
Inversión
Pero está distorsionado. Todos sabemos que si vamos a comprar un refresco a un determinado gran almacén va a costar más (hasta un 30%, señala el Observatorio) que si lo hacemos en el súper del barrio. ¿Hacían falta alforjas para este viaje? No. Para que este nuevo IPC “popular” sirva para algo, debería incluir otras muchas variables que, además del coste del producto, influyen en el precio final: la posibilidad de financiar las compras, la atención en el establecimiento, el asesoramiento de los comerciales, la variedad de productos... y hasta la limpieza de la tienda.
Al parecer, algunos de los distribuidores que aparecían en el top ten de esta lista (pueden analizar los precios en observatorioprecios.es), están más que enojados con el ministro, Miguel Sebastián. Él fue quien, de primera mano, y en pleno mes de Navidad, se encargó de recordar dónde están los productos más caros y los más baratos. Tal y como está el consumo, y la facturación de algunas superficies, no parece haber sido demasiado atinado hacerlo precisamente ahora y con un indicador tan poco elaborado.

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