26 de Mayo, 22:08 pm

Opinión

Rafael Rubio

El FMI advierte: la economía amenazada por los bancos

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Alguien dirá que lo que ocurre es que Christine Lagarde, directora general del FMI, quiere ganarse el favor de sus socios asiáticos y latinoamericanos metiéndole el ojo a Europa. No es un argumento muy consistente, pero puede valer para aquellos que prefieren no conocer la realidad e imaginar continuamente que la crisis financiera está a punto de concluir o es menos grave de lo que algunos nos quieren hacer ver.

Pero, de lo que no hay ninguna duda es de que la lectura del Informe de Estabilidad Financiera Mundial del Fondo Monetario Internacional  resulta sobrecogedora y preocupante. Calcula en 200.000 millones de euros el impacto directo que ha tenido en los bancos de la Unión Europea las tensiones en torno a la deuda soberana desde el 2010. Y la institución aclara que tal estimación no tiene en cuenta la necesidad actual de capital de los bancos y, aunque no lo dice, las necesidades futuras si llegara a producirse la suspensión de pagos de Grecia. Advierte, además, de la existencia de una red de instituciones financieras que están muy interconectadas y que se han prestado dinero unas a otras, lo que hace que su riesgo sea mucho mayor a la vista de la exposición que tienen a los mismos países.

El informe pone el acento en un preocupante aspecto que se ha manifestado en las últimas semanas: el hecho de que en algunas economías los bancos hayan perdido acceso a los mercados de financiación privada, lo que se traduciría, entre otras cosas, en mayor contracción del crédito y más obstáculos para la actividad económica. La banca privada de Estados Unidos ha puesto dificultades en las últimas semanas a las entidades financieras europeas, lo que movilizó a los bancos centrales para inyectar dólares.

La banca se convierte, definitivamente, en el centro neurálgico de la crisis. La valoración de sus activos está en el centro del problema, unido a sus dificultades para captar dinero y capitalizar el deterioro de sus balances. Y el FMI lo tiene claro: el deterioro del valor de la deuda soberana, deteriora la situación de los bancos y éstos, a su vez, entorpecen la evolución de la economía real. Un círculo vicioso muy difícil de resolver si la solución pasa por capitalizar de forma importante a los bancos a través del sector público.

Rafael Rubio Director de la revista 'Inversión'

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