El último servicio especulativo del sector inmobiliario
llaveRumores, una liquidez liliputiense y un sector en quiebra, el inmobiliario. Mézclense los ingredientes, sírvase el mejunje bien frío y podrá obtener una subida de hasta el 100% ó casi en una sola sesión. Como la de Reyal Urbis el miércoles o la de Metrovacesa ayer. Pero cuidado, porque los tragos largos y fuertes no sientan siempre igual de bien y las risas de hoy son lágrimas mañana. Son los gozos y las sombras de unos valores de republica bananera, que ya no cotizarían en bolsa si la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) se hubiera mantenido en sus trece de obligar a los promotores a poner más acciones en circulación.
La cosa es que el supervisor transigió a la vista del cerrojazo de liquidez en los mercados -es verdad que si es casi imposible vender un acción hoy día, en el sector inmobiliario es sencillamente una utopía- y las peticiones de una prórroga por parte de los dueños de las compañías. Pero esto ya es historia. Lo que importa es que cuando no han pasado ni dos años del cenit y del comienzo del fin del boom del ladrillo más importante de la historia de España, el sector inmobiliario vuelve a hacer una exhibición de excesos. De lo más peligrosa y poco edificante, por cierto.
Claro está que ya no son excesos corporativos -con la única excepción de Realia, las promotoras cotizadas están o intervenidas por sus acreedores o sencillamente quebradas-, sino puramente bursátiles. Y nadie dice nada. Reyal Urbis sube un 100% y la compañía no sabe, no contesta. Grupo Santander, su mayor acreedor y que le ha comprado inmuebles a destajo, se limita a decir que no está preparándose para entrar en el capital, como se rumoreaba el miércoles. Pero lo cierto es que hay quien ha comprado a tres euros lo que el día anterior valía 1,5. Sin volumen -muy superior en cualquier caso a la media-, es cierto, pero lo ha adquirido.
Alguno está haciendo su agosto en pleno mes de marzo a costa del moribundo sector inmobiliario que, abocado a una travesía del desierto de más un lustro, puede estar prestando su último servicio hiperespeculativo en bolsa. O algunos se pasan de listos -¿Con qué justificación compraría usted Metrovacesas a 25 euros, así, de pronto, como quien no quiere la cosa?- o hay información reservada al alcance sólo de unos pocos. Pero eso es cosa de la CNMV, a la que hay que reconocer unos ímprobos esfuerzos para poner en orden al sector en bolsa, tanto en liquidez como en transparencia en la valoración de sus activos.
El caso es que la misma bolsa que permitió a un bluf como Astroc subir un 1.000% en menos de un año a golpe de adquisiciones, hoy permite a inmobiliarias controladas por sus acreedores o refinanciadas in extremis pegarse unos rallys que o obligan a pensar mal o llevan a la conclusión de que ya es hora de que los valores sin liquidez abandonen la bolsa. Si en plena caída de la capitalización bursátil ya resulta casi injustificable un Ibex de 35 valores -muchas de sus empresas no pasan de medianitas-, qué decir de estas compañías ilíquidas que convierten la bolsa en un casino. Y no es eso señores, no es eso. Cuidado a los atrevidos con no pillarse los dedos.
Rumores, una liquidez liliputiense y un sector en quiebra, el inmobiliario. Mézclense los ingredientes, sírvase el mejunje bien frío y podrá obtener una subida de hasta el 100% ó casi en una sola sesión. Como la de Reyal Urbis el miércoles o la de Metrovacesa ayer. Pero cuidado, porque los tragos largos y fuertes no sientan siempre igual de bien y las risas de hoy son lágrimas mañana. Son los gozos y las sombras de unos valores de republica bananera, que ya no cotizarían en bolsa si la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) se hubiera mantenido en sus trece de obligar a los promotores a poner más acciones en circulación.
La cosa es que el supervisor transigió a la vista del cerrojazo de liquidez en los mercados -es verdad que si es casi imposible vender un acción hoy día, en el sector inmobiliario es sencillamente una utopía- y las peticiones de una prórroga por parte de los dueños de las compañías. Pero esto ya es historia. Lo que importa es que cuando no han pasado ni dos años del cenit y del comienzo del fin del boom del ladrillo más importante de la historia de España, el sector inmobiliario vuelve a hacer una exhibición de excesos. De lo más peligrosa y poco edificante, por cierto.
Claro está que ya no son excesos corporativos -con la única excepción de Realia, las promotoras cotizadas están o intervenidas por sus acreedores o sencillamente quebradas-, sino puramente bursátiles. Y nadie dice nada. Reyal Urbis sube un 100% y la compañía no sabe, no contesta. Grupo Santander, su mayor acreedor y que le ha comprado inmuebles a destajo, se limita a decir que no está preparándose para entrar en el capital, como se rumoreaba el miércoles. Pero lo cierto es que hay quien ha comprado a tres euros lo que el día anterior valía 1,5. Sin volumen -muy superior en cualquier caso a la media-, es cierto, pero lo ha adquirido.
Alguno está haciendo su agosto en pleno mes de marzo a costa del moribundo sector inmobiliario que, abocado a una travesía del desierto de más un lustro, puede estar prestando su último servicio hiperespeculativo en bolsa. O algunos se pasan de listos -¿Con qué justificación compraría usted Metrovacesas a 25 euros, así, de pronto, como quien no quiere la cosa?- o hay información reservada al alcance sólo de unos pocos. Pero eso es cosa de la CNMV, a la que hay que reconocer unos ímprobos esfuerzos para poner en orden al sector en bolsa, tanto en liquidez como en transparencia en la valoración de sus activos.
El caso es que la misma bolsa que permitió a un bluf como Astroc subir un 1.000% en menos de un año a golpe de adquisiciones, hoy permite a inmobiliarias controladas por sus acreedores o refinanciadas in extremis pegarse unos rallys que o obligan a pensar mal o llevan a la conclusión de que ya es hora de que los valores sin liquidez abandonen la bolsa. Si en plena caída de la capitalización bursátil ya resulta casi injustificable un Ibex de 35 valores -muchas de sus empresas no pasan de medianitas-, qué decir de estas compañías ilíquidas que convierten la bolsa en un casino. Y no es eso señores, no es eso. Cuidado a los atrevidos con no pillarse los dedos.
Enrique Utrera finanzas.com.
