23 de Octubre, 12:40 pm

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Redistribución de la riqueza

¿Y si la fortuna de Warren Buffett se redujera a 3.400 millones de dólares?

La Agencia Tributaria española confirmó a principios de septiembre que el número de superricos, aquellos ciudadanos que cuentan con el privilegio de tener un patrimonio de más de 30 millones de euros, creció un nada desdeñable 74% desde 2011. En total, 611 contribuyentes en la actualidad frente a los 352 multimillonarios que había al comienzo de la década. 

Este no es un dato exclusivamente doméstico: en EEUU, el 0,1% de la población acumula el 20% de la riqueza, el doble que en 1980. Según Forbes, la proporción de la riqueza que poseen los 400 estadounidenses más ricos -entre los que se incluyen el dueño de Amazon, Jeff Bezos, o el fundador de Microsoft, Bill Gates- se multiplicó por cuatro en las últimas décadas, pasando de menos del 1% en 1982 al 3,5% en la actualidad. 

Con el paso del tiempo, la riqueza se ha vuelto más concentrada. Paralelamente, cada vez se escuchan más voces que piden una redistribución más ecuánime. En su libro El capital en el siglo XXI (2014) el economista francés Thomas Piketty propuso un impuesto global progresivo a la riqueza. Siguiendo su estela, la candidata a las elecciones primarias del Partido Demócrata estadounidense, Elizabeth Warren, sorprendió el pasado enero al anunciar que aplicaría una tasa impositiva del 2% a individuos con un patrimonio neto superior a 50 millones de dólares; y un 3% si está por encima de mil millones de dólares (45,5 y 911 millones de euros respectivamente). 

Uno de los más estrechos colaboradores de Piketty, Emmanuel Saez, junto al también economista Gabriel Zucman, ha publicado un informe en el que se revisa el impuesto en función del patrimonio en EE UU. Su propuesta pasa por aplicar una tasa marginal sobre ese 0,1% de la población estadounidense, algo más de 300.000 ciudadanos. Con ello se conseguiría recaudar hasta 120.000 millones de dólares, lo que otorgaría entre un 60% y 70% del ingreso total nacional a través de este gravamen en 2019. "Un impuesto al patrimonio bien aplicado tiene un potencial de ingresos significativo", desgranan Saez y Zucman en el texto. 

Utilizando la fórmula de los autores, la lista Forbes mencionada anteriormente sufriría cambios sustanciales. Si se aplicara una tasa del 3% sobre patrimonios superiores a 1.000 millones de dólares, el de Bezos, que en 2018 era de 160.000 millones, pasaría a ser algo más de la mitad, 86.800 millones, mientras que si se aplicara un tipo del 10% en las mismas condiciones, el patrimonio del dueño del gigante del comercio electrónico sería de 24.000 millones. 

Lo mismo sucede con otros nombres reconocibles. Bill Gates declaró el año pasado tener en su haber 97.000 millones de dólares. Ajustando cifras con la propuesta de Saez y Zucman, el patrimonio del magnate informático pasaría a ser de 36.400 millones, con el 3%, y de 4.300 millones con el 10%. El podio de los estadounidenses más ricos lo cierra el inversor Warren Buffet. Su patrimonio es, junto con el de Gates, uno de los que muestra un mayor cambio: aplicando la segunda tasa pasaría de tener más de 88.000 millones a unos 3.400. En este sentido, Zucman, autor de la lista Forbes reformulada, explica que sus cálculos se realizan aplicando la tasa desde 1982 como año de referencia, al determinar que marca el crecimiento del estamento más privilegiado de la sociedad norteamericana. El último ejemplo ilustrativo es el del dueño de Facebook Mark Zuckerberg, cuarto en el ranking de la prestigiosa revista económica, cuyo patrimonio se reduciría de 61.000 millones a algo más de 21.000

Una cuestión histórica

"A pesar del aumento de la desigualdad, el sistema tributario de EEUU se ha vuelto menos progresivo en los últimos años", sostienen Saez y Zucman. Los economistas recuerdan que el país fue el primero, en 1917, cuatro años después de la creación del impuesto sobre la renta, en imponer tasas marginales máximas de hasta el 67%. También fue la primera nación en aplicar una suerte de impuesto de sucesiones -el que se aplica a los bienes que se transmiten en forma de herencia- con un tipo impositivo máximo del 70%. "Ningún país europeo impuso jamás una cima similar en impuestos sobre herencia", apuntan Kenneth Scheve y David Stasavage en su informe Taxing the rich (2016). 

Saez y Zucman opinan que los impuestos progresivos tradicionales se han debilitado. Para ejemplificarlo, señalan que la tasa federal sobre la renta más alta, del 70% entre 1936 y 1980, cayó al 37% en 2018. Los impuestos corporativos -progresivos en cuanto a que gravan las ganancias de la entidad- disminuyeron del 50% en las décadas de 1950 y 1960 al 16% en 2018. Para subsanar el debilitamiento del sistema recaudatorio, ambos economistas apuntan a que un impuesto a los más ricos "sería una poderosa herramienta para restaurar la progresividad en la distribución de ingresos y riqueza de EEUU"

¿Qué argumentan sus detractores?

En la teoría económica, la subida de impuestos a las rentas más altas ha sido denostada por las teorías liberales de la Escuela de Chicago. El último caso de debate se situó en Brasil, tras la subida al poder de Jair Bolsonaro. El actual presidente brasileño nombró ministro de Economía a Paulo Guedes, reconocido Chicago boy, quien desató cierto malestar al hablar de imponer un impuesto sobre la renta de las personas físicas con un tipo impositivo único del 20%. El motivo, señaló Guedes, reside en que los que más tienen son los que más invierten, y ponerles cortapisas solo supone un retroceso en la economía.

Otra de las críticas que han recibido tradicionalmente aquellos que teorizaron con un impuesto a la riqueza es que esa tipología tributaria ya ha fracasado antes. Concretamente, en Europa, donde en 1990 había hasta 12 países que contemplaban esa forma de recaudación frente a los cuatro que mantienen algo parecido en la actualidad. Anticipándose, Saez y Tucman indican que los impuestos aplicados en varios países europeos tenían tres debilidades principales.

La primera, estuvieron expuestos a la evasión fiscal. También señalan los problemas de liquidez para algunos contribuyentes "moderadamente" ricos, con pocos activos en líquido e ingresos en efectivo "limitado". Y por último, apuntan a un problema de obsolescencia: la mayoría de impuestos europeos se diseñaron a principios de siglo XX y no se fueron modernizando, reflejo de la "oposición ideológica y política" a un impuesto sobre la riqueza.

La nueva propuesta, explican, superaría estas debilidades por varios motivos. En primer lugar, la evasión fiscal puede ser combatida de forma más eficiente con las nuevas tecnologías de las que dispone el mercado. Con las herramientas modernas se posibilitaría, además, que las autoridades fiscales recopilaran datos sobre la riqueza de los hogares, y esta información se utilizaría para completar el impuesto sobre la riqueza, reduciendo las posibilidades de evasión. También existiría una base integral sobre el patrimonio "sin preferencia" en cuanto al umbral de exención. 

El caso de Reino Unido

Los economistas ingleses Shreya Nanda y Henry Parkes, pertenecientes al think tank IPPR, publicaron de forma casi simultánea al texto de Saez y Tucman el informe "Solo una reforma de impuestos: la tributación de los ingresos de riqueza y trabajo". Un documento que según los autores pretende acercarse a la "justicia económica", para la cual es "esencial" la redistribución.

Nanda y Parkes desgranan dos conjuntos de propuestas diseñadas para hacer un impuesto sobre la renta "más simple, progresivo y capaz de recaudar más dinero público". En el caso de Reino Unido, los autores apuntan que entre el 1% de los británicos más ricos, más de una cuarta parte de sus ingresos proviene de dividendos y otros ingresos de la sociedad. Lo que significa que "pueden terminar pagando una proporción menor de sus ingresos" que los trabajadores medios o los que tienen un músculo económico bajo. 

Para reducir la desigualdad, proponen que los denominados "ingresos de riqueza" se graven igual que los del trabajo. Según sus cálculos, se podrían recaudar 120.000 millones de libras -unos 134.000 millones de euros- en cinco años, cayendo a 90.000 millones de libras -algo más de 100.000 millones de euros- en un contexto económico adverso, en una referencia a un brexit sin acuerdo con la Unión Europea. Eliminando la exención fiscal en herencias, se podrían generar hasta 25.000 millones de libras adicionales en el mismo tiempo, que serían 15.000 millones en el peor de los escenarios previstos.

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