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finanzas

Récord de tarjetas de crédito con 48,7 millones, más que posibles usuarios

J.M.Camarero

Nunca antes se había generado un volumen de tarjetas de crédito, aquellas que ofrecen la posibilidad del pago aplazado, tan elevado como las que ya tienen los ciudadanos en sus bolsillos para realizar compras. El número de esta clase de 'plásticos' en vigor alcanzó los 48,75 millones a finales del año pasado, lo que supone que a cada español se le podría asignar al menos una de ellas. Por primera vez en la historia rompen el techo de la población del país -hay 9,32 millones más que habitantes mayores de 15 años-, según los últimos datos recogidos por el Banco de España.

En ese periodo se activaron casi cuatro millones de tarjetas nuevas, lo que supuso un crecimiento del 8,7% con respecto a las contabilizadas en 2015. De este modo el conjunto de medios de pago en funcionamiento supera con creces el anterior máximo, situado en los 45 millones. Pero eran otros tiempos, en 2008, cuando el país venía de una tasa de crecimiento que parecía imparable y la fiebre del consumo impulsaba aún la pujante la economía española, al tiempo que la crisis que se iba larvando se veía oficialmente solo como un pequeño resfriado.

Aun salvando las distancias con el contexto de hace nueve años, los ciudadanos vuelven a tirar de tarjeta para hacer sus compras -la demanda interna, en conjunto, aporta 2,8 puntos al PIB- y, sobre todo, lo hacen a plazo financiado. Porque durante 2016 el parque de 'plásticos' a débito -aquellos con los que se retira el dinero de la cuenta en el momento de la compra- también aumentó, aunque lo hizo a un ritmo mucho menor;_en concreto, crecieron un 2,6% hasta situarse en los 25,7 millones de unidades.

Dicho declive se ha hecho patente a lo largo de la crisis económica, aunque su caída ya venía siendo pronunciada desde el año 2000 cuando comenzaron a retroceder frente al auge del crédito. Entre 2008 y 2016, las tarjetas a débito recortaron su presencia en casi un 20%. Y si se compara la situación actual con respecto a la que vivían en 2003 -el ejercicio en el que consiguieron registrar su máximo histórico-, el retroceso ha sido superior al 22%.

Entre ambos productos -crédito y débito-, el conjunto de tarjetas activas se encuentra en los 74,5 millones, un 6,5% más que en 2015, según las cifras del supervisor bancario. Es decir, hay 1,89 tarjetas -de cualquier tipología- por cada habitante mayor de 15 años y, teniendo en cuenta que no todos disponen de una, la media en los usuarios reales del sistema supera las dos unidades.

Dicho dato, no obstante, aún no ha conseguido superar al más elevado de toda la historia, situado en los 76,4 millones de unidades de pago, precisamente en el año 2008. Luego llegó la crisis y hasta 2012 hubo una caída en el número de tarjetas en vigor, con una reducción del 12%. Desde ese año el crecimiento acumulado ha alcanzado un 10%.

El punto de inflexión en el que el parque de tarjetas de crédito comenzó a superar al de las de débito fue en pleno 'boom' económico. En concreto, en 2005 por primera vez ya se registró ese cambio de tendencia, que se ha ido ampliando durante el último decenio.

El impulso de las compras a plazos se corresponde a su vez con el repunte del consumo doméstico que ha registrado la economía durante 2016. De hecho, el gasto en consumo final de los hogares experimentó un crecimiento del 3% anual a finales del año pasado, constituyendo uno de los principales pilares que justifican la recuperación de la economía, según el INE.

Además, la financiación al consumo también registró un volumen récord de operaciones de toda la crisis, hasta alcanzar los 17.161 millones, un 10% más que en 2015, según la Asociación Nacional de Establecimientos Financieros de Crédito (ASNEF). En el caso de las tarjetas, acapararon 10.917 millones de euros en financiación, lo que supuso un 5,3% más que un año antes.

El móvil, última opción

Sin embargo, la modalidad de pago que no acaba de despegar con fuerza es la que se vale del teléfono móvil. Solo un 8% de los ciudadanos reconocen que utilizan esta vía virtual, según el estudio reciente de PwC. A pesar de las iniciativas que han lanzado la mayor parte de las entidades financieras, un 77% de los españoles prefieren usar el efectivo a la hora de adquirir un producto. Un 56% opta por el débito y un 51% por las tarjetas de crédito.

La proliferación en el uso de las tarjetas se ha hecho tan patente que la brecha entre el volumen de compras asociadas a los medios de pago y la disposición de efectivo sigue distanciándose. En 2016, el Banco de España contabilizó 124,4 millones de euros abonados mediante los terminales de venta electrónicos de los comercios (TPV), frente a los 118,2 millones registrados en la extracción de dinero en cajeros.

Hasta hace dos años era aún mayor el importe de las retiradas de efectivo en los terminales de las oficinas bancarias que el que se utilizaba a la hora de comprar con tarjetas. Además, el crecimiento del crédito al consumo, un 14% en 2016 hasta alcanzar los 27.354 millones de euros, ha empujado las segundas.

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