Francisco González y Emilio Botín, dos formas de afrontar el mismo problema
Emilio Botín, presidente de Banco Santander, ha sido más comedido en sus palabras con las inmobiliarias
«Es la hora de que las entidades financieras provisionemos lo más rápidamente posible la deuda que mantenemos con los promotores, para que así puedan ajustarse la oferta y la demanda. Sería bueno que bajaran los precios de los inmuebles». Con estas inesperadas y contundentes palabras, Francisco González, presidente del , criticaba con dureza de forma pública la hasta ahora idílica e interesada «buena» relación entre la banca y los promotores.
El banquero se mostró muy crítico con la posición del colectivo de inmobiliarios, con el que tiene asumida una deuda de más de 16.000 millones de euros (un 5 por ciento del total de deuda que mantienen los promotores con todo el sistema financiero español).
«En cualquier caso, éste es un asunto que debe ser afrontado por ambos, promotores y entidades que concedimos la financiación, pero no por el contribuyente», añadía. Francisco González insta a que bajen los precios de los pisos como una de las soluciones más válidas para que la situación inmobiliaria y económica consiga estabilizarse. Su opinión, no obstante, ha chocado en su sector, donde muchos otros banqueros siguen manteniendo una relación más suave con los promotores, por miedo a que sus impagos afecten duramente a su cuenta de resultados.
Una prueba de ello está en la contraria actitud de su colega Emilio Botín, presidente de Banco Santander, que ha sido más comedido en sus palabras con las inmobiliarias. La única visión común que comparten es la negativa a que los promotores reciban ayuda gubernamental. Pero Botín ha mostrado sus cuentas pero no ha tenido propuestas. En cierta manera, la postura del banquero se entiende cuando se compara con su competidor. Santander tiene expuesto en los famosos 350.000 millones de préstamos de la banca a los promotores 14.600 millones con una tasa de mora del 7,9% frente al 17% que tiene BBVA.
