23 de Septiembre, 22:22 pm
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el presidente, fuera de control

Un Trump desbocado convulsiona el Ala Oeste de la Casa Blanca

Finanzas.com

La purga es descarnada y la oficialización de los aranceles, inminente. De ello da cuenta la partida de Gary Cohn, el exdirectivo de Goldman Sachs cuya misión al frente del Consejo Económico Nacional de la Casa Blanca era precisamente evitar que Donald Trump hiciera algo así de disparatado. Al anuncio extemporáneo de que impondría aranceles al acero y al aluminio que, a bote pronto, cifró en un 25% y un 10% respectivamente, le seguiría esta semana la firma de los mismos, según dijo el presidente al término de una reunión con empresarios, para sorpresa de su propio equipo.

Eso dejaba una ventana para hacerle cambiar de opinión, pero el jefe está desbocado, fuera de control, indignado con la investigación del fiscal especial que se cierne sobre su yerno y despechado por la pérdida de su mano derecha, Hope Hicks, que no aguantó más la presión. Todo el que tenga sentido común salta del barco, uno de cada tres en el primer año, según el análisis de 'The New York Times' o, con la partida de Cohn, el 57% de los que ocuparon la docena de puestos más cercanos al presidente, según la Brookings Institution. Eso refuerza la influencia de los que quedan, mayormente nacionalistas y proteccionistas del círculo de la 'Alt Right' (Derecha Alternativa) que llegaron bajo la influencia de Steve Bannon.

En un lado del Despacho Oval, el economista radical Peter Navarro, asesor del presidente para Negocios, y el secretario de Comercio,Wilbur Ross. En el otro, Cohn, solo tras la dimisión de Rob Porter, explicando por qué la guerra comercial que ha emprendido el presidente acabará con la bonanza de los mercados, la creación del empleo y la buena marcha de la economía. «¡Guau, no sabía que eras un globalista!», le atacó Trump.

Cohn acababa de perder la batalla. En privado, otros miembros del Gobierno que Trump respeta, como el secretario de Defensa, James Mattis, le han advertido de que una guerra comercial pondrá en peligro la seguridad nacional, pero Trump necesitaba dar un golpe sobre la mesa para poner firme a su equipo y al mundo. El martes, cuando les congregó de nuevo en el Despacho Oval para pedirles un calendario para sus aranceles, quiso asegurarse de que nadie se saldría de su batuta. «Todos estamos en el mismo equipo, ¿no es así?», dijo mirando a Cohn, según Bloomberg. Tres horas después, la Casa Blanca presentó un pulido comunicado informando de su dimisión.

Durante meses, el respetado banquero creyó poder frenar la marea de los aranceles cargando las tintas contra China, que es la que inunda el mercado con materiales baratos y contra la que Navarro ha hecho carrera. Ocurre que, además de gustarle los instintos autoritarios de un presidente recién convertido en vitalicio, Trump necesita a ese país para ejercer presión sobre Corea del Norte. Sus ansias proteccionistas no pueden saciarse con China, sino que ha vuelto la ira de sus bases contra la Unión Europea y otros aliados poco populares. Canadá y México se salvarán de la quema si aceptan sus condiciones para renegociar el Tratado de Libre comercio para Norteamérica.

La partida de Cohn desmoralizó ayer a los mercados, que ven cómo el mundo empresarial pierde el control de un presidente volátil e impredecible. El exbanquero de Goldman Sachs que lideró la búsqueda del secretario del Tesoro era el muro de contención en el que confiaban para racionalizar los pasos del Gobierno. Su mayor logro, como destacó el comunicado de la Casa Blanca, fue «ayudarme a implementar unos históricos recortes de impuestos que relanzarán de nuevo la economía estadounidense». El mundo empresarial coincide, pero la gloria de Cohn dependerá de que esa reforma fiscal se transforme en la bonanza prometida. Su diagnóstico es que los aranceles se interpondrán en el camino y prefiere desentenderse del resultado.

Deja solo a Jared Kushner, el yerno del presidente que lo trajo a bordo. Acosado por la investigación del fiscal especial por el conflicto de intereses que suponen sus negocios familiares con las negociaciones políticas que dirige, el marido de Ivanka Trump se encuentra cada vez más aislado en la Casa Blanca. Los llamados 'neoyorquinos moderados' están perdiendo la batalla por contener los episodios psicóticos del presidente. «Si intentar que el mandato de mi padre sea un éxito es ser cómplice, lo soy», se defendió ella cuando se la acusó de callar ante sus desmanes. Su misión, como la de Cohn o Dina Powell, otra ex Goldman Sachs que llevó a la Casa Blanca como asesora de Seguridad Nacional, ha fracasado, pero a diferencia de ellos Ivanka y su marido no tienen otra vida a la que volver fuera de sus negocios familiares.

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