15 de Agosto, 20:34 pm

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Reino Unido

Los partidarios del 'Brexit' se plantean una repetición

Robert Hutton

Han pasado diecinueve meses desde que el Reino Unido decidiera en referéndum su salida de la Unión Europea, y la primera ministra Theresa May aún tiene que convencer a la gente de que el 'Brexit' está pasando de verdad. El 16 de enero, el canciller austriaco Sebastian Kurz preguntó directamente a May si el 'Brexit' seguía adelante. El diario alemán Bild hacía la misma pregunta, a lo que May insistía: «Wir verlassen di EU» (Abandonamos la UE). 

El 'Brexit' es el factor político central y predominante del Gobierno de May. Cuenta con su propio departamento de gobierno. Ha ganado todas las votaciones importantes sobre el 'Brexit' en el Parlamento, aunque no siempre le ha resultado fácil. Con todo, sigue cundiendo la sensación y, en determinados círculos, la esperanza de que el Reino Unido decida celebrar un segundo referéndum. Si bien es cierto que existen múltiples obstáculos para que se produzca una repetición, tampoco debe descartarse a medida que se van aclarando las dificultades y los costes del 'Brexit'. Paradójicamente, la idea ha captado la atención de ambos extremos del debate, como se demostró el 11 de enero, cuando uno de los principales responsables de la campaña del 'Brexit', Nigel Farage, antiguo líder del Partido por la Independencia del Reino Unido, afirmó que no descartaba una segunda votación. 

Por encima de todo está la realidad de que, desde el otro lado del Canal de la Mancha, se tiene la sensación de que el Reino Unido no estaba en absoluto preparado para el 'Brexit'. Solo en el mes de diciembre, un acuerdo entre el Reino Unido y la UE para poner en marcha las negociaciones en detalle sobre el comercio prácticamente se rompieron cuando se llegó a la conclusión de que May no había contado con los principales aliados; los estudios secretos de su Gobierno sobre el 'Brexit' resultaron ser poco profundos; y se reveló que su gabinete aún tenía que debatir sobre el tipo de acuerdo que quería alcanzar. 

División

La razón por la que May había evitado hasta entonces estos debates es que el Gobierno, al igual que el país, sigue dividido sobre este asunto. Muchos de los ministros más veteranos, incluyendo el ministro de Hacienda, Philip Hammond, han indicado claramente que creen que abandonar la UE es un error fundamental. Para ellos, el mejor 'Brexit' sería que no hubiera 'Brexit'. Dada la negativa de May a decir públicamente cuál sería el sentido de su voto en un futuro referéndum, es posible que la primera ministra sea de la misma opinión. 

Por otra parte están quienes, como el ministro de Asuntos Exteriores, Boris Johnson, afirman que cuanto más se aleje el Reino Unido de la UE, mejor le irá. Sin embargo, incluso los partidarios más firmes del 'Brexit' son incapaces de aclarar cómo resolverían ciertos problemas prácticos como la frontera terrestre entre el Reino Unido e Irlanda. El verano pasado, las autoridades de la UE sugirieron la idea de que la desorganización del Reino Unido en realidad era un engaño orquestado para que se confiaran con una falsa sensación de seguridad. Ahora parecen creer que el caos es real, y una señal de que 'Brexit' no significa 'Brexit'. Esta cuestión es una preocupación para May, cuya estrategia de negociación depende de que se les tome en serio. Los diplomáticos de la UE han dejado claro que la prioridad absoluta es la integridad de la Unión. Este es un incentivo considerable para que la UE presente como poco apetecible la salida, particularmente si el hecho de hacerlo abre alguna posibilidad de que el Reino Unido se plantee cambiar de opinión. 

Existen precedentes en países europeos de cambio de opinión en referéndums. Irlanda rechazó en dos ocasiones los tratados de la UE, en 2001 y 2008, y se le pidió que se lo replanteara. Los daneses rechazaron un tratado de la UE en 1992 para acabar aceptándolo, con modificaciones, en 1993. Esto ayuda a explicar por qué el presidente del Consejo de la UE Donald Tusk sugirió la idea de que el Reino Unido podría cambiar de opinión. «Nuestros corazones siguen abiertos» al Reino Unido, afirmó el pasado 16 de enero. El presidente de la Comisión Jean-Claude Juncker hizo suyo también este sentimiento. Estos comentarios han provocado frustración en Londres. «Hemos dejado claro varias veces que vamos a abandonar la Unión Europea», declaró a los periodistas James Slack, portavoz de May, el pasado 17 de enero. «No creo que podamos decirlo mucho más claro».

Incertidumbre

Sin embargo, en Reino Unido hay voces, como la del ex primer ministro Tony Blair y el ex vice primer ministro Nick Clegg, que esperan que el 'Brexit' se pueda detener. Para ellos, una segunda votación sería muy bienvenida: hace falta un referéndum para anular otro referéndum. Su problema es que si la votación se repitiera mañana, no pueden estar seguros del resultado. «En estos momentos no hay un apoyo masivo para un segundo referéndum sobre la salida o no del Reino Unido; ni siquiera un apoyo masivo a un referéndum sobre las condiciones del acuerdo del 'Brexit'», afirma Matthew Goodwin, profesor de Política en la Universidad de Kent. Incluso los legisladores que afirman que el 'Brexit' es un error, consideran que están sujetos al resultado del referéndum. Por tanto, el Gobierno de May no ha dejado claro qué tipo de 'Brexit' quiere, porque sus ministros no alcanzan un acuerdo. Pero siguen adelante. 

Tras tres años de movimientos políticos inesperados, es fácil imaginar fórmulas en las que un referéndum empiece a sonar como la respuesta a un bloqueo político. Los oponentes al 'Brexit' quieren un referéndum sobre el acuerdo final que garantiza May, en el que el «no» significaría que el Reino Unido se quedaría en la UE. En su opinión, la razón en parte de que la opinión pública no haya cambiado es que las perspectivas del 'Brexit' no se han materializado en los desastres económicos previstos.
En este sentido, la UE podría empezar a ayudar. Según Sam Lowe, del Centro para la Reforma Europea, uno de los objetivos de los negociadores de la UE es presionar a May para que explique la realidad del 'Brexit' a los votantes. «La segunda fase de las negociaciones sobre la salida, para la UE, consiste en forzar al Reino Unido a reconocer las concesiones económicas inherentes del 'Brexit'», según Lowe. «Tenemos la esperanza de que cuando se sinceren, si lo hacen, llegará un momento en que el país se planteará: '¿de verdad queremos hacer esto?'».

En este sentido, puede que haya cada vez más señales de que May podría optar por algún tipo de «seudo-Brexit». El secretario para el 'Brexit', David Davis afirmó el 24 de enero que el Reino Unido no se alejaría del régimen normativo de la UE tras el 'Brexit'. Estas perspectivas llevaron a Farage a proponer su propia versión de segunda vuelta, en la que se pediría al público que decida si de verdad quiere o no abandonar la UE con todas las consecuencias. Si bien es cierto que Farage no tiene el peso suficiente para lograr algo así, es posible que, al igual que ocurrió con el último referéndum sobre el 'Brexit', lograra contar con el apoyo de uno de los pesos pesados de los Tories: Johnson.

El hombre universalmente conocido como «Boris» recientemente ha estado pidiendo de forma medio pública al Gobierno ideas más importantes y atrevidas. Está claro que podría liderar una revuelta contra May, por la traición al 'Brexit'. Johnson no se mostró muy entusiasmado el pasado 15 de enero cuando le preguntaron sobre una repetición. «Fue algo que provocó un malestar considerable y un examen de conciencia que todos tuvimos que pasar», afirmó a The Guardian. «No estoy seguro de que el público esté como loco por celebrar otro 'Brexit'». Pero Johnson ha demostrado que es capaz de dar un giro de 180 grados. No ha parecido muy cómodo en su papel de ministro de Asuntos Exteriores. Puede que lo que necesite sea retomar su papel principal en el Referéndum sobre el 'Brexit': segunda parte.

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