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La empresa no revela sus principales magnitudes

Whatsapp: ¿beneficio real o virtual?

Con WhatsApp ha ocurrido como con la prima de riesgo. De no saber ni siquiera qué significa el término ha pasado a convertirse en una expresión cotidiana en las vidas de numerosos ciudadanos. Aunque el fenómeno ha ido un poco más allá que el concepto meramente financiero.

El boom de WhatsApp, una empresa especializada en mensajería instantánea por móvil, ha traspasado fronteras. Los datos de la actividad diaria de la compañía americana, que fundaron en 2009 Jam Koum y Brian Acton, ex empleados de Yahoo!, son de vértigo: a través de su aplicación pasan más de 1.000 millones de mensajes por día en todo el mundo. En el caso de los perfiles más activos, el número de mensajes diarios se sitúa en 50. La media se coloca en 30 mensajes y los perfiles bajos lo utilizan para transmitir en torno a 15 al día. 

A simple vista, una empresa capaz de gestionar tal cantidad de envíos a nivel mundial invita a pensar que su valor de mercado es claramente elevado y, sobre todo, muy prometedor dado su modelo de negocio. Existen varios argumentos colaterales que refuerzan esta teoría: a principios de año, Sequoia Capital, el principal fondo de inversión de Silicon Valley (la cuna de la tecnología de Estados Unidos) inyectó ocho millones de euros en la compañía. Además, hace sólo unos días Facebook, una de las redes sociales más conocidas a nivel mundial, anunciaba que está estudiando comprar WhatsApp, según Techcrunch (aunque la propia WhatssApp ha negado que vaya a ser vendida). No hay duda de que la compañía gusta. Pero lo cierto es que existen varias incógnitas que la propia empresa se encarga de alimentar desde su creación: ¿Cuáles son sus ingresos?, ¿Es realmente una empresa rentable? 

Sus secretos

Las cuestiones planteadas dan en la diana de los secretos mejor guardados por WhatsApp. Desde que se creó en 2009, la empresa no ha querido dar información ni de los usuarios que tiene, ni de cuáles son sus ingresos ni beneficios anuales. Aunque, en teoría, deben de ser muy elevados. Además del importante peso que puede tener la publicidad, la compañía es una aplicación de pago en dispositivos iOs. Cobra 0,79 euros por su uso en teléfonos iPhone. Sólo por este concepto, podría estar engrosándose en torno a 250 millones de dólares (el número de usuarios de iPhone a nivel mundial a cierre de 2011, según datos de Cheta Sharma Consulting). Aunque no ingresa nada por su uso en los terminales de Android. 

En realidad, como ha ocurrido en el pasado con muchas empresas tecnológicas, el ejemplo de WhatsApp pone de manifiesto la elevada dificultad que surge a la hora de valorar una compañía con un modelo de negocio basado, sobre todo, en expectativas. Y es que con WhatsApp, como ocurrió en su día con Facebook o, más cercano aún, con la propia Terra, de Telefónica, se dibuja un futuro prometedor, pero más basado en previsiones de negocio futuro que actuales. Los rumores que existen sobre su propia venta y en la generación de unas plusvalías exorbitantes apuntan en este sentido. 

La competencia ataca 

Pese a la opacidad de la compañía a la hora de dar cifras para establecer cuánto puede valer, lo cierto es que la competencia está trabajando con ahínco por lograr un «software» parecido, que les permita replicar su modelo de negocio y expandir sus servicios en el mundo de los dispositivos móviles. Como explica Iván San Félix, analista de Renta 4, dentro del sector tecnológico, uno de los sectores que más crecimiento está experimentando en los últimos años es el de los dispositivos móviles. La elevada demanda de «smartphones» y «tablets» por parte de los usuarios hacen de los servicios de mensajería una nueva línea a tener en cuenta por anunciantes, empresas y redes sociales como medio de publicidad. Sobre todo viendo cómo están cayendo los ingresos por mensajería de la telefonía móvil (de 2008 a 2011, se han reducido un 34 por ciento en España). San Félix menciona, por ejemplo, el propio interés de Telefónica por crear su propio servicio de WhatsApp, denominado TuMe. Además, hace sólo unos días, esta misma operadora, en colaboración con Vodafone y Orange, ha lanzado Joyn, una aplicación creada como clara alternativa al WhatsApp de los operadores, que permitirá a sus clientes de telefonía móvil participar en chats, enviar mensajes o realizar llamadas a través de Internet con imágenes o vídeo gratuitos. 

Iván San Félix asegura que está claro que a todas las «telecos» les interesa ofrecer servicios de mensajería por Internet a través del móvil. «Es una forma de abrir las posibilidades de que el usuario contrate otros servicios y de llevarse tráfico hacia sus sistemas. Es una buena estrategia de fidelización, incluso aunque en un principio no sea rentable», asegura. Además de la opción europea de Joyn, Skype, Apple y Samsung también estudian entrar en el dominio, hasta ahora casi absoluto, de WhatsApp.

En todo caso, no hay que olvidar los riesgos a las que se exponen las compañías al replicar el negocio de la americana: sus problemas de seguridad y privacidad. Algunos expertos aseguran que es de los pocos programas de mensajería que no encripta los mensajes.

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