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Análisis

Francisco González (BBVA): El pasado siempre llama dos veces

El futuro de FG depende de la decisión de la Audiencia Nacional tras la filtración de los trabajos que encargó al comisario Villarejo para mantenerse en la presidencia del BBVA

Francisco González Rodríguez (74 años), natural de un pueblo de Lugo (Chantada) que está en el corazón mismo de Galicia, nunca fue un hombre fácil en las relaciones sociales. FG, como era conocido en medios financieros, tenía tanta capacidad de trabajo como dificultad para establecer unos mínimos lazos de confianza con sus más cercanos. Los que trabajaron cerca de él coinciden al señalar que era desconfiado por naturaleza, fruto de una constante inseguridad que le hacía ver enemigos, incluso donde no existían. No solía andarse con chiquitas y, aunque se tomaba un tiempo para tomar decisiones, solía ser tajante en sus reacciones, cualquiera fuera su coste. Los que bien le conocen afirman que esa forma de actuar y reaccionar le puede pasar ahora factura.

Es también un hombre ambicioso, que supo sacar partido a sus buenas relaciones con la familia Rato y, especialmente, con Rodrigo. Probablemente, no sea una casualidad que el ocaso del otrora vicepresidente de gobierno con el PP coincida ahora con viejos capítulos de la vida de FG, que no se sabe bien cómo pueden terminar. Aquella buena relación posibilitó su nombramiento como presidente de Argentaria, tras la fulminante destitución de Francisco Luzón por parte de Rodrigo Rato, llevada a cabo incluso antes de tomar posesión de su cargo. Luego, los acontecimientos llevarían a González a presidir el BBVA, donde no eludió un duro enfrentamiento con las familias tradicionales propietarias del banco vasco. Desde hacía tiempo, antes incluso de que Emilio Ybarra se lo confesara, Francisco González conocía la existencia de depósitos en la isla de Jersey, propiedad de los principales accionistas del BBV y aquella información resultó fundamental para hacerse con el control total del banco.

Un mal enemigo

Por sus relaciones directas con el Gobierno de José María Aznar y por su propio carácter, no era buena cosa tener de enemigo a Francisco González. Lo sabe ahora muy bien el presidente de Ausbanc, Luís Pineda, que lleva más de dos años y medio en prisión. Pineda, según los autos judiciales, utilizaba su empresa para chantajear a las entidades financieras y conseguir dinero en forma de publicidad para sus revistas, a cambio de no presentar denuncias contra ella en nombre de sus "afiliados". Cuando FG accedió a la presidencia de BBVA, Ausbanc le recibió con parabienes y los calificativos más laudatorios, poniéndole como ejemplo de lo que debería ser un buen banquero. Pero, con el paso del tiempo, la relación fue cambiando ante la negativa de Francisco González a satisfacer los requerimientos económicos de Ausbanc. Francisco González consideraba, además, que Ausbanc era una sociedad con fuertes conexiones con el Banco Santander y no estaba dispuesto a apoyar a una asociación con prácticas poco transparentes que beneficiaba a su gran competencia. Francisco González tuvo siempre una gran obsesión con el Santander. No admitía la menor diferencia de trato respecto a Emilio Botín, aunque era su deficiente gestión la que convertía, día a día, más líder al banco cántabro.

El día que Luís Pineda amenazó con intervenir, como accionista, en una junta general del banco para criticar la gestión de FG, firmó su peor destino. Lo hizo, intervino y criticó a Francisco González y presentó denuncias en los juzgados durante seis años consecutivos. Ahora se ha descubierto que el comisario Villarejo se encargó de desvelar todas las irregularidades de las empresas de Luís Pineda y la existencia de un alto patrimonio personal, fruto de su presión a las entidades financieras, haciéndose pasar por líder de una asociación que defendía a los usuarios de dichas entidades con el reconocimiento, eso sí, de la Comunidad de Madrid. El sector financiero deberá estar agradecido a FG por descubrir los entresijos de las empresas de Pineda, de las que la mayoría de los bancos y cajas se quejaban continuamente, pero sin tomar ninguna iniciativa.

Difíciles relaciones con los socialistas

Francisco González nunca ocultó sus difíciles relaciones con el gobierno socialista, especialmente cuando uno de sus despedidos fue adoptado, inmediatamente, por Rodríguez Zapatero como asesor económico de su equipo y, posteriormente y tras llegar a La Moncloa, como responsable de la Oficina Económica del Presidente. Miguel Sebastián era el responsable del prestigioso servicio de estudios del BBVA. De igual manera que al vicepresidente Rodrigo Rato no le gustaban los análisis que hacía el servicio de estudios del Santander sobre la política económica de su gobierno y logró que Emilio Botín lo hiciera desaparecer; a FG no le complacían lo más mínimo las reflexiones del servicio de estudios de su entidad. Por esa razón despidió a su responsable. Pero, desde aquel momento consideró que Sebastián pasaría a formar parte del "grupo hostil" hacia su persona. Ello explica, seguramente, los intentos de desacreditarle por parte del departamento de seguridad del BBVA con prácticas poco éticas y por fuera de la legalidad que en los últimos días han salido a la luz pública entre los papeles que se están filtrando de los trabajos llevados a cabo por el comisario Villarejo.

Y es que Francisco González estaba convencido de que el intento de echarle del BBVA, a través de una oferta de compra de acciones por parte de las constructora Sacyr, estaba liderado por el gobierno socialista y, concretamente, por Miguel Sebastián. No tuvo por ello inconveniente en defenderse con uñas y dientes utilizando todos los servicios y recursos de la entidad, aunque se tratara de ir en contra de una operación legal, que incluso podría haber aportado rentabilidad a sus accionistas. Pero, en su defensa el departamento de seguridad del banco de FG, dirigido por otro excomisario, Julio Corrochano, no tuvo inconveniente en controlar los teléfonos y movimientos del vicepresidente de la CNMV, Carlos Arenillas; del empresario Juan Abelló; del abogado Matías Cortés, del Rey, de periodistas...


Malestar en el BCE

De lo que no cabe duda es de que logró su objetivo de hacer fracasar el intento de asalto de Sacyr y ello le permitió seguir controlando con mano de hierro el BBVA, sustituyendo y nombrando consejeros delegados desde su puesto de presidente ejecutivo. Se opuso también a propuestas del Gobierno del PP en su intento de restaurar la confianza del sector financiero. El BBVA no quiso participar en la creación del "banco malo", donde fueron a parar los activos inmobiliarios de las instituciones problemáticas. FG siempre adujo razones de ética y moralidad, aunque en el ministerio de Economía estaban convencidos de que las malas relaciones de su amigo Rodrigo Rato con el ministro Luís de Guindos, fueron la causa principal de tal desencuentro. Su poder absoluto le sirvió para cambiar los estatutos de la entidad y retrasar su jubilación, pero no para hacer crecer la entidad y para dar ese valor añadido a los accionistas que habría justificado la fuerte indemnización en forma de plan de pensiones que se llevó poco antes de abandonar sus responsabilidades ejecutivas. El Banco Central Europeo llevaba un tiempo preocupado con la deriva autoritaria del presidente del BBVA y le exigía que no hiciera ningún nombramiento ni tomara grandes decisiones sin recibir su visto bueno.

Hace ahora casi un año, el mismo día que puso fecha a su retirada del BBVA, Francisco González afirmaba, refiriéndose a la corrupción, que "han pasado cosas muy graves en España. En cualquier otro país desarrollado, los autores hubieran ido a la cárcel". Ahora, FG espera la evolución de los acontecimientos y la posibilidad de ser imputado por unos hechos que, como mínimo, podrían obligarle a devolver a su antigua entidad los algo más de cinco millones de euros que pagó a la empresa de Villarejo por los servicios prestados. Pecata minuta, si todo terminara así porque los que bien le conocen sentencian: "Ha dejado en el camino muchos cadáveres y no se lo van a perdonar".

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