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El pleno drama en los mercados bursátiles, Brugera –que como La Caixa está de vuelta a una Inmobiliaria Colonial que cambió de manos por una oferta de Luis Portillo a la que la primera caja catalana no pudo decir que no- ha anunciado desinversiones en FCC, Riofisa y SFL. Dice que no tiene prisa –qué otra cosa puede decir para que no le presionen aún más a la baja en precio- y que espera conseguir entre 1.700 y 2.000 millones con la operación. Es decir, como mucho lo que Portillo pagó por Riofisa a la familia Losantos, que tardó unos segundos, los que necesitó para procesar que estaba ante el negocio soñado, en decir, que sí a la propuesta del sevillano.
El desplome de las bolsas contrasta con el sobrio optimismo de los gestores de la inmobiliaria catalana. A la izquierda del presidente, Pere Viñolas, un histórico de los mercados para quien la renta variable apenas tiene secretos, posaba para una foto que ofrece confianza. Un experto en el sector, Bruguera, y un conocedor de las bolsas, Viñolas, ese que ha faltado al lado de otros ilustres promotores que creyeron que el mercado de valores era un medio y no un fin y que o están con el agua al cuello o reposan muchos metros por debajo de la superficie.
¿Será suficiente? Para Brugera, reflotar Colonial es un reto personal. Dice que coge la compañía en el estado de postración en que la encontró en 1994, y que después de la cura de caballo que le va a aplicar volverán las primas a la cotización cuando las cosas –hoy en el polo opuesto- cambien y el mercado distinga entre compañías promotoras y patrimonialistas. Dicho de otra forma, cuando los inversores decidan que los edificios del grupo en Madrid, Barcelona y París valen más que los poco más de 400 millones de euros de capitalización bursátil del grupo.
Tiene Brugera ganas de guerra. Siempre ha sido duro de pelar. Para él, que tanto le dolió la pérdida de la Colonial que Portillo ha puesto al pie de los caballos, esta vuelta a escena es una revancha personal. El veterano luchador que ya sabe lo que es el sabor amargo de la derrota –Joaquín Rivero le resistió una presión terrible para hacer una fusión a tres bandas de Metrovacesa, Bami y Colonial- tiene ante si el reto más difícil. Resucitar un muerto contra los mercados, contra una deuda de 8.991 millones y contra el sentimiento más negativo posible respecto al sector inmobiliario.

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