18 de Enero, 22:06 pm

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RENTA 2011

Ya compensa declarar el dinero que obtiene por alquilar su vivienda

José Mª Camarero

Ha mejorado la tributación en el IRPF al elevarse la reducción al 60% de los rendimientos. Conozca todos los gastos que, además, puede deducirse para minimizar el impacto del alquiler.

No todos los propietarios de inmuebles han estado siempre dispuestos a declarar el dinero que obtienen por alquilar sus pisos. Pero ya no merece la pena correr ese riesgo. El tratamiento fiscal de los arrendamientos en el Impuesto de la Renta de las Personas Físicas (IRPF) es cada ejercicio más favorable al propietario. Y, además, supone una garantía ante los inquilinos, porque estos también podrán beneficiarse de las ventajas fiscales que les concede el IRPF.

La principal novedad que se ha incorporado este año a la Declaración de la Renta es que los propietarios que tengan arrendado algún inmueble verán elevada la reducción general del 50% al 60% sobre los ingresos percibidos. Esta modificación supone un cambio sustancial para los beneficios del contribuyente, que ve minimizados sus rendimientos a declarar. Pero para llegar a este punto, es necesario pasar por algunas casillas previas en el Programa PADRE, en las que existen numerosos matices que hay que tener en cuenta a la hora de liquidar el IRPF.
Los rendimientos íntegros inmobiliarios son el resultado de agrupar los ingresos obtenidos, restarles los gastos deducibles y aplicarles las reducciones correspondientes. Este es el proceso que hay que seguir:

Paso 1. Rendimientos obtenidos en 2011
Constituyen los rendimientos íntegros del capital inmobiliario las cantidades que abone el arrendatario. Debe tener en cuenta que es necesario incluir el dinero percibido por razón de los restantes bienes cedidos con el inmueble, como, por ejemplo, el mobiliario y los enseres, excluido el Impuesto sobre el Valor Añadido (IVA).

Paso 2. Restar los gastos deducibles
En general, se pueden incluir todos los gastos necesarios para la obtención de la renta del alquiler, así como las cantidades destinadas a la amortización del inmueble y de los demás bienes cedidos.
-Se pueden desgravar los intereses y demás gastos de financiación invertidos en la adquisición o mejora del inmueble; y los gastos de conservación y reparación. Por el contrario, no son deducibles las cantidades destinadas a la ampliación o mejora de los inmuebles, al constituir un mayor valor de adquisición cuya recuperación se efectúa a través de las amortizaciones.
-También se puede desgravar otros gastos (tributos y recargos no estatales), así como las tasas y recargos estatales (por ejemplo, el Impuesto de Bienes Inmuebles, las tasas por limpieza, recogida de basuras, alumbrado, etc.).-Y se pueden incluir los saldos de dudoso cobro, siempre que esta circunstancia quede justificada (por ejemplo, cuando el deudor se halle en situación de concurso); otros gastos necesarios fiscalmente deducibles, como las primas de contratos de seguro; las cantidades devengadas por terceros en contraprestación directa o indirecta o como consecuencia de servicios personales, como los de administración, vigilancia, portería, cuidado de jardines, etc.; o los ocasionados por la formalización del contrato de arrendamiento; y los de defensa de carácter jurídico relativos a los bienes, derechos o rendimientos

Deberá tener en cuenta que el importe máximo a deducir por los intereses y demás gastos de financiación y por los gastos de conservación y reparación no podrá exceder el de los rendimientos íntegros. Ese exceso se podrá deducir en los cuatro años siguientes.

Paso 3. Aplique las reducciones que le correspondan.
Una vez obtenido el rendimiento neto (rendimientos íntegros menos gastos deducibles), es hora de aplicarse las reducciones. Existen tres tipos:
-60%, cuando la vivienda se haya destinado al arrendamiento. Es decir, se trata de una reducción casi generalizada.
-100%. Quienes se encuentren en el anterior caso y, además, tengan como inquilinos a contribuyentes con una edad inferior a 30 años (hasta el año pasado, la edad máxima era de 35 años) y unas rentas del trabajo superiores a 7.445 euros al año
-40%. Cuando se trate de rendimientos netos cuyo período de generación sea superior a dos años. O cuando sean rendimientos netos obtenidos de forma notoriamente irregular en el tiempo.

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