21 de Enero, 13:12 pm

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La banca española no se atreverá a cobrar por los depósitos

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Los bancos españoles no darán el paso de cobrar por los depósitos de los clientes minoristas, pese al escenario de tipos de interés negativos consecuencia de la política ultraexpansiva del Banco Central Europeo (BCE), y asumirán en sus debilitadas cuentas el diferencial.

Aunque ya cobran a clientes institucionales y corporativos, las entidades financieras españolas han descartado cargar a los depositantes minoristas, opción que sí aplicarán algunas firmas europeas como la italiana Unicredit y las danesas Jyske Bank y SpardNord Bank, siempre para cantidades superiores a los 100.000 euros y para nuevos clientes.

A mediados de noviembre, un banco cooperativo alemán, el Volksbank Raiffeisenbank Fuerstenfeldbruck, cerca de Múnich, anunció que va a cobrar a sus nuevos clientes por sus depósitos a partir del primer euro, aunque no cargará costes a los antiguos.

La decisión del Banco Central Europeo (BCE) el pasado septiembre de elevar al 0,5 % lo que cobra a las entidades por los excesos de reservas que depositan en el organismo contribuyó a extender la idea entre los analistas de que el escenario de tipos negativos se mantendrá, al menos, por otros cinco o seis años.

Este escenario de tipos de interés nulos o negativos, que comenzó hace cinco años y podría prolongarse por otros tantos -según el consenso del mercado- es similar a la situación vivida en Japón hace más de dos décadas y tampoco allí las entidades financieras trasladaron a los clientes minoristas los tipos negativos.

Algunos expertos advierten de los efectos secundarios de esta política monetaria tan laxa, que no produce el impacto deseado en la inflación y el crecimiento, y que además lesiona la maltrecha rentabilidad de los bancos.

En este sentido, el portavoz de la Asociación España de la Banca (AEB), José Luis Martínez Campuzano, ha considerado fundamental desarrollar acciones que "liberen la política monetaria de su elevado protagonismo y de las medidas más distorsionadoras aplicadas durante la crisis, como son los tipos negativos".

Entiende, además, que las entidades financieras son la barrera que está impidiendo que los tipos oficiales negativos se trasladen a las familias.

Entre los bancos españoles, la entidad más a favor de esta opción fue el Banco Sabadell, cuyo consejero delegado, Jaime Guardiola, aseguró que es "inevitable" pensar en cargar ese coste, cuyo ritmo y alcance lo marcará la competencia.

Desde el Banco Santander, su "número dos", José Antonio Álvarez, negó que la entidad vaya a trasladar este coste a los minoristas, aunque dejó la puerta abierta a hacerlo para grandes clientes.

El consejero delegado de CaixaBank, Gonzalo Gortázar, fue muy tajante, diciendo que en ningún caso cobrarán a sus clientes particulares. Igual de contundentes fueron el consejero delegado de Bankia, José Sevilla, y la consejera delegada de Bankinter, María Dolores Dancausa, que no se plantean cobrar a los particulares por sus depósitos.

Juan Abellán director del máster online en Banca y Finanzas del IEB, cree que la banca comercial no aplicará este coste a los minoristas porque sería "muy impopular" y cree que el ahorrador español tendrá que buscar oportunidades en renta variable y en fondos de inversión.

El economista jefe de Intermoney, Francisco Vidal, también cree "improbable" que los bancos cobren por los depósitos aunque alerta de que si los tipos se mantienen en negativo por mucho tiempo "será difícil que no lo repercutan".

El profesor de economía financiera de la Universidad San Pablo CEU Miguel Córdoba defiende un cambio en la política monetaria del BCE, porque "ya no tiene recorrido" y dice que le extrañaría que 2020 acabe con los tipos en negativo.

Pese a este escenario de nula retribución del ahorro, que continuará en los próximos años, el dinero minorista no ha salido desde los depósitos hacia otros activos más rentables, más bien al contrario.

En el último año los depósitos aumentaron en 37.000 millones, mientras que el patrimonio de los fondos de inversión -que venía creciendo de forma ininterrumpida desde 2012, en el punto álgido de la crisis- registró en 2018 un descenso de unos 4.000 millones.

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