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Dividir para vencer en el impuesto de sucesiones

La diferente tributación existente en España en el impuesto de sucesiones ha vuelvo a ser polémica. Una asturiana, Clavelina García, ha logrado convertir el debate en trending topic tras recabar más de 100.000 firmas en la plataforma ciudadana Chance. Org en pos de una mayor equidad entre las comunidades autónomas. 

Joan Pons, secretario general de EFPA y socio director del despacho Linktax, reitera que «debería haber una tributación homogénea en todo el territorio español ya que no tiene sentido desde el punto de vista global que cada comunidad regule a su manera». Opinión que comparte Esther García, abogada de iabogado.com, y que recupera una sentencia del Tribunal Constitucional al respecto del 18 de marzo de 2015 en la que dos hijos de un causante fallecido liquidaban una cuota menor que un tercer hijo y habiendo recibido el mismo importe. El fallo consideró que había trato discriminatorio en función de la residencia en el impuesto sobre sucesiones y que éste «vulneraba el principio de igualdad» y también era incompatible con el «sistema tributario justo» que ampara la Constitución. 

David Nuevo, director del Departamento Fiscal de Banca March, señala que "Esta situación desigual se encuentra en debate desde hace tiempo por las discriminaciones que implica entre residentes de las CCAA lo que ha hecho que surjan opiniones para el establecimiento de unos mínimos a nivel estatal que partirían de un tipo muy bajo para transmisiones entre familiares directos y ascendería en función de la lejanía de parentesco de los beneficiarios respecto del donante o fallecido. En nuestra opinión, la casi total bonificación de este impuesto en las transmisiones entre familiares directos y en los supuestos de transmisión de empresa familiar ha demostrado ser una medida dinamizadora de las economías de las CCAA que lo han implantado por lo que entendemos que las medidas encaminadas a una armonización en esta materia deberían seguir estos criterios". 

Hay factores que pueden influir en la fiscalidad aplicable como son la naturaleza del bien que se dona, el grado de parentesco del transmitente respecto al donante, la residencia y patrimonio preexistente del donatario, etc. De ahí que nuevamente sea esencial la labor de asesoramiento en esta materia por parte de expertos con el fin de planificar bien una transmisión en vida o sucesoria y conocer las implicaciones fiscales derivadas de la misma en todos los intervinientes.

Y es que dentro de España, Asturias y Cantabria son las comunidades más caras para heredar. La polémica ha sido tal que la Hacienda asturiana ya prepara una ley para modificarlo en abril. Si atendemos a los números, los sucesores que tienen más de 21 años están prácticamente liberados en Canarias, Cantabria, Castilla-La Mancha, La Rioja, Madrid y País Vasco y Navarra. Más Baleares, Cataluña y Comunidad Valenciana, que están bastante atenuadas. Así, para una herencia con una base imponible de 800.000 euros, en Andalucía se tendría que abonar 164.049 euros, mientras que en Canarias, 134,23 euros y en Madrid, poco más de 1.586 euros.

Qué se puede hacer 

Existe un margen de maniobra, aunque sea pequeño para mejorar la tributación. Joan Pons aconseja «planificar la herencia a través de un testamento en que el que se especifique la herencia no solo a los hijos sino también a los nietos si tuviera, ya que sale más a cuenta dividir la herencia y cuántas más partes mejor». La segunda acción, prosigue Pons es «anticipar en vida cuántas más cosas mejor ya que en algunas comunidades como en Cataluña las donaciones tributan a tipos de entre el 5 por ciento y el 9 por ciento». Pero en el caso de las donaciones Pons advierte que siempre hay que respetar los plazos de acumulación, es decir, que pase al menos tres años entre una y otra y que tenga lugar al menos cuatro años del fallecimiento del causante. José María Mingot, Director de Planificación Patrimonial de Lombard Odier España, las mejores formas para reducir la factura fiscal son «donaciones anticipadas, donaciones para adquisición de vivienda habitual, el régimen fiscal de la empresa familiar que permite la transmisión de padres a hijos del negocio o empresa familiar sin coste fiscal, tanto en vida por jubilación del empresario, como mortis causa».Por otra parte, Nuria Diez Alonso, abogada de Legálitas, recuerda que «una donación puede ser una alternativa a la transmisión de los bienes por herencia, pero hay que estudiar cada caso concreto porque lo normal es que resulte mucho más costoso que hacerlo por una transmisión mortis- causa, esto es por fallecimiento» puesto que «el donatario (el que recibe la herencia) va a pagar el impuesto sobre donaciones y el impuesto sobre el incremento del valor de los terrenos de naturaleza urbana (en el caso de la transmisión de bienes inmuebles). Por su parte, el donante ha de declarar en su IRPF lo que se denomina como una ganancia o pérdida patrimonial, es decir tributará por la diferencia entre el valor que tiene el inmueble en este momento menos el valor por el que lo adquirió y del supuesto beneficio tributará entre un 19 por ciento y un 23 por ciento».

Nuevo, por su parte, recuerda que "Existen determinados beneficios regulados en la norma que son denominador común en todas las CCAA y que minoran la tributación en el Impuesto sobre Sucesiones y Donaciones cuando se realizan transmisiones a familiares directos de negocios o empresas de las denominadas familiares, vivienda habitual de los transmitentes, bienes del patrimonio histórico artístico . Adicionalmente la contratación de seguros de ahorro o planes de pensiones con designación de beneficiarios familiares directos también conllevan beneficios fiscales en este Impuesto". 

Nuevo añade que "cabe la posibilidad de donaciones de inmuebles en favor de familiares directos situados en CCAA donde el ISD sea especialmente beneficioso pues la normativa aplicable en estos es la CCAA donde radique el inmueble".

En cuanto a los bienes inmuebles, se puede llevar a cabo una donación, pero Pons, destaca una serie de problemas como que el donatario paga la plusvalía del IRPF y la plusvalía municipal aunque el donante no pagaría tasas si tuviera más de 65 años y podría mantener el usufructo. Mingot advierte que una donación de un activo supone una transmisión y, por tanto, el donante tiene una alteración patrimonial que pueden tributar en el IRPF como plusvalía producida.

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