LOGROÑO, 31 (EUROPA PRESS)
Nunca antes la lengua española ha conocido una etapa tan productiva en la elaboración de bienes y servicios culturales ni ha sido hablada por tantos millones de seres humanos a lo largo y ancho del planeta como en la actualidad. El idioma español, además de ser un sólido vehículo para la creación intelectual, la cohesión social y el alimento del espíritu, es también una formidable fuente de riqueza y desarrollo económico para los países hispanohablantes, y un extraordinario negocio para los grupos empresariales -en su mayoría de origen no hispano- que han visto en la lengua de Cervantes un filón del que pueden extraer cuantiosos beneficios económicos.
Pero el español, que tiene ante sí la mejor oportunidad de su historia para convertirse en una de las dos lenguas más influyentes del mundo, es también un idioma amenazado por una serie de factores externos, una lengua necesitada de atención por parte de gobiernos instituciones afines que palien sus debilidades y le permitan ubicarse en el lugar que le corresponde.
Así lo han entendido los asistentes a la I Acta Internacional de la Lengua Española, un congreso que, inaugurado por el presidente del gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, reunió en San Millán de la Cogolla del 26 al 29 de octubre a más de setenta expertos, entre los que había profesionales de áreas tan diversas como matemáticos, economistas, periodistas, científicos, filólogos y editores.
Procedentes de países como España, Brasil, Marruecos, Francia, Colombia, Estados Unidos, Costa Rica, Honduras, Argentina e Israel, los asistentes al encuentro, promovido por el Ministerio de Cultura, la Fundación Biblioteca de Literatura Universal y la Fundación El Monte, los expertos emplearon como método de trabajo el análisis DAFO, uno de los modelos de estudio más autocríticos y realistas para sintetizar y determinar las debilidades, amenazas, fortalezas y oportunidades que, desde el punto de vista económico, presenta la lengua española como elemento básico de las industrias culturales.
El volumen y la riqueza de la documentación aportada en los debates han obligado los organizadores a constituir una comisión encargada de redactar el Acta o conclusiones definitivas, las cuales serán facilitadas a instituciones, gobiernos y personalidades de los países de habla hispana. Los organizadores confían en que las recomendaciones elaboradas por los expertos tengan utilidad en la promoción de la lengua y la industria cultural en español.
En rueda de prensa para la clausura comparecieron el director general del Libro, Archivos y Bibliotecas, Rogelio Blanco; el presidente de la Fundación Biblioteca de Literatura Universal, Rafael Escuredo y el patrono de la Fundación El Monte, José Juan Díaz Trillo. En representación de los coordinadores de las mesas de análisis, para dar a conocer las conclusiones provisionales, acudió el catedrático de Teoría Económica, Rogelio Velasco, junto al periodista y director de la revista Contrapunto de América Latina, Carlos Carnicero.
Entre otras fortalezas del español, los analistas han destacado el crecimiento económico experimentado por determinados países hispanohablantes y por la comunidad hispana de Estados Unidos. "Una manifestación de lo anterior -precisó Velasco-, es la expansión del mercado publicitario en español a un ritmo más rápido que la media mundial". Este auge económico, que por otro lado va íntimamente ligado a los procesos de democratización de los países iberoamericanos, se nota también en la creciente internalización del las empresas españolas fuera del área hispanohablante y en el rápido crecimiento del comercio internacional de mercancías culturales.
Esto último, en opinión de los expertos, responde a una mayor demanda determinada por una serie de cambios en los patrones de consumo tanto en los países desarrollados como en los que están en vías de desarrollo. En el caso de España, por ejemplo, el gasto familiar en bienes y servicios culturales, uno de los epígrafes más crecientes de su economía, pasó de los 7.000 millones de euros del año 2000 a los más de 9.500 millones de 2004. Este año, el creciente volumen anual de negocio de las industrias culturales españolas ya rondaba los 32.000 millones de euros.
La industria editorial en español, pese a que todavía tiene mucho camino que recorrer en el mercado internacional, es uno de los grandes puntales económicos y culturales de la lengua española. Tal como han verificado los analistas en el encuentro de San Millán, los flujos comerciales de bienes y servicios editoriales inyectan notables cuotas de vitalidad a las balanzas de la mayoría de países del área. El libro, su edición, distribución y comercialización es una actividad que aporta una cuota relevante al PIB de cada uno de ellos. Sirva como ejemplo el dato de que España ocupa el cuarto puesto en la exportación mundial de libros, al tiempo que en Iberoamérica la industria editorial se ha consolidado como el principal factor de la potencialidad de esta región en términos de intercambio económico y cultural.
Las cifras más recientes indican que en materia de libros España ha pasado de ser un importador de royalties a ser un exportador neto. Los mayores exportadores mundiales de libros son Estados Unidos (18%); Reino Unido (17%), Alemania (12%) y España (6%), alcanzando en 2005 un saldo neto en exportaciones de 366 millones de euros, lo que supuso un incremento del 5,73% respecto a 2004. Por otro lado, si se suman las exportaciones iberoamericanas del libro -sin incluir a España- éstas ascendieron en 2004 a 1.232 millones de dólares.
En opinión de los analistas, las anteriores cifras ponen de manifiesto la pujanza del sector editorial en el conjunto de la industria cultural hispana y por sí solas justifican la imperiosa necesidad que tienen los países del área de unificar criterios que permitan establecer una valoración económica de la gran industria mundial del español. El congreso insiste en la necesidad de que los gobiernos e instituciones públicas y privadas con responsabilidades en Lengua y Economía del área hispana pongan en marcha un programa que permita establecer el valor o la incidencia del idioma español en la economía de los países hispanohablantes y en la áreas no hispanas que cuentan con grandes comunidades hispanohablantes en su seno.
Todo lo anterior pasa por establecer un sistema de medición que unifique las fórmulas econométricas, los epígrafes y conceptos a incluir. Sólo así se podrán obtener resultados fiables, realistas y contrastados. El buen momento económico que atraviesa el español y los productos e industrias que de él se derivan hace necesario introducirlo como dato concreto en las variable macroeconómicas y microeconómicas de los países hispanohablantes, sin que ello signifique reducir la lengua española a las frías cifras monetarias.