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finanzas

Popular asume que la falta de claridad sobre su cartera inmobiliaria lastra su credibilidad

J.M.Camarero

El consejero delegado, Ignacio Sánchez-Asiaín, reconoce que el banco tiene «un problema de digestión» de sus activos tóxicos

 La primera intervención del recién nombrado consejero delegado de Banco Popular le ha servido para reconocer que la entidad tiene «un problema de digestión» de los activos inmobiliarios; y, sobre todo, que ha existido una una «falta de cuantificación» tanto de las provisiones necesarias para cubrir ese lastre como de lo que genera la actividad puramente bancaria. Ignacio Sánchez-Asiaín afirmó este jueves que «la comunicación al mercado no ha distinguido ambas realidades ni hemos sido capaces de explicarnos de forma coherente». La acción cerró en los 0,68 euros, un 70% menos que hace un año.

Por eso, Sánchez-Asiaín anticipó que será «en las próximas semanas» cuando Popular presente la realidad de las dos actividades -inmobiliaria y bancaria- con sus ingresos, gastos y provisiones. A partir de ahí, no descarta ninguna opción -ampliación de capital, integración, etc.-, aunque los tiempos los marcarán «las exigencias regulatorias» que establezca el supervisor.

También asumió errores al recordar que el banco no ha sabido ofrecer información clara «a pesar de los tremendos esfuerzos de saneamientos realizados», y que han supuesto dotaciones por más de 25.000 millones desde que comenzó la crisis. La «lentitud» para deshacerse de ellos se debe a que Popular no los traspasó a la SAREB, ni recibió ayudas públicas. Además criticó que el grupo se embarcara en el negocio inmobiliario «en un momento desafortunado», al final del ciclo. Y recordó que su principal valor sigue siendo la presencia en el mercado de las pymes.

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