15 de Septiembre, 10:14 am

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FACTURAS INCOBRADAS

¿Por qué no triunfa el IVA de caja entre las pymes?

La falta de adhesión al nuevo régimen se debe a la imposibilidad de que los clientes puedan beneficiarse de las deducciones hasta que no paguen las facturas; y a la limitación final impuesta para que el emisor tenga que devengar, sí o sí, el tributo.

Se las prometía como una de las medidas estrella de esta legislatura, pero su puesta en práctica está siendo mucho más compleja de lo que inicialmente creían tanto los beneficiados (los pequeños empresarios) como los precursores (el Gobierno). Aunque estaba previsto que el pasado 1 de enero echara a andar el Régimen Especial de Criterio de Caja (RECC) del Impuesto de Valor Añadido (IVA), el Ejecutivo ha prorrogado hasta el 31 de marzo el plazo para que los contribuyentes puedan acogerse a este sistema.

La intención era buena: permitir a las pymes que no tengan que liquidar ante Hacienda el IVA de las facturas emitidas hasta que no hayan cobrado efectivamente ese importe por parte de sus clientes. Así se evita que el empresario anticipe a la Agencia Tributaria un IVA que aún no ha cobrado. Sin embargo, la trasposición de la directiva europea que ha realizado el Gobierno está provocando la falta de adhesión al régimen, a pesar de que muchos empresarios demandaban esta posibilidad desde hace muchos ejercicios. Tal y como está configurado, el IVA de caja «conviene a las pymes que se mueven con sus proveedores en entornos similares», explica Marta González, directora del Servicio de Estudios de Aedaf. «Pero cuando hay muchas diferencias de tamaño entre el emisor y el receptor de la factura, una de las dos partes tiene mucho más que perder», sentencia González.
 
El pagador, afectado
Gran parte de la problemática del nuevo régimen de IVA de caja afecta no tanto al empresario que emite las facturas, sino también, al cliente que está obligado a abonar la misma. «Los clientes que operen con empresas acogidas al IVA de caja no podrán deducirse de forma inmediata las cuotas soportadas de IVA en su declaración trimestral, hasta que no realicen el pago de esa factura», explica Anna Martínez, especialista en IVA de Cuatrecasas Gonçalves-Pereira. «Esta circunstancia supone una importante distorsión, porque muchos empresarios preferirán contratar con pymes que no estén acogidas al nuevo régimen de caja y así poder deducirse las cuotas de IVA soportado desde el primer momento», indica esta experta.

Hasta ahora, con el régimen general del IVA, el cliente al que se le emitía una factura podía aplicarse las correspondientes deducciones por los servicios o bienes incluidos en ese documento, sin necesidad de esperar a que pagase a su proveedor el importe de la factura. Pero, a partir de ahora, si opera con un proveedor acogido al régimen de caja, deberá retrasar la deducción hasta el momento en que abone ese importe.
Anna Martínez recuerda que la directiva europea sobre este impuesto no obligaba a establecer un régimen como el que se ha aprobado en España, con este tipo de limitaciones. «La legislación comunitaria permite otro tipo de régimen de caja sin estos efectos perniciosos para los clientes, como ya ocurre en países como Reino Unido o Alemania».

Deducciones en el aire
El mismo problema de las deducciones del IVA para el cliente se puede trasladar al propio empresario que emite las facturas acogido al régimen de caja. Porque, cuando actúe como cliente de otra compañía, tampoco podrá deducirse el IVA en su declaración trimestral, hasta que no haya pagado por ese bien o servicio. Por eso, Marta González indica que, antes de acogerse a este régimen especial, «habría que analizar el caso de cada empresa, quiénes son sus clientes y cuáles son sus proveedores, para determinar si compensa o no aplicar este IVA de caja».

Y más aún si se trata de pymes que traten con grandes compañías. Porque no todas las empresas pueden acogerse al IVA de caja. Sólo lo pueden hacer las que generen una facturación inferior a dos millones de euros anuales. Por ello, las grandes empresas pueden ejercer presión con las pymes para que no accedan a este sistema y así poder deducirse las cuotas del IVA, como hasta ahora. Además, si una pyme accede al IVA de caja, automáticamente se prorrogará su adhesión a este sistema, excepto cuando solicite darse de baja en el mismo. Y si lo hace, no podrá volver a adherirse al mismo hasta que no hayan transcurrido tres años.

Limitación temporal
Otro problema que plantea este nuevo régimen es el de los plazos. En principio, el emisor de una factura no tiene que ingresar el IVA hasta que no lo cobre; pero con el límite del día 31 de diciembre del ejercicio posterior al que se haya emitido esa factura.«Si, superada esa fecha, no ha recibido el importe de la factura, se entiende devengada la operación», indica Meritxel Yus, de Cuatrecasas. Si esa factura se emitiera hoy, dispondría de casi 24 meses (hasta finales de 2015). Pero si se emitiera en diciembre de 2014, el plazo para declarar el IVA también sería el de 2015, porque es el siguiente al de la emisión.

En caso de impago del cliente, hay que tener en cuenta que al acogerse al régimen de caja, el plazo del que dispone el empresario emisor de la factura para reclamar ese IVA devengado (seis meses, según la ley) comenzaría a contar a partir del 31 de diciembre del año siguiente al de la realización de la operación. Con el régimen general, de no haber optado por el régimen de caja, ese plazo se inicia en la fecha en la que se ha realizado la operación.

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