El día que Soros se opuso al fundamentalismo del mercado
Este fundamentalismo se basa en dos falacias. La primera, según Soros, es que los mercados están constantemente en equilibrio. La segunda falacia es la tesis del ?laissez faire?, según la cual el interés común está mejor servido si el mercado no es regulado y se permite a la gente que persiga sus propios intereses. Para Soros, todos deben de guiarse por el interés propio, pero dentro del marco de una regulación que respete el interés común.
El financiero George Soros ha publicado un artículo titulado ?Por qué el mercado de acciones no se puede arreglar a sí mismo? en el último número de la revista de opinión estadounidense de The New Republic. Las reflexiones de Soros merecen ser tenidas en cuenta porque provienen de una persona en la que confluyen une una amplia experiencia de inversión en los mercados financieros con importantes conocimientos de economía política.
La principal conclusión de Soros es que los mercados por, sí solos, no van a ser capaces de resolver la crisis institucional que les afecta en la actualidad. Esta crisis no consiste principalmente en el mercado bursátil bajista de los últimos dos años, sino en los fraudes contables, la corrupción de algunos altos ejecutivos y la connivencia entre la banca de inversión y los analistas. Para Soros, una nueva regulación de los mercados financieros es vital para revitalizar la confianza de los inversores.
En opinión de Soros, la principal causa de la crisis de credibilidad actual es la ideología del fundamentalismo de mercado. ?El fundamentalismo de mercado es una ideología falsa y peligrosa? señala Soros. Esta opinión llama la atención ya que proviene de un señor que ha hecho una fortuna precisamente a través de la inversión/especulación en los mercados financieros. En este sentido conviene hacerse las siguientes reflexiones. ¿Hace Soros con esta crítica un ejercicio de sinceridad digna de elogio o se siente culpable de haber aprovechado las oportunidades que le ha dado la falta de regulación de los mercados financieros?
¿EXISTE EL EQUILIBRIO DE MERCADO?
Para Soros, el fundamentalismo de mercado es una ideología perjudicial por dos motivos muy distintos. Por una parte, Soros argumenta que esta doctrina se equivoca profundamente en su análisis del funcionamiento de los mercados financieros. ?Asume que los mercados tienden hacia el equilibrio y así aseguran una asignación óptima de recursos?.
En opinión de Soros, esta condición no se da y una muestra de ello es el actual desplome bursátil y la aparición de un gran número de irregularidades/fraudes contables en los últimos meses. Desde aquí conviene observar lo siguiente ¿No es la continua búsqueda de equilibrio precisamente una característica positiva del mercado que, frecuentemente, conlleva movimientos bruscos en la fluctuación de los activos financieros? Un mercado bursátil estable, controlado, rígido, distorsionaría la asignación de recursos ¿No reside precisamente en esa flexibilidad/volatilidad, tanto al alza como a la baja, de las bolsas una de las grandes ventajas del sistema capitalista?
En este sentido, el economista austriaco Joseph Schumpeter elogiaba el fenómeno de ?creación destructiva? que muchas aventuras empresariales (en los últimos años, por ejemplo, el descalabro de las compañías de Internet, el exceso de capacidad de fibra óptica) dan a la evolución de los sistemas capitalistas. Estos ajustes, lejos de colapsar al conjunto del sistema como sí sucedió en el caso de las economías planificadas de Europa del Este, regeneran el sistema, en gran parte, debido al ajuste de los precios de productos de bienes y servicios.
NO ES LO MISMO HACER LAS REGLAS QUE RESPETARLAS?
El segundo argumento que Soros cita criticando el fundamentalismo de mercado es el siguiente: ?Al equiparar el interés privado con el interés público, el fundamentalismo de mercado dota de una calidad moral a la persecución del interés propio?. Soros señala que las consideraciones morales no se expresan en los precios del mercado. Es decir, el mercado es amoral.
El financiero, y ahora pensador, de origen húngaro señala que es importante hacer una distinción entre la facultad de reglamentar (hacer las reglas) y la de respetar las reglas. Añade que ?como participantes en el mercado, debemos tratar de maximizar nuestro interés propio, siempre que respetemos las reglas de juego. Pero como creadores de las reglas de juego debemos de guiarnos en el interés común?. ?En una democracia todos hacemos las reglas?, añade. Soros afirma que con la tesis de que el interés común está mejor servido permitiendo a la gente que persiga sus intereses propios, los fundamentalistas de mercado han eliminado esta distinción.
El resultado de la eliminación de esta distinción es que no hay una competición (y un mercado) perfectos, sino un capitalismo de amiguetes (véanse los ejemplos de Enron y la complicidad entre Worldcom y algunos analistas de Citigroup), en el cual los ricos y poderosos se sienten moralmente justificados y disfrutan su privilegiada posición?.
El argumento de Soros es sólido. Pero, como él mismo reconoce, conviene recordar que también el mecanismo de coordinación del Gobierno-Estado puede fallar. Uno de los problemas reside en que cada ciudadano tiene su propia definición de lo que es el bien común.
En parte, el voto democrático sirve para expresar esas definiciones de los ciudadanos pero, lamentablemente, en la mayoría de los casos los resultados electorales otorgan mandatos muy ambiguos. Por ello, desde aquí me permito afirmar que la regulación no debe de fijarse un objetivo de distribución (un cierto resultado en las transacciones de mercado), sino hacer hincapié en la transparencia (igualdad de distribución en la información, simplicidad en los estados contables de las empresas) para facilitar los mecanismos de mercado y en el abaratamiento de los costes de transacción (sistemas de contratación eficientes).

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