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El negocio del spam

Michael McLoughlin

Muchas veces, gracias a los filtros que traen por defecto las plataformas más populares de correo, no somos del todo conscientes del problema, pero sigue ahí. Millones de correos y mensajes no deseados circulan cada día por las arterias del internet mundial. A veces se limita a una inofensiva publicidad, pero otras veces incluyen enlaces maliciosos y otras triquiñuelas para obtener un beneficio ilícito a costa de un buen número de usuarios que siguen pecando de una excesiva inocencia. Y es que aún a día de hoy el del 'spam' es un negocio muy lucrativo con el que los delincuentes pueden ganar cientos de miles de euros.

Este mes las autoridades internacionales han conseguido dar caza a uno de los cabecillas de este gremio. Barcelona ha sido el destino final de una persecución digital de años de duración. Allí, en la ciudad condal, la Policía Nacional -en una operación en colaboración con el FBI- detuvieron a Piotr Levashov, aunque casi nadie le conozca por su nombre de pila.

Este 'hacker' ruso es el padre de 'Kelihos', una red de 'botnets' -redes de equipos que se ejecutan autónomamente- creada en 2010 y utilizada para campañas mundiales de 'spam', robos de miles de bitcoins así como ataques de denegación de servicio, acciones capaces de dejar fuera de juego durante horas populares plataformas como Telegram o sin conexión a la mitad de la costa este de EE UU.

Levashov tan solo tiene 36 años. Algo que no le impide atesorar una pequeña fortuna. Y es que analistas de postín en los mentideros especializados, como Brian Krebs, estiman que el detenido pudo ganar en los últimos tiempos casi 600.000 euros solo con el 'correo basura'. No en vano, ocupa el séptimo puesto del 'KROSKO', una especie de clasificación ATP que reconoce a los mayores 'spammers' del mundo.

La de Levashov es una estructura muy similar a la de otros 'hackers'. En este caso, había engrasado una maquinaria cibernética capaz de poner en circulación diariamente más de millón y medio de estos mensajes.

Lo que hizo presuntamente este ciberdelicuente ruso es tomar el control de 100.000 computadores en todo el mundo, que infectó sin que sus propietarios fuesen conscientes. Es lo que viene a definirse como 'ordenadores zombies', equipos que conforman un punto de una 'botnet' y que ejercen como emisor de 'spam' automáticamente.

Por si fuese poco Levashov no solo utilizaba esta inmensa red para sus campañas sino que los alquilaba a otros criminales para sus respectivas acciones. Y todo con un tarifario, como si fuese cualquier servicio de la nube. Por apenas 200 euros, uno podía enviar un millón de mensajes. En el caso de publicidad engañosa sobre trabajo o subastas, eran 280 euros, y las de 'phising' ascendían hasta casi 500 euros.

España, en la cúspide

Este caso no viene más que a confirmar el lucrativo negocio que sigue siendo esta actividad ilegal. Los últimos datos registrados, referidos al ejercicio de 2015, situaban además a España en el puesto número siete del ránking mundial de países emisores de spam.

Este informe, realizado por Kaspersky Lab, ponía el acento en cómo se estaba reduciendo los envíos de tipo publicitario, que estaban siendo reemplazados por acciones mucho más agresivas como 'phising' o descargas de troyanos. El motivo es que muchos usuarios ya habían aprendido a identificar estos mails y se buscaba maximizar el beneficio por acción.

Sin embargo, la proliferación de las redes sociales ha hecho ahora que los criminales también se fijen en estos sitios para hacer negocio. Recientemente Facebook descubrió una red de perfiles falsos que a través de comentarios y 'me gusta' conseguían hacerse 'amigos' de miles de usuarios a los que enviar información no deseada. La compañía trabajó varios meses para neutralizar esta amenaza, que se ha dejado notar especialmente en países como Arabia Saudí o Indonesia, entre otros. Una investigación publicada hace cuatro años -por lo que es previsible que estos ataques se hayan multiplicado- cifraba en 200 millones de euros el negocio de los 'spammers' en Facebook. Sin embargo, el riesgo es grande. No en vano, existe un historial en la justicia -especialmente en EE UU- de multas estratosféricas -hasta de 700 millones de euros- a personas que se dedicaban a estas actividades.

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