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Se adivina un pulso por los asientos del consejo

Sacyr ¿pasará factura el ruido de sables corporativo?

Cuando el pasado 19 de mayo se supo que el empresario José Moreno Carretero se había convertido en el segundo accionista de Sacyr, con una participación del 12,8 por ciento, las acciones de la constructora cerraron con una subida de casi el 4 por ciento. Unos días después, el grupo hotelero canario Lopesán entró en la compañía con una participación del 2,4 por ciento, lo que terminó por centrar el foco mediático en la firma que preside Manuel Manrique. Este tipo de movimientos corporativos siempre arman revuelo en el mercado, pero no siempre tienen implicaciones alcistas. Diez días antes de la entrada de Moreno, Sacyr se disparó un 10 por ciento tras presentar unos resultados del primer trimestre brillantes, que sorprendieron al mercado para bien. Y ha sido esta combinación de buenas cifras y revuelo en el consejo la que ha despertado el interés sobre el valor. La cuestión es si este ruido de sables ¿pasará factura a la remontada de Sacyr?

De entrada, el pulso está servido. Manuel Manrique ya avisó en la Junta de Accionistas celebrada a principios de junio que el consejo de administración abrirá una «reflexión» para adaptar la composición a los recientes cambios en el accionariado. Sin embargo, la prensa salmón ya ha publicado que los accionistas mayoritarios de Sacyr se oponen al incremento de participación de Moreno. Fuentes de Beta Asociados, la sociedad que controla la participación de Moreno, han explicado a INVERSIÓN que su entrada es «a largo plazo» y su aspiración, que «el consejo refleje la participación» de cada uno de los socios. Moreno se ha puesto ya al mismo nivel que la familia Carceller, propietarios de un 13 por ciento de Sacyr, lo que les da derecho a tener tres consejeros, frente al único asiento que a día de hoy tiene Moreno. 

Si las posturas se enconan, el riesgo para los inversores minoristas es que la lucha por el poder desvíe la atención sobre la marcha operativa de los negocios, que ya van bien. Por ahora, hay mucha calma. «Los movimientos han venido incluso bien para la acción; desde el punto de la vista de la gestión, hemos vivido tiempos más convulsos con Luis del Rivero», dice Rafael Fernández de Heredia, analista de GVC Gaesco Beka. En su opinión, «la empresa está centrada en su negocio», por lo que estos movimientos «no deberían ser una distracción». Por el contrario, como reconoce Emilio Barberá, gestor del fondo Mirabaud Equities Spain, «los movimientos corporativos han aumentado la volatilidad de la acción y siempre son una fuente de distracción». Y a mayor volatilidad, más riesgo. En su opinión, lo deseable es que estas escaramuzas «acaben pronto y el nuevo equipo se centre en la gestión del negocio». 

La clave estará en cómo se desarrollen los acontecimientos, y en las cifras que vaya presentando Sacyr. «El tema corporativo no tiene por qué introducir un ruido adicional. Si los resultados siguen mostrando mejoras, y si sigue creciendo el negocio de concesiones, no deberían distraer la atención del mercado», apunta Carolina Morcos, analista de Renta 4 Banco. Por ahora, manda el periodo de reflexión, y tampoco se espera un verano movido, pues el último consejo de Sacyr se celebrará a finales de julio, ya con las vacaciones a la vuelta de la esquina. Será en septiembre cuando podrían saltar las hostilidades.

Dividendo

Hasta entonces, Sacyr tendrá que haber demostrado con sus resultados del segundo trimestre que la mejora de las cifras no es algo pasajero. Y sobre todo, que sigue avanzando en uno de los objetivos clave, la reducción de la deuda corporativa. Estos resultados «dieron una imagen muy positiva, con buenos niveles de ejecución y contratación, además de unos márgenes correctos», dice Emilio Barberá. De cara al segundo trimestre, este experto piensa que habrá que estar atentos a la capacidad de generar caja, la contratación, la reducción de la deuda o la incorporación de nuevas concesiones. 

Pero a los inversores tampoco se les escapa que Sacyr se ha quitado un gran peso de encima tras liquidar la deuda asociada a Repsol y cubrir el riesgo de que baje la cotización de la petrolera. Y de ahí que en el mercado se especule incluso con que la constructora pueda sorprender retomando de nuevo el abono del dividendo, algo que «no sería descabellado», según apunta Carolina Morcos, que ve esta opción «como un guiño a los accionistas tras dos años de reestructuración». Esta experta opina que la amortización de la deuda de Repsol «ha liberado garantías colaterales que pueden permitir a Sacyr meterse en proyectos mucho más atractivos», además de que la empresa ha entrado en «un nuevo ciclo estratégico, con pilares fundamentales muy lógicos que suponen más rentabilidad». Para Emilio Barberá, el dividendo no tiene un papel trascendental. Antes, apunta, es clave «fortalecer el balance reduciendo la deuda y buscar proyectos de inversión». 

En todo caso, como advierte Fernández de Heredia, de haber un dividendo «tampoco sería la bomba», además de que el atractivo de Sacyr pasa, más que por la remuneración al accionista, «por la mejora del crecimiento operativo». Y además, como advierten desde un bróker madrileño, «sería muy raro que Sacyr se metiera en el pago del dividendo sin que antes se sepa cuántos asientos tendrán en el consejo los nuevos accionistas». A este respecto, desde Beta Asociados advierten que la remuneración al accionista «no es un punto que esté ahora mismo en la agenda».

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