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El pasado viernes se consumó, con comida de celebración en Jockey incluida, la tan cacareada ruptura del acuerdo entre Acciona y Enel sobre la gestión de Endesa. Lo que en su día fue una alianza contranatura urgida desde Moncloa -sigan sin creerse nada cuando el Gobierno dice que no interviene en empresas privadas- ha terminado un año antes de lo previsto, lo que demuestra el disparate del movimiento fletado por Miguel Sebastián.
De esta pelea, que ha servido para que Endesa vuelva a manos de un Estado, aunque ahora italiano, hay un claro ganador. Ese es José Manuel Entrecanales, que se ha cobrado por todo lo alto -1.700 millones de plusvalías- el extraño favor que le hizo en su día al PSOE para evitar que la histórica empresa española cayera en manos de E.ON tras el nuevo fiasco organizado con la OPA fallida de La Caixa y Repsol a través de Gas Natural. Un despropósito que muestra bien a las claras la capacidad de los gestores del dinero público.
Pero como a todo hay que buscarle el aspecto positivo, pensemos en que hubiera pasado si Endesa hubiera acabado en manos de Luis Portillo, el ilustre presidente de Colonial, y de Domingo Díaz de Mera, otro empresario salido de la nada, que hizo fortuna a la sombra de la quebrada Caja Castilla-La Mancha. Porque estos dos inmobiliarios venidos a menos -a muy menos por no fondear en el diccionario de la Real Academia de la Lengua- intentaron sumarse al tren especulativo de aquellos días de 2007 en los que el Gobierno buscaba socios para frenar a los alemanes.
Henchidos de orgullo por sus exitosas compras en bolsa a crédito, Portillo y Díaz de Mera se presentaron voluntarios como salvadores de la patria para ser socios en la jugada de los Entrecanales. Se ofrecieron para comprar hasta el 10% de Endesa, por supuesto sin dinero, pero como el respaldo de los ambiciosos bancos, para colmar sus ansias de vanidad. Menos mal que José Manuel, el dueño de Acciona, reflexionó.
Le convencieron de lo poco idóneo que era hacerse una foto con dos nuevos ilustrados que habían emergido en el siempre deseable mundillo financiero de Madrid de la noche a la mañana y que presumían de haber comido con Emilio Botín y Francisco González en sus incursiones como accionistas puntuales de Santander y BBVA. Renegó de la ayuda de estos dos inversores que sólo habían conocido la subida y que desconocían que la bolsa, como reza su principio fundacional, también bajaba.
Prefirió cargarse con toda la deuda -más de 8.000 millones- ante que abrazarse a estos dos advenedizos, algo que no supo hacer Amancio Ortega, que cayó en la trampa de Bañuelos en Astroc. Acertó de pleno porque ya saben lo que pasó con el señor Portillo, embargado y ejecutado por el propio Botín. Las apuestan tampoco le dan mucho crédito a Díaz de Mera, al que se le relaciona con determinadas operaciones dudosas en Cajasol y CCM, ésta última en situación más que delicada..
De la que nos hemos librado, pese a todo.

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