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Opinión

Agustín Marco

Nadie quiere comerse el muerto de la banca

llave

Un liviano análisis de las declaraciones de los ejecutivos de nuestros bancos y cajas españoles en los últimos doce meses lleva a la conclusión que la hipocresía no está incluida en la lista de pecados de los informes de Gobierno Corporativo, esos documentos en los que dicen lo pulcros que son todos en materia de sueldos, auditorías y operaciones vinculadas.

 

Teniendo en cuenta que no dijeron la verdad cuando la crisis ya gritaba en el estomago de los balances -¿se acuerdan aquello de que nuestro sistema financiero es inmune y somos los más sólidos de Europa?-, es curioso ver como todos, especialmente los más grandes, respaldan la creación del futuro fondo del Tesoro que se encargará de insuflar oxígeno a las entidades con problemas de solvencia.

Salvo Popular, que se muestra contrario, a los demás les parece muy bien siempre y cuando no distorsione la competencia. Así lo han dicho esta semana los primeros espadas de BBVA y Santander en sus respectivas presentaciones de resultados, sin querer entrar más en detalle. Salvo uno, que ni el primero ni el segundo quiere saber nada de echar una mano para estabilizar el sistema.

José Ignacio Goirigolzarri y Alfredo Sáenz, consejeros delegados de BBVA y Santander, han dejado bien claro que no piensan crecer en España vía adquisiciones, especialmente en un momento en el que el propio Banco de España les ha aconsejado reducir su tamaño cerrando. O lo que es lo mismo, que no tienen ningún interés en comprar activos tóxicos o entidades en problemas para echarle una mano al Banco de España y al Gobierno, como se ha hecho en otros países, como Francia, Bélgica, Inglaterra o Estados Unidos.

Allí se ha contado con Lloyds para permitir la supervivencia de Halifax y viceversa, con Bank of America para salvar a Merrill Lynch de la muerte o con BNP para evitar la desaparición de Fortis, entre otros casos.

Aquí, en España, se hizo lo mismo cuando se intervino Banesto, en una subasta a dos bandas en al que ganó Botín. Hoy, ni el banquero cántabro, que por cierto se compró el pasado año dos bancos ingleses en apuros (Alliance & Leicester y Bradford & Bringley) quiere saber nada de gastarse los cuartos en evitar una nueva intervención de otra Caja Castilla-La Mancha.

El problema es que que el resto de entidades que todavía están en disposición de digerir sapos o que tienen tamaño para hacerlo también miran para otro lado. Salvo imposiciones políticas -qué le pregunten a La Caixa-, la contraseña es que conmigo no cuenten. Por tanto, la solución será tirar del balance del Estado, el que financiamos todos los españoles, porque nuestro sistema no parece que sea tan sólido como nos habían contado.

Agustín Marco finanzas.com.

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