25 de Marzo, 19:47 pm

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adiós al secretario de defensa

Trump se deshace de "perro rabioso" Mattis por no compartir la salida de Siria

El secretario de Defensa Jim Mattis, ex general de la Infantería de Marina de voz suave pero endurecido por las batallas, siempre se mantuvo en una posición que contrastaba de forma incómoda con la del presidente Donald Trump, su jefe empresario que evitó todo servicio militar.

El jueves, después de meses de especulación y siguiendo la sorprendente decisión de Trump de retirarse de Siria y cortar tropas en Afganistán, el abismo entre los dos hombres creció demasiado. Mattis renunció.

Nacido en el estado de Washington y de 68 años de edad, Mattis fue la primera opción para el gabinete de Trump. Pasó así dos años en el Pentágono donde se convirtió en un maestro en ocultar al público sus verdaderos pensamientos sobre las decisiones de Trump.

"Mis puntos de vista sobre cómo tratar a los aliados con respeto y también a tener en cuenta tanto a los actores malignos como a los competidores estratégicos están fuertemente respaldados e informados por más de cuatro décadas de inmersión en estos temas", escribió Mattis a Trump, quien ha buscado estrechar los lazos con Rusia y despreciado a la OTAN y otras alianzas.

"Porque usted tiene el derecho de tener un secretario de Defensa cuyos puntos de vista estén mejor alineados con estos y otros temas, es que creo que lo correcto para mí es renunciar al cargo", dijo Mattis en la carta de renuncia enviada a Trump.

Un autodenominado guerrero que una vez se jactó de que era "muy divertido" dispararle a la gente, Mattis fue visto como una voz de moderación capaz de contener algunos de los impulsos más temerarios de Trump.

Su nombramiento fue recibido con un suspiro de alivio colectivo en Washington, luego de una brutal campaña presidencial en la que Trump se comprometió a cambiar el orden mundial liderado por Estados Unidos.

Congresistas de todas las tendencias consideraron al general de cuatro estrellas retirado como un contrapeso tranquilo para el virulento Trump.

Como un veterano altamente condecorado, Mattis se ganó el respeto inmediato de Trump, que tiene una fascinación por todo el mundo militar, que se remonta a su juventud, cuando su padre lo envió a una academia militar privada en Nueva York.

Mattis se alistó en la Infantería de Marina en 1969 durante el apogeo de la Guerra de Vietnam, mientras que Trump consiguió cinco aplazamientos para evitar ser reclutado. Y hasta el final, Mattis evitó el desprecio que Trump había acumulado públicamente sobre otros de sus altos funcionarios.

Mattis creía en los principios establecidos del orden mundial estadounidense: las alianzas eran sagradas, la diplomacia era mejor que el combate y la asertividad militar requería una mano cautelosa pero firme, lista para actuar con decisión cuando todo lo demás falla.

Se enfrentó a Trump repetidamente, mayormente en privado.

Mientras que Trump habló de manera positiva sobre trabajar con el presidente ruso Vladimir Putin, Mattis advirtió que Moscú quiere "separar a la OTAN" y, de manera inusual, hizo públicas sus objeciones cuando Trump no respaldó el compromiso de Estados Unidos con una defensa común en la organización del tratado del Atlántico.

También presionó cuando Trump parecía estar listo a dejar una peligrosa brecha de seguridad en la búsqueda de un acuerdo nuclear con Corea del Norte.

La grieta solo creció cuando se opuso a la decisión de Trump de retirarse del acuerdo sobre el cambio climático de París, romper el acuerdo de Irán, imponer aranceles sobre el acero y el aluminio y trasladar la embajada de Estados Unidos en Israel desde Tel Aviv a Jerusalén.

Originalmente, Trump se aferró a Mattis por su compromiso de fortalecer al ejército de Estados Unidos después de años de presupuestos ajustados, y por su apodo: "Perro rabioso".

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