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Javier Díaz - Giménez, profesor del IESE

¿Dónde están los 64.000 millones de la hucha de las pensiones?

Javier Díaz - Giménez, profesor del IESE

Si nos olvidamos de la parte del fondo de reserva que ya nos hemos gastado, quedan 7.725 millones de euros en otras inversiones.

La Seguridad Social española está quebrada.  En el año 2010 el déficit de la Seguridad Social española ascendió a 2.5588 millones de euros.  Y la seguridad social pagó en pensiones contributivas 891 millones de euros más de lo que recaudó en concepto de cotizaciones de los ocupados

Hasta marzo de 2011 los ingresos totales de la Seguridad Social habían aumentado en un 2,62 por ciento y los gastos totales en un 2,66 por ciento y por lo tanto el déficit de la Seguridad Social había aumentado.  En los tres primeros meses de este año el gasto total en pensiones contributivas aumentó en un 5,1 por ciento y las cotizaciones de los ocupados disminuyeron en un 0,9 por ciento debido a la intensa destrucción de empleo.  Estos datos nos hacen pensar que si no ocurre un milagro el déficit de 2010 muy posiblemente se repetirá en 2011 y muy posiblemente en los años venideros.

Pero para valorar la sostenibilidad del sistema, no debemos olvidar el fondo de reserva de las pensiones.  A final de 2010 la cuantía del fondo ascendía a 64.375 millones de euros. Y esa cantidad es suficiente para pagar casi 25 veces el déficit de la Seguridad Social de 2010 y equivale a unos 8 meses de pensiones.  Desgraciadamente,  la mayor parte de ese déficit,  el 88 %  del fondo,  está invertido deuda pública española.  Y eso quiere decir que las administraciones públicas españolas ya se lo han gastado.  No sé muy bien si en pagar los sueldos de los empleados públicos, en costear la sanidad pública o en mover estatuas. 

Pero el caso es que esos millones de euros ya no están porque son deuda pública neta del  Estado.  Y si la Seguridad Social intentara recuperarlos para dedicarlo a pagar las pensiones el Tesoro de España tendría que encontrar otros inversores dispuestos a quedarse con esa deuda.  Si nos olvidamos de la parte del fondo que ya nos hemos gastado, a la Seguridad Social le quedan 7.725 millones de euros en otras inversiones.  Y con esos millones podría pagar tres veces su déficit de 2010 o unos 30 días de pensiones.

La fuente de esos datos es la propia Seguridad Social, por lo que nadie los discute.  Lo que si se puede discutir es cómo van a cambiar en el futuro.  ¿Se trata de un déficit coyuntural que desaparecerá por si solo cuando la economía española por fin se recupere y vuelva a crecer a las tasas de crecimiento  (cercanas al 4 %)  a las que estábamos acostumbrados?  ¿O será un déficit estructural, debido a la caída de la natalidad, al aumento de la esperanza de vida, al frenazo de la inmigración, y a los incentivos perversos que crean los detalles del diseño de nuestras pensiones?  

En un artículo que Julián Díaz-Saavedra y yo publicamos en 2006 (véase "The demographic and educational transitions and the sustainability of the Spanish public pension system". Moneda y Crédito 222: 223-270) ya avisábamos que el problema de las pensiones españolas era estructural.  En la última actualización de nuestros cálculos (véase "Parametric of the Spanish pension system") fechábamos la aparición del primer déficit en 2015.  Pues bien, nos equivocamos. Nos pasamos de optimistas nada menos que en cinco años.  Pero según esos mismos cálculos el déficit de las pensiones españolas es estructural y está aquí para quedarse.    
Enfrentados con esta evidencia sólo podemos hacer dos cosas:  atrevernos de una vez por todas con una reforma radical que permita que nuestras pensiones se ajusten de forma automática ante los cambios demográficos y económicos.  O seguir pateando la lata calle abajo y condenarnos a una sucesión indefinida de reformas.  

Yo tengo 51 años.  Y a fecha de hoy no tengo ni idea de cuándo me voy a jubilar, ni de cuál va a ser la cuantía de mi pensión cuando me jubile.  Y estoy convencido de que la última reforma se volverá a reformar antes de que se completen sus plazos.  Es una verdadera lástima que no me pueda marchar con la música a otra parte.  Y que me pueda llevar en la maleta los derechos que he acumulado contribuyendo durante 23 años con la cotización máxima a un sistema de pensiones sin futuro.  

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