13 de Diciembre, 12:37 pm
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reino unido

La grieta 'tory' persigue debilitar a May para alcanzar un 'Brexit' abrupto

Iñigo Gurruchaga

Dos vicepresidentes del Partido Conservador dimitieron ayer de sus cargos. Maria Caulfield y Ben Bradley son también diputados. La primera, católica de familia irlandesa inmigrante, votó por la marcha de la UE, aunque representa a una circunscripción donde ganó la permanencia. Lewes es un paraje del sur de Inglaterra que fue hogar del grupo de Bloomsbury: Virginia Wolf y Maynard Keynes, entre ellos.

Bradley, hijo de policía y funcionaria, logró el escaño en las desastrosas elecciones convocadas por Theresa May hace un año en una circunscripción, Mansfield, que había votado laborista durante décadas. Es la típica población antes minera y textil que ha perdido industria y vigor. El 70% de los electores optó por el 'brexit' y luego eligió a Bradley, que votó por la permanencia.

Encarnan el Partido Conservador que deseaba May antes de ocuparse solamente del 'brexit', menos elitista, más vinculado a las aspiraciones de las clases media y obrera. La primera ministra les encomendó la política de mujeres y de jóvenes en el aparato del partido. El momento elegido para su marcha sugiere que hay una coordinación de los 'brexiters' para debilitar al Gobierno.

La editora política de la BBC, Laura Kuenssberg, afirmó el lunes que un euroescéptico le dijo que habrá dimisiones cada día hasta que May renuncie al proyecto de relación con la UE acordado por el Gabinete el pasado viernes. La líder 'tory' ha respondido a la presión confirmando que mañana publicará el Libro Blanco con los detalles de ese plan.

El discurso de 2017

Los 'brexiters' quieren negociar con la UE un tratado de libre comercio como el que Bruselas acordó con Canadá y poco más. Y si no se obtiene, les parece bien una salida limpia y una relación basada en las reglas de la Organización Mundial de Comercio. No pretenden derribar a May. Persiguen que renuncie al plan y regrese a los principios de su discurso en Lancaster House, en enero de 2017.

David Davis y Boris Johnson, ambos también dimitidos, dejaron caer aquí y allá que habían participado en la escritura del discurso, pero la mayor influencia se achaca a Nick Timothy, el íntimo colaborador de May (ella votó por la permanencia, él por la marcha) que inspiró el conservadurismo social de la líder y al que tuvo que despedir por ser artífice de la campaña electoral que mutiló al Gobierno el año pasado.

En aquel discurso, May tradujo el mantra 'brexit es brexit' que repetía durante meses. 'brexit' era marcharse del mercado común y de la unión aduanera, poner fin al libre movimiento de personas y a la jurisprudencia del tribunal europeo, obtener un buen acuerdo con la UE y, si no lo obtenía, salir de la Unión y competir quizás con la economía comunitaria mediante desregulación y reducción de impuestos.

May ha modificado su posición desde entonces y los puritanos del escepticismo lo achacan a que Bruselas y los altos funcionarios británicos exageran las consecuencias que tendría en la frontera irlandesa un 'brexit' así concebido, para perseguir ahora un acuerdo que protege a las grandes industrias. La continuidad de reglas comunes en el sector agroalimentario tendría también tinte irlandés.

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