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En la presentación de los resultados del primer semestre del año, Santander fue claro en sus objetivos de gestión para los trimestres siguientes: la gestión de los spreads o diferenciales que se cobran a los clientes, la gestión de los costes, el riesgo y las recuperaciones de créditos dudosos y mantener la fortaleza del balance.
En el primero de los retos, Banco Santander ya lleva tiempo manos a la obra. La entidad ha cambiado su política comercial donde ya es muy difícil conseguir la hipoteca al Euribor + 0,25 puntos que comercializaba para cambiar de banco. Ahora, todos sus créditos hipotecarios se han encarecido al menos al Euribor + 0,75, al tiempo que el banco se ha esforzado por lanzar productos de ahorro innovadores, como el seguro Divide y Vencerás, con el que captó 1.300 millones de euros.
Respecto a la segunda de las prioridades, los directivos de la entidad se han puesto duros y desde hace meses han obligado a los responsables de las distintas unidades estratégicas (Red Santander, Santander Consumer Finance, Reino Unido y Latinoámerica) a ajustar sus presupuestos. El recorte de gastos también afecta a los segmentos secundarios (banca comercial, banca mayorista y gestión de activos y seguros), especialmente en los negocios más afectados por la crisis crediticia y la ralentización económica.
Los datos hablan por si solos. Los costes aumentaron entre abril y junio un 3,4%, el ritmo más bajo de los últimos siete trimestres, según las cifras oficiales de la entidad. Santander registró un incremento del 4,5% de los costes en el primer semestre del año, frente al 16,1% de los ingresos.
El banco mantuvo lo que denomina “las mandíbulas bien abiertas” para compensar los menores ingresos con un ajuste de los gastos, lo que consiguió en todas sus divisiones operativas. Sin embargo, en negocios como la banca mayorista -fusiones y adquisiciones, mercados de valores, etcétera- los costes fueron más altos que los del primer semestre del año y los ingresos mejoraron tan sólo un dígito. De hecho, en algunos negocios como banca de inversión se registraron descensos de más del 50%.
Algo similar pasó en las áreas de gestión de activos y seguros, dos negocios de los que Santander se quiere desprender. Los ingresos apenas aumentaron un 3% y el beneficio antes de impuestos del primer semestre se estancó. Por estos motivos, Alfredo Sáenz, un verdadero especialista en ahorro de costes, como demostró en la adquisición de Banesto por parte de Santander y en la más reciente compra de Abbey, ha obligado a todos los responsables de área a meterse en cintura.
“El banco se ha puesto a dieta. Se ha empezado por quitar la grasa acumulada por los años de bonanza. Donde antes habían diez personas, ahora se trabajo con ocho o menos”, explican fuentes internas de la entidad, que ha confirmado su plan de ajuste, pero sin concretar porcentajes por áreas determinadas.

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