Startup.com: La película
El presidente de una empresa de capital riesgo en Silicon Valley manda a Kaleil Isaza Tuzman a freír espárragos, pero el jovencísimo consejero delegado de Gov.com no se lo tomó a pecho. ?Dice que estamos muy verdes, que ya no se hacen las presentaciones con documentos sino con ordenador, y que el producto no le convence. Nos ha ninguneado. Claro, no entiende nada.?
Un año después, tras conseguir cientos de millones de dólares a través de otros fondos de capital riesgo, salir a bolsa, comparecer con el presidente Clinton en la tele, romper con dos novias y traicionar a su mejor amigo y socio Tom Herman, Tuzman ha perdido la seguridad fanfarrona del joven empresario de Internet. ?Es una crisis de verdad. Las ventas son planas, y la competencia es mejor que nosotros?, se lamenta.
Es la primavera de 2000, el momento del aterrizaje duro, o sea, del estallido contra la torre de control. Gov.com ha perdido el apoyo de sus financieros y el pinchazo de la gran burbuja Internet ha desinflado todo, hasta el súper ego de Kaleil Tuzman.
Es curioso, pero una hora y media de largometraje basta y sobra para contar la historia épica del boom del Internet en la película documental Startup.com dirigida por Jehane Noujaimi y Chris Hegedus que acaba de estrenarse en Nueva York.
La historia del start up es un prólogo y un epílogo sin mucho más. Y no es un problema de la peli, sino un problema de la realidad.
Prólogo: dinero fácil. Hay liquidez por un tubo. Algún financiero dirá que no pero, al final, muchos dicen que sí. Las inversiones de capital riesgo suben de 5 millones de dólares a 25 millones de dólares en cuestión de meses en 1999.
Epílogo: dinero difícil. Suben los tipos. El capital riesgo vuelve a caer a 10 millones en 2000 y salta por los aires el mercado de OPVs. Principio y fin. El resto, es un intervalo banal.
Gov.com -explica el CEO, rastreando la memoria en busca del entusiasmo de aquella conversación borracha de facultad- va a acabar con los procesos burocráticos entre ciudadano y administración pública, y facilitará el pago on-line de multas, tasas, lo que sea. Va a ser ?un instrumento de la democracia ciudadana? explica el audaz y atroz Tuzman al presidente de EE UU en una mesa redonda televisada en directo al puro estilo clintoniano.
La verdad es que Clinton y Tuzman han salido del mismo patrón, el de los años noventa, el de vender la moto, forrarte y, encima, hacerlo por el futuro de la democracia. Gov.com va a transformar la democracia y acaba en la bancarrota, troceado y vendido a la competencia. Tuzman y Herman salen del desastre sin un centavo y con la amistad que les unía desde los 14 años hecha añicos. Pobrecitos.
A diferencia de Tuzman, el technogeek Tom, quizá, mantiene su integridad a lo largo del ascenso estelar y el desplome de Gov.com. Pero, ¡vaya integridad! ?Yo venía a este pinar para meditar cuando era niño. Quiero que meditemos juntos aquí?, dice al grupo de 50 trabajadores de Gov.com obligados a pasar un fin de semana de bonding campestre, por si fueran poco los ¡hurras! diarios exigidos por los dos niños fundadores.
Startup.com puede ser la película de la burbuja Internet como Wall Street fue la película de la burbuja del bono basura y la ingeniería financiera de los ochenta. Pero, al menos, el cínico Michael Douglas no pedía que su gente se entregase a la causa como testigos de Jehová.

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