25 de Enero, 02:52 am

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UE

El Brexit descafeinado que Theresa May no quiere admitir ante los ingleses

Íñigo Gurruchaga

La primera ministra ha ofrecido los primeros detalles, que han decepcionado a la City, los medios de comunicación y los euroescépticos

El Gobierno británico quiere aceptar las reglas comunitarias sobre bienes industriales, alimentos y agricultura sin tener voto y persigue también una nueva relación comercial sobre el sector servicios, aunque está resignado a que será menor que la actual. A cambio tendrá derecho a dar a los europeos permisos de estancia solo temporal.

No es una caricatura del 'brexit' propuesto por el equipo de Theresa May en su esperado Libro Blanco, publicado finalmente ayer en un contexto desangelado. El pasado viernes la primera ministra anunció que el Gabinete había al fin acordado un diseño de su relación futura con la UE y una semana después dimitieron dos de sus ministros, otros cargos gubernamentales y el Partido Conservador se rompió.

Las únicas novedades del Libro Blanco son las limitaciones en el detalle, porque cabría esperar más. Era conocido que el Gobierno quiere una zona de libre comercio con la UE en bienes y agroalimentario, porque así no interrumpe las cadenas de producción integradas de grandes industrias, como la del automóvil. En agricultura y alimentación es imprescindible para no forzar a la instalación de nuevos controles en la frontera de Irlanda.

Londres quiere asimismo que sus industrias permanezcan bajo la supervisión de agencias europeas a las que persigue seguir perteneciendo y contribuyendo. Quiere negociar con Bruselas una nueva relación comercial sobre servicios, pero no la define, tampoco en lo que afecta a la City financiera, que se declaró ayer resignada a tener una relación 'menos estrecha' con la UE.

Está interesado en mantener las relaciones de seguridad, que le permitirían preservar el acceso a las bases de datos europeos para el control fronterizo y la orden europea de extradición, entre otras facetas. Y establecer una estructura institucional mixta para resolver disputas bajo el paraguas del tratado europeo-británico que sellaría el 'brexit'.

Enredo

Sobre la parte más significativa de la propuesta -el comercio sin tarifas y con las mismas regulaciones-, el plan británico contempla la creación de un sofisticado sistema de colecta del IVA y otras tasas aduaneras en nombre de la UE cuando se trata de importaciones o exportaciones de terceros países, pero habrá que introducirlo en fases, quizá más allá de 1921.

El 'Brexit' británico entorpece la vida ya ajetreada de la UE y quiere arrojar más complejidad e incertidumbres sobre una trama de instituciones y normas que ya resulta ininteligible para el europeo medio. Y en la propuesta de May asombra la parquedad de los beneficios que obtiene Reino Unido a cambio de esta maraña que por el momento se resume en noventa páginas.

Se liberará de la política comunitaria y de pesca, dice el Libro Blanco. Un sector que suma menos del 2% de la economía británica. Podrá cambiar las regulaciones sobre bienes o agroalimentario, recuperando así la soberanía de su Parlamento. Pero, si lo hace en este contexto, podría perder acceso al mercado comunitario y tendría que establecer controles fronterizos en Irlanda.

El fin de la libertad de movimientos proclamado en el documento como gran premio, que recientes sondeos dicen que no es una preocupación tan intensa de la población británica, se traduce en que Londres aprobará una nueva política de inmigración y que en ella los ciudadanos de la UE tendrán acceso a permisos temporales de trabajo. Lo demás hay que negociarlo.

Hay tres obstáculos para este proyecto nacido de manera tan desangelada. El primero es la Comisión Europea, cuyas exigencias en la negociación pueden perturbar algunas ideas del Libro Blanco. El segundo es el encono de los euroescépticos conservadores, organizados ya para derribar este plan. Y el tercero es el número de comentarios editoriales o corporativos que afirman que un 'brexit' como este no tiene sentido.

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