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El expresidente de la CAM alega ahora que era ajeno a los problemas que tenía la entidad

J.M.Camarero

Modesto Crespo admite que no tuvo constancia de la situación real de la caja, y que se limitaba ayudar porque carecía de formación bancaria

El expresidente de Caja de Ahorros del Mediterráneo (CAM), Modesto Crespo, quiso este martes despojarse del cargo que ostentó durante varios años al frente de la entidad al transmitir la idea de que desconocía la situación por la que pasaba la tercera caja más importante de España en 2011, cuando fue intervenida por el Banco de España. No se había percatado del estado de sus cuentas financieras; se fiaba de todo lo que le decían; y apenas tenía conocimientos técnicos.

En su defensa ante el tribunal de la Audiencia Nacional que juzga a la antigua cúpula de la CAM por varios delitos societarios y el cobro de 47,3 millones en indemnizaciones fraudulentas, Modesto Crespo expuso este martes a los magistrados que «hasta 15 días antes» de la intervención de la entidad, todas las noticias sobre su estado «eran siempre positivas». El expresidente indicó que nunca tuvo constancia de que se hubiera registrado ninguna irregularidad en la caja, cuyas cuentas se aprobaban «por unanimidad» y con el respaldo de la auditoria KPMG. Sin embargo, en torno a este último aspecto, la instrucción del caso concluyó que la CAM había ocultado información relevante a esa firma, una circunstancia que posteriormente derivó en una auditoría en la que se confirmó un resultado negativo de 1.136 millones en el primer semestre, frente a los 38 millones de ganancias anunciados por la firma en sus cuentas del primer trimestre aún sin auditar.

En un intento por desligarse de cualquier responsabilidad financiera, el expresidente de la CAM insistió ante el tribunal que prácticamente no intervenía en ninguna toma de decisión relevante de la caja. Se limitaba a confirmar el criterio de otros expertos de la caja en los que él «confiaba». Además, reconoció que carecía de «conocimientos técnicos y contables» y que sólo se limitó a «ayudar» en lo que pudo en los dos años en los que estuvo al frente de la entidad.

De hecho, en su comparecencia relató que había formado parte de la CECA (Confederación Española de Cajas de Ahorros) porque los presidentes de las cajas valencianas debían rotar en ese puesto, y no tanto por sus conocimientos financieros, porque, además, no le gustaba la actividad que ejercía.

Aunque en ningún momento confirmó que «firmara papeles en blanco sin conocer sus contenidos», sí admitió que si la ex directora general de la entidad, Dolores Amorós, o el que fuera director general de Planificación y Control, Teófilo Sogorb, le presentaban documentos para su firma «no tenía por qué desconfiar».

Crespo también rechazó tener responsabilidad alguna en las retribuciones otorgadas a los altos cargos de la ca y que, según la Fiscalía, costaron a la CAM 20 millones de euros, justo cuando su situación financiera era más crítica.

Por su parte, el que fuera director general de la caja entre 2011 y 2011, Roberto López Abad, afirmó en su declaración que la entidad «no era lo peor de lo peor», como había insinuado el exgobernador del Banco de España, Miguel Ángel Fernández Ordóñez. López Abad también insistió en que si las cuentas salieron adelante en 2010 y 2011 fue porque la auditora lo autorizó «sin salvedad» alguna.

     El directivo defendió la solvencia de la entidad de origen alicantino, posteriormente rescatada para después pasar a manos de Banco Sabadell, indicando que las cuentas «nunca se modificaron, para nada», mientras tildaba esa idea de «ridículo» por parte de las acusaciones.

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