25 de Enero, 04:08 am

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liberar el último tramo

Tsipras sigue sin convencer a Merkel

Adolfo Llorente

¿Y Grecia, qué pasa con Grecia? Caras de incredulidad, hombros encogidos, desesperación, incredulidad, impotencia... Sólo el primer ministro, Alexis Tsipras, tiene la respuesta y de momento, la sonrisa inocente que siempre dibuja cuando aterriza en Bruselas es un enigma imposible de descifrar para los burócratas comunitarios. Ayer, el líder supremo de Syriza volvió a la capital de la UE para hablar de inmigración y de paso, aprovechar para reunirse con los dos grandes mandatarios del Viejo Continente en busca de un acuerdo que cada día que pasa se hace más difícil. La alemana Angela Merkel y el francés François Hollande escucharon, asintieron y volvieron a recordar que las reglas están para cumplirse y que si quiere dinero fresco del Eurogrupo no tiene más remedio que presentar una lista de reformas convincente y creíble. Tsipras, por su parte, insistió en remarcar sus líneas rojas, esas que tarde o temprano cambiarán de color si no quiere llevar a su país a un impago y a sus conciudadanos, al abismo del corralito.

Tsipras insiste en perseguir la bendición de Berlín al más alto nivel buscando la complicidad de París. Política versus hombres de negro. La puerta se le ha cerrado una y otra vez, pero el griego insiste. Ayer volvió a hacerlo en los márgenes de la cumbre de jefes de Estado y de gobierno, donde pidió un acuerdo provisional antes de finales de abril. La respuesta, como se esperaba, fue la de siempre, según explicaron fuentes diplomáticas. El órgano competente es el Eurogrupo y es ahí donde se debe debatir la situación y alcanzar las posibles soluciones. Y hoy, por cierto, es una fecha propicia para hacerlo. Porque los ministros de Finanzas del euro se reúnen en Riga (Letonia) para analizar el estado de la situación.

Una cita que hace apenas unas semanas llevaba el aura de «clave», de «decisiva», pero que el paso de los días ha hecho que el sentir general se resuma en «no esperamos grandes cosas de la reunión». ¿Por qué? Entre otras cosas, porque Grecia se niega por activa y por pasiva en asumir los postulados de la Troika para desbloquear los 7.200 millones todavía pendientes de la quinta revisión del segundo rescate. Reforma laboral, pensiones, subida del IVA y privatizaciones confirman las líneas rojas helenas. Las mismas, precisamente, que ha trazado la Comisión, el BCE y el FMI. Y ahí siguen desde el preacuerdo del 20 de febrero, en ese tira y afloja en un partido trabado que sólo contempla un perdedor: Grecia. Porque cuando uno tiene el dinero y el otro necesita el dinero de éste para sobrevivir, el desenlace es obvio. Pero de momento, hay partido.

En busca del último euro

Primero se habló de Riga como fecha límite para alcanzar un acuerdo, luego del Eurogrupo que se celebrará en Bruselas el 11 de mayo y ahora, ya nadie se atrever a decir nada. «El único 'deadline' (fecha tope) es el 30 de junio, el día en que termina la prórroga de cuatro meses aprobada el 20 de abril», asegura un alto mandatario comunitario. «Ahora parece que tienen dinero hasta junio», corroboró el miércoles el jefe del Eurogrupo, Thomas Wieser, en declaraciones a la televisión pública austriaca.

La incertidumbre y el desconcierto es la nota predominante. Sobre todo porque hace escasas semanas todo el mundo hablaba de un posible impago de Grecia al FMI al no contar con dinero suficiente en sus maltrechas arcas. De hecho, el ministro de Finanzas, Yanis Varoufakis, tuvo que viajar a Washington para calmar en persona a la directora gerente del organismo, Christine Lagarde. Y ahora, en mayo, deberá abonar otros mil antes del día 12. Un día antes, el Eurogrupo se reunirá en Bruselas.

El Gobierno de Tsipras, muy presionado por el ala radical de su coalición para no ceder ni un milímetro ante la Troika, ha comenzado una campaña a la desesperada para buscar dinero debajo de las piedras. De donde sea con tal de no tener que ceder y pedírselo a sus socios. «Una estrategia suicida tanto internamente como en política exterior porque tarde o temprano acabará cediendo», aseguran fuentes diplomáticas. Su última gran decisión ha provocado una rebelión en su país al aprobar un decreto en el que confiscaba temporalmente el dinero no comprometido de los ayuntamientos y entidades locales. Próximo capítulo, hoy en Riga.

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