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09 de Febrero de 2010

22/11/2009 - 18:07

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Jorge Fuentelsaz

Sharm el Sheij (Egipto), 23 nov (EFE).- La riqueza animal y vegetal que esconden las cristalinas y cálidas aguas del mar Rojo, donde la semana pasada desapareció un matrimonio español en un naufragio durante un safari de buceo, atrae desde hace años a cientos de submarinistas españoles en busca de nuevos paraísos.

Así lo aseguran varios monitores, buceadores y operadores turísticos consultados por Efe en esta ciudad costera de Sharm el Sheij, el buque insignia del buceo y el turismo de sol de Egipto y de toda la costa del mar Rojo.

"Para el buceador español es el mar más espectacular más cercano y más barato", asegura Manuel García, que lleva dos años trabajando como monitor de buceo en Sharm el Sheij, ubicada en el sur de la península del Sinaí.

De la misma opinión son Marta, otra monitora española que también llegó a la costa del mar Rojo hace dos años, para quien este destino es el mejor teniendo en cuenta la "calidad-precio", y Jorge Sánchez, socio del club de buceo "Dolphins" de Javea (Alicante), para quien el mar Rojo "es uno de los 5 ó 6 mejores lugares de buceo del mundo".

Aunque la presencia española no es comparable con la rusa, la inglesa o la italiana, nacionalidades que ocupan los primeros puestos en número de inmersiones, que según Manuel García se calculan en unas 2.000 diarios, sí que está arraigada y experimenta un continuo aumento.

"Sólo la empresa para la que yo trabajo suele fletar 30 cruceros de buceo para españoles al año, con lo que estamos hablando de unas 600 personas", dice Manuel García.

Precisamente, la modalidad del submarinismo de crucero, también conocida como safari de buceo, es la más popular entre los submarinistas españoles y la opción más escogida.

Aunque, como comenta Gema Ruiz, coordinadora en Sharm de la agencia de turismo Galaxia, también hay gente que incluye en sus paquetes de turismo a Egipto uno o dos días de inmersiones, además de las pirámides de Guiza, el crucero por el Nilo o la visita al monasterio de Santa Catalina, en el desierto del Sinaí.

Estos safaris, como en el que viajaban Maria Lourdes González e Israel Pérez, cuando su embarcación se hundió junto a otros 12 buceadores que lograron salvarse frente a la costa de Sharm el Sheij, suelen tener una duración de siete días.

Los turistas llegan la primera noche al barco y comienzan a bucear a la mañana siguiente. Hacen una media de 4 inmersiones diarias (tres diurnas y una nocturna). El séptimo día se descansa por razones de seguridad, para dejar que transcurran 24 horas entre la última inmersión y el vuelo de regreso.

Uno de estos cruceros, que incluyen todas las inmersiones, el alojamiento y las comidas, además del monitor, pueden alcanzar un coste medio de entre 1.000 y 1.500 euros, "dependiendo de las ofertas y la época del año", asegura Manuel García.

"No es un deporte barato, pero sí se puede practicar haciendo algunos sacrificios", comenta Jorge Sánchez. que empezó a bucear en los años 90, "cuando este deporte se veía como algo de locos".

Todos coinciden en que la belleza de sus arrecifes de coral, la gran cantidad de vida submarina, la temperatura, tranquilidad y visibilidad de sus aguas, son los principales atractivos de este destino turístico.

Entre los mejores puntos de inmersión destacan el parque natural de Ras Mohamed, los arrecifes de Shark y Yolanda, el pecio hundido Phistlegorm o la barrera coralina de Tirán, hacia donde se dirigía, precisamente, el barco en el que viajaban los 14 turistas españoles que naufragaron el pasado día 19.

Sin embargo, todos coinciden en que ese trágico suceso ha sido una excepción. Aunque todos los años se mueren decenas de personas cerca de las costas de Egipto mientras practican el submarinismo, es muy raro que se hunda un barco que transporta a los buceadores.

"El buceo es un deporte seguro si respetas las normas", dice Marta, que compara el submarinismo con la conducción: "Si respetas los límites no te tiene por qué pasar nada".

Todos opinan que posiblemente este suceso va a afectar al turismo, dependiendo, dicen, de su repercusión en los medios.

No obstante, creen que, en cualquier caso, será pasajero y esperan que sirva tanto para que las autoridades tomen medidas para evitar que se repita, como para que la gente que practica este deporte aprenda a ser más precavida, y sea capaz de decir no antes de continuar con una travesía en una embarcación en la que las cosas parece que no marchan del todo bien.

"Puede ser duro decirlo, pero es mejor perder 1.000 euros, o un día de buceo, que lamentar una desgracia", asegura Gema Ruiz.


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