio Berlusconi-, se largó para montar en España la filial de Mediobanca, una entidad transalpina desde donde facilitar la entrada de Enel en Endesa. Dicho y hecho. Y el banquero de inversión convertido presidente de la eléctrica antes española. Jugada maestra.

Pero su salida dejó cojo a un Lazard que empezó a perder peso en las grandes operaciones. La matriz entró en pérdidas al tiempo que sus directivos se forraban vendiendo acciones en la Bolsa de Nueva York casi sin previo aviso para los minoritarios. El fichaje de Rato tenía como objeto que el ex ministro abriera las puertas que antes tenía de par en par Prado. Y lo hizo bien hasta que el pasado año se hundió el mundo y lo único que había para echarse a la boca eran suspensiones de pagos y reestructuraciones a vida o muerte.

Con el banco en números rojos, había que conseguir operaciones con urgencia para cobrar las sugerentes comisiones de gestión. El problema es que Lazard siempre se puso del lado de malos empresarios, inversores venidos a menos y reyes muertos. La entidad intentó ayudar a Luis Portillo, ex presidente de Colonial, que en los años del boom paseaba su amistad con Botín y Francisco González. Después salió en auxilio de la familia Sanahuja, otros que viajaban en jet privado, en la lucha de Metrovacesa. En ambos casos, los acreedores les quitaron la compañía. Ahora, tras el fallido asesoramiento a la familia Salazar en SOS, trabaja para Reyal Urbis, otro zombie del ladrillo.

Clientes poco aconsejables, despreciados en la Villa y Corte, para un ex ministro candidato a presidir la segunda caja española y la cuarta entidad financiera del país. Un político que, por otra parte, se ha cansado ya de pedir favores en nombre de Lazard a cambio de los cerca de 3 millones de euros que cobra por año. Porque lo que hace un banquero de negocios no es otra cosa que dar ideas y pedir que les metan en operaciones a cambio de mucho dinero. Desde Caja Madrid, con un sueldo que es tres veces inferior, la pasta y los favores se los pedirán a él. Será el que reparta las cartas. Es lo que se llama PODER en mayúsculas.

Agustín Marco finanzas.com.

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