20 de Septiembre, 07:25 am
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falleció este fin de semana

Blas Calzada, maestro de la cultura financiera

Cuantos hemos trabajado en los últimos tiempos, de cualquier manera, por incrementar la cultura financiera en España, habremos recibido con hondo pesar la muerte de Blas Calzada. Desde sus responsabilidades en el INE, en la Bolsa, en la CNMV o desde sus muchas charlas, que nunca rehuía, era un hombre que hablaba con la claridad del que domina un tema y el atrevimiento de quien no se consideraba deudor de nadie. Blas era, sobre todo, un hombre culto de esos que en sus conversaciones relaciona con extrema facilidad los distintos campos del saber. Se podía discrepar de sus conclusiones finales, pero era muy difícil oponerse a su desarrollo argumental. Y esa facilidad pedagógica y esa cultura las utilizaba para explicar tanto el funcionamiento de la Bolsa como la repercusión de la fiscalidad sobre el ahorro.

La conocí formando parte de un pequeño consejo asesor editorial para el suplemento de economía que publicaba Diario16 y que yo dirigía. Eran todos amigos de Juan Tomás de Salas, creador del Grupo 16 del que formó parte el propio Blas Calzada en sus orígenes. Estaban en aquel consejo Juan Antonio García Díez, que fuera vicepresidente de Gobierno con UCD; Carlos Bustelo, exministro de Industria y el actual responsable del Banco de España, Luís María Linde. Aquellas reuniones, en las que siempre me sentí un privilegiado, eran algo más que una clase de análisis económico. Era un lugar de encuentro de magníficos y expertos profesionales, que en su momento asumieron diversas responsabilidades políticas, pero que ya no estaban por la labor de conseguir prebendas o nombramientos, lo que les daba mucha libertad en sus análisis. Esa era la libertad de la que siempre hizo gala Blas Calzada. Y es verdad que recordando esos nombres y aquellos debates uno lamenta muchas veces la pobreza del debate político y económico actual.

Tuve luego la posibilidad de disfrutar de la compañía de Blas y de sus conversaciones con ocasión de los cursos sobre el mercado bursátil que a mediados de los años noventa organizó el semanario "Inversión" por toda España con la Bolsa de Madrid, de la que era responsable del Servicio de Estudios. Eran conversaciones sobre lo divino y lo humano en las que, para mí, lo menos importante eran las conclusiones porque valoraba, especialmente, esa posibilidad de intercambiar ideas que, a través de Blas, nos llevaban a cuatro o cinco siglos antes y, al tiempo, nos transportaban a muy diversos mundos como el de la música, la religión o la literatura.
Hace apenas cuatro años tuve la oportunidad de hacerle una entrevista en público en una de las jornadas que organiza "Inversión" y "Finanzas.com". Seguía en plena forma, sin eludir ninguna pregunta por mucho que pudiera comprometerle. No podía ser de otra forma con un hombre que nunca sintió que sus inseparables muletas fueran obstáculo alguno para llegar a cualquier sitio, sobre todo si ese sitio era ese antiguo molino cacereño que tantos momentos de disfrute y relajo le proporcionó. Descanse en paz.

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