El dramático fin de semana que hizo cambiar a Zapatero
llave"Ya no es un problema de tener buenos datos fundamentales, de poseer todavía un endeudamiento bajo, en comparación a otros países, respecto al PIB. Se trata, simplemente, de un sentimiento de total desconfianza en medio del cual no se puede poner precio al riesgo."
Poco a poco se van aclarando las circunstancias que hicieron el pasado fin de semana reaccionar a los ministros de economía de la Unión Europea y obligar a España a tomar de forma inmediata medidas para reducir el déficit y transmitir un mensaje de confianza a los mercados. Los mercados financieros estuvieron a punto del colapso el jueves y el viernes, no se hacían transacciones porque los intermediarios, en medio de una desconfianza creciente, no sabían qué precio poner a la compra y venta de la deuda de determinados países. Los bancos no se prestaban dinero en el mercado interbancario, las entidades no se atrevían a poner precio a la Deuda de algunos países para su adquisición. Era el mismo escenario previo a la quiebra de Lemanh Brothers.
El colapso financiero hubiera colapsado todas las economías y especialmente algunas que, como la española, está necesitada de financiación exterior. Ya no es un problema de tener buenos datos fundamentales, de poseer todavía un endeudamiento bajo, en comparación a otros países, respecto al PIB. Se trata, simplemente, de un sentimiento de total desconfianza en medio del cual no se puede poner precio al riesgo.
Esta situación fue la que provocó la inesperada reacción de la Unión Europea en unos términos inesperados, pero exigiendo a España la adopción de medidas urgentes. A la Unión Europea no le preocupa Grecia, ni Portugal, le preocupa España. Una suspensión de pagos de España supondría una gravísima crisis en el sistema financiero internacional. De ahí la llamada de Obama y la urgencia europea en convencer a España de que debería adoptar medidas de forma inmediata sin ningún tipo de dilación.
Fue en este ambiente en el que Rodríguez Zapatero envió, por fin, el mensaje a la sociedad española de que la "fiesta ha terminado" y era el momento de que toda la sociedad asumiera sacrificios para hacer frente a la alta deuda que se había acumulado en el último año y medio.