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Inversión

Private Equity, en el punto de mira de los grandes patrimonios

En un mercado convulso como el actual, el private equity se ha convertido en una alternativa de inversión para los grandes patrimonios que les aporta rentabilidad y diversificación en sus carteras. Esta demanda ha hecho que la inversión en capital privado en España en 2018 alcanzara una cifra récord al situarse en los 5.844 millones.

El interés de los grandes patrimonios por el capital privado (private equity), actividad que consiste en la aportación de recursos financieros de forma temporal a cambio de una participación en empresas no cotizadas con elevado potencial de crecimiento o ya consolidadas, viene dado, principalmente, por «el desencanto ante la evolución de los mercados líquidos en 2018, donde el 90 por ciento de los activos ofrecieron retornos negativos en un escenario de crecimiento económico y de beneficios empresariales», apunta Jacobo Zarco, socio-director del Área de Grandes Patrimonios de ATL Capital. En su opinión, este entorno hace que los inversores, «además de perseguir una mayor rentabilidad, busquen una mayor objetividad y correlación entre las rentabilidades y la evolución de los activos subyacentes».

También Alberto Rodríguez-Fraile, presidente de A&G Banca Privada, reconoce que el private equity es un buen activo para los grandes patrimonios. «Ante la volatilidad de los mercados, los clientes están más interesados en la inversión alternativa y, dentro de ella, el capital riesgo ofrece unas perspectivas de rentabilidad y riesgo interesantes a través de la participación en empresas no cotizadas». 

El apetito por este tipo de activo hizo que el año pasado alcanzara de nuevo cifras récord al situarse la inversión en capital privado en España en 5.844 millones de euros, según estimaciones de la Asociación de Capital, Crecimiento e Inversión (ASCRI). «Llevamos dos años consecutivos de récord en volumen de inversión, lo cual es una magnífica noticia no solo para el sector del capital privado, sino para la economía española en su conjunto», apunta Miguel Zurita, presidente de ASCRI. No obstante, considera que «la dependencia de gestoras e inversores internacionales sigue siendo muy alta».

PERFIL DEL INVERSOR

La inversión en private equity está dirigida a aquellos que «quieren optimizar su inversión y especialmente a los que poseen un gran patrimonio», señala Rodríguez-Fraile.

Para Luis Sánchez de Lamadrid, director general de Pictet WM en España, este tipo de activos es de muy escasa liquidez y requiere periodos de inversión de siete o más años, un plazo necesario para compensar el riesgo, por ello, «puede ser apropiado para clientes con conocimientos, pues aporta diversificación». 

También a juicio de Jacobo Zarco, el private equity es interesante para inversores que, por el horizonte temporal de sus objetivos y la cuantía de sus activos financieros, puedan permitirse una mayor iliquidez y el compromiso a largo plazo en sus inversiones, buscando una mayor estabilidad en la valoración de los activos no cotizados más ligados a los fundamentos de las compañías frente a la mayor variabilidad en el precio de la bolsa. 

También lo recomienda para aquellos inversores cuyo perfil de riesgo psicológico tolere la inversión en negocios cuya evolución positiva no está garantizada y para aquellos que tengan una cultura financiera suficiente para comprender los riesgos que lleva aparejada la inversión en activos no cotizados. 

Asegura que «los clientes de banca privada van accediendo paulatinamente a esta inversión en la medida en que las inversiones mínimas para acceder a este tipo de productos se hacen más asequibles». A su juicio, los tickets habituales de al menos de un millón de euros se han ido reduciendo en algunos casos a importes 10 veces menores, bajando el listón patrimonial requerido para plantearse una mínima diversificación en esta clase de activo. «Además, el nivel patrimonial, la edad y la experiencia empresarial del inversor suelen ser condicionantes a la hora de interesarse por este tipo de inversiones», asegura Zarco.

La asignación óptima de estas inversiones en una cartera depende del perfil del inversor. Según Luis Sánchez, «hasta un 5 por ciento de la cartera puede incrementar la rentabilidad y reducir la volatilidad a lo largo de los ciclos del mercado y puede llegar al 10 por ciento en caso de precisarse un equilibrio entre protección y crecimiento del capital, materializándose de forma secuencial».

RENTABILIDAD ACEPTABLE

Entre los atractivos del capital privado destaca su rentabilidad. De 2010 a 2018 el private equity global ha generado una rentabilidad total anual del 13,5 por ciento después de comisiones, frente al 9,7 por ciento del índice mundial MSCI AC World, y en 20 años ha sido del 13 por ciento, frente al 6,5 por ciento, atribuible a la prima de iliquidez. 

«El exceso de rentabilidad respecto al riesgo asumido ha sido constante durante 25 años en esta clase de activos entre nuestras inversiones», asegura Nicolás Campiche, CEO de Pictet Alternative Advisors. Añade que, a veces, el capital privado se considera «una industria secreta», abierta solo a unos cuantos «ultra altos patrimonios». Además, «hay inversores que consideran el capital privado una apuesta de ganar o perder. Pero es posible asignar capital a esta clase de activos mediante un fondo de fondos de capital privado, que diversifica por regiones, tipos de inversión y etapa. Además, aportar capital a lo largo de varios años diversifica el riesgo de concentración y mercado», añade.

También Christophe Donay, director de análisis macroeconómico de Pictet WM, cree que el capital privado se presenta como un activo generador de elevada rentabilidad con un riesgo comparable al de la renta variable tradicional. «Según nuestro estudio de previsión de rentabilidades, en los próximos diez años la rentabilidad anualizada en capital privado, en un escenario de normalización progresiva de los tipos de interés, puede ser del 10,2 por ciento, con una volatilidad del 17 por ciento. En el mismo periodo la rentabilidad esperada para la renta variable de EE.UU. puede ser del 5,7 por ciento, con volatilidad del 14,9 por ciento; del 5,2 por ciento en renta variable europea, con el 15,6 por ciento de volatilidad; y del 4,9 por ciento en renta variable japonesa, con una volatilidad del 17 por ciento».

RIESGO

Pero una mayor rentabilidad exige asumir mayor riesgo. Según Alberto Rodríguez-Fraile, las inversiones alternativas suponen, generalmente, más riesgo que las tradicionales y requieren gran conocimiento y dedicación, por ello no son recomendables para inversores no especializados. En su opinión, participar a través de un fondo de inversión, delegando las tareas fundamentales en el equipo gestor, puede ser una opción atractiva para inversores particulares que decidan adentrarse en el private equity.

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