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Jugando el Brexit en Bolsa... aunque ¿qué Brexit?

Desde los prolegómenos del Brexit, los gestores de cartera han ido insistiendo en cuál tendría que ser la estrategia de inversión acertada para lidiar con este proceso político: las compañías británicas más domésticas deberían verse más penalizadas por el daño que salir de la UE propinaría a la economía británica, mientras que las empresas más internacionalizadas se mantendrían al margen de ese castigo e incluso podrían verse beneficiadas por la caída de la libra esterlina, puesto que ganarían en competitividad. 

Sue Noffke, gestora de fondos especializada en renta variable británica de Schroders, ha vuelto a insistir en ello durante la conferencia anual con medios que la firma celebra estos días en Londres, coincidiendo con las horas decisivas que enfrenta el Reino Unido. Además, ha afirmado que pueden encontrarse oportunidades interesantes ahora en la Bolsa británica. 

Desde la celebración del referéndum, la renta variable del Reino Unido lo ha hecho un 20% peor que la global, mientras que la libra ha caído un 12% frente al dólar. Con ello, las acciones británicas cotizan con un per de 12 veces y con una rentabilidad por dividendo que está en máximos desde el estallido de la última crisis financiera. Ello, afirma Noffke, debería dar un margen de seguridad a los inversores, debería dar un cierto confort. También, el hecho de que los inversores internacionales estén ya, de hecho, muy negativos con la Bolsa británica. 

Pero, como plantea Gavin Ralston, otro analista de Schroder: ¿cómo se puede ser positivo con la bolsa británica cuando se espera que el PIB del Reino Unido crezca entre un 1,2% y un 1,3% el próximo año, frente al avance del 2% que se prevé para el de la zona euro o al del 1,8% que se estima para Francia? Lo que ocurre es que, de acuerdo con Noffke, en realidad no es la economía británica la que cotiza en la Bolsa de Londres. El mercado de valores británico depende mucho más de Estados Unidos, de Europa, de los países emergentes... que de la propia evolución interna del país. 

Noffke insiste en que los bancos internacionales, las compañías de petróleo y gas y otras empresas globales pueden mostrar una mayor resistencia e, incluso, verse favorecidos si la libra continúa bajando, porque les daría impulso en el momento de repatriar beneficios del exterior; en cambio, las empresas más domésticas, como las cadenas de distribución, los bancos con un negocio enfocado en el interior del país y las promotoras inmobiliarias mostrarán una mayor vulnerabilidad al shock económico que puede suponer el Brexit. 

De todas maneras, Noffke también destaca que las petroleras y las compañías industriales británicas cotizan con valoraciones más baratas que sus comparables americanas. 

¿Significa esto que sólo los inversores más value son los que tienen oportunidades en el mercado británico? De acuerdo con la experta de Schroder, los de perfil más 'growth' también están encontrando opciones interesantes. Noffke recuerda, además, el interés que está mostrando el capital extranjero por el Reino Unido, lo que se manifiesta en el hecho de que está habiendo mucha actividad corporativa, muchas fusiones y adquisiciones.

De todas maneras, ¿las grandes exportadoras británicas no tendrían que sufrir si es que finalmente se corta la relación comercial actual entre el Reino Unido y la Unión Europea? Tal y como apunta Noffke, las compañías británicas globales cuentan a su favor con el hecho de que tienen centros de producción en muchos países del mundo, lo que quiere decir que sus exportaciones no se producen necesariamente desde el Reino Unido.
¿Y qué ocurriría en el caso de un Brexit duro? De acuerdo con las expectativas de la experta de Schroder, la libra podría bajar otro 15% frente al billete verde. Ello, en su opinión, puede ayudar a las compañías que operan fuera del Reino Unido a la hora de repatriar sus beneficios: por el efecto divisa, se verían automáticamente incrementados. 

Pero de momento está nada claro cómo puede acabar el Brexit. Cualquier escenario sigue siendo posible. Azad Zangana, economista de la firma británica, cree que es posible que haya un acuerdo a partir del borrador ya pactado entre el Gobierno del Reino Unido y Bruselas, pero no descarta que el periodo de transición, que en principio duraría 21 meses, lapso durante el que el Reino Unido mantendría su acceso al mercado único, pudiera convertirse en el 'statu quo', es decir, que se prolongara casi indefinidamente en el tiempo, lo que conllevaría una cronificación de la incertidumbre. Si el periodo de transición acaba cuando está previsto, puede hacerlo con un Brexit duro o con uno suave; este último, con acceso al mercado único europeo y con libertad de movimiento de los trabajadores. Pero este proceso también puede concluir en una ruptura comercial total según la que el Reino Unido se regiría por las reglas generales de la Organización Mundial del Comercio. 

No hay que descartar tampoco la posibilidad de que finalmente no haya Brexit. En ese caso, según Noffke, la libra esterlina se apreciaría y en el mercado de renta variable se aplicaría una menor prima de riesgo. Quizás ocurriera lo contrario a lo que está pasando en el escenario actual y las empresas más globales caerían (o subirían poco), mientras que recuperarían las más domésticas.

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