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DESARROLLO RURAL

Jóvenes criadores de caracol animan a formas vida alternativas y sostenibles

Noticias EFE

Almudena Gutiérrez

Oviedo, 25 jul (EFE).- Son jóvenes, licenciados en Biología y han decidido vivir en el campo dedicados a la helicicultura o cría profesional de caracol, un producto alimenticio muy cotizado que después exportan a restauradores de Cataluña, País Vasco y Francia.

Es la historia de dos hermanos, Rogelio y Asun, que hace apenas un año y medio abandonaron su ciudad natal, León, para montar una granja de cría de caracol de la especie Helix Aspersa, en una localidad asturiana, Cuencu, que apenas supera los veinte habitantes.

"Es importante que los jóvenes sepan que hay formas de vivir que son respetuosas con el medioambiente y que ser ingeniero y residir en Madrid no es la única salida", concluye Asun.

En Asturias se dan las condiciones climatológicas más adecuadas para la cría y las ayudas que se consiguen a través del Principado son también mayores, aunque también restrictivas, comentan.

Y es que para montar una ganadería de caracol son necesarios, en función del tipo de instalación, cerca de 60.000 euros que "Asun" y Rogelio han destinado a la adquisición de un terreno, mallas protectoras, banderolas, un invernadero, un sistema para evitar que los animales se fuguen y un almacén.

Desde que comenzaron su actividad han conseguido una ganadería que en kilos supera los 600 y en animales ronda los 75.000 individuos que nacen, crecen y se reproducen en la explotación antes de ser comercializados vivos.

En los próximos años esperan alcanzar una producción anual de cinco toneladas que les permita comercializar en más regiones y vender directamente, sin intermediarios.

"Es un mercado en el que la demanda supera con creces a la oferta, pero tiene el inconveniente de ser un producto estacionario y los clientes demandan estabilidad", explica Rogelio.

Para paliar este inconveniente, cuatro explotaciones asturianas y una berciana han constituido la "Asociación de Helicicultores de Helix Aspersa".

Esta variedad de caracol, también conocido como "de jardín" es un molusco hermafrodita de talla media que puede alcanzar el año y medio de vida y reproducirse de dos a tres veces con puestas en la tierra que oscilan entre los 80 y los 120 huevos.

Sin embargo, el caracol es una especie caracterizada por una tasa de mortalidad elevada y apenas un 70 por ciento de los que eclosionan el huevo llegan a los ocho meses, edad en la que se considera que han alcanzado su madurez y son aptos para la venta.

Su valor nutricional reside en ser un producto sin grasa de alto valor proteínico y con minerales poco frecuentes en otros productos de origen animal, beneficiosos para enfermedades relacionadas con la tiroides.

"Aún así la gente es escéptica en relación a su cría porque no es un producto de primera necesidad, sino de lujo", asegura Asun, pero no siempre fue así: "El caracol fue un alimento alternativo en guerras y hambrunas y forma parte de la cocina mediterránea desde la época de los romanos", añade.

Es tal el interés de esta actividad que el Principado está estudiando la puesta en marcha el próximo curso de un proyecto de investigación y de formación de helicicultores en la Universidad de Oviedo, con el apoyo del SERIDA.

Para Rogelio, la cría de caracol es una alternativa a la decadencia de las zonas rurales o un complemento a las labores tradicionales del campo, con un impacto medioambiental "cero".EFE

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