Vocento 15 años 21 de Noviembre, 20:17 pm

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El 'poli malo' endurece el 'brexit'

Adolfo Lorente

El Parlamento Europeo aprueba por abrumadora mayoría sus líneas rojas y advierte de que tiene capacidad de veto sobre cualquier acuerdo

 Con amenazas de guerra incluidas y los tabloides británicos gozando como nunca, parece que han pasado meses desde la histórica activación del Artículo 50 por parte de Reino Unido y sólo ha transcurrido una semana del inicio del 'brexit'. La madre de todas las negociaciones ni siquiera ha comenzado y ya parece al borde de la ruptura. El 'Brexit' es pasión y ayer, el Parlamento Europeo dio la mejor muestra de todo lo que supone y significará. El debate fue intenso, duro. Política con mayúsculas que tanto se echa de menos por otros lares. El futuro del 'Brexit' está en sus manos. Porque aquí, a diferencia de otros muchos asuntos, la Eurocámara pinta y mucho.

La gran negociación política se llevará a cabo en el Consejo (reúne a las capitales), la Comisión (el Ejecutivo) y el Gobierno de Reino Unido (el Estado miembro número 28 que dejará de serlo el 27 de marzo de 2019). Sin embargo, cualquiera acuerdo que sea alcanzado deberá ser refrendando por el pleno del Parlamento, que tiene capacidad de veto y no dudará en usarlo, como así lo advirtió el jefe de filas de los socialdemócratas (S&D), Gianni Pittella. «Si alguien en Reino Unido cree que se va a quedar con lo mejor de la UE dejando a un lado sus obligaciones, se equivoca. No pasará. Por supuesto que seguiremos siendo amigos, pero la UE debe mantener una posición dura en las negociaciones», zanjó el presidente del grupo del PP europeo, el alemán Manfred Weber. Conservadores y socialistas suman una holgada mayoría en la Cámara, pero si a esta se le añaden los liberales de Guy Verfohstadt (negociador jefe de la Eurocámara) y varios grupos de la izquierda, la mayoría es abrumadora.

Con 516 votos a favor, 133 en contra y 50 abstenciones, el Parlamento aprobó sus líneas rojas de cara a la futura negociación. Nada nuevo que no se sabía, pero que solo el hecho de poner negro sobre blanco sus planteamientos ya supone un quebradero de cabeza para Londres, que por ejemplo quería negociar de forma bilateral tanto el divorcio como el futuro noviazgo comercial. No será así. Los dos primeros años serán para consumar la salida y los venideros, para acordar la futura relación entre ambos bloques. ¿Cómo será? De momento, solo se sabe que «Reino Unido nunca podrá disfrutar de las ventajas de ser un Estado miembro».

El relato europeo ya está definido y en él, los británicos siempre deben salir perdiendo. Primero, por el desprecio que supone el portazo (al club se entra, no se sale); y segundo, para marcar el terreno a futuras aventuras en otros países en pleno fragor populista. A rebeldía política, hay pocos que le ganen al Parlamento y en el 'Brexit', está deseando de adoptar su tradicional rol de 'poli malo'. Por ejemplo, recuerdan a Reino Unido que hasta el 27 de marzo de 2019 deben cumplir con sus obligaciones como Estado miembro y advierten de que a partir del 'Brexit', si se dan periodos transitorios, deben ser limitados y siempre acatando la legislación comunitaria. «Las personas deben ser lo primero y no aceptaremos chantajes como en cuestiones de seguridad», recalcaron al unísono.

De «mafia» a «gánsteres»

«Seamos realistas. La presencia de Reino Unido en la UE nunca ha sido una historia de amor, sino un matrimonio de conveniencia. La relación nunca ha sido fácil. El 'brexit' ha sucedido por una pelea interna dentro de los tories, pero estoy seguro que en un futuro, las generaciones jóvenes volverán a la UE. El 'brexit' es una estupidez», lamentó Verhofstadt, que también loó la contribución de los valores británicos al club. «Reino Unido se merece un futuro mejor. Sus mentiras han provocado el caos en su país», censuró un enojado Pittella señalando a la bancada del socarrón Nigel Farage.

El líder eurófobo de los independentistas del UKIP ni sorprendió ni defraudó. Tan pronto se definía como un pájaro que ya puede volar en libertad, como llamaba «mafiosos» a la UE. Tras ser llamado al orden por el presidente, Antonio Tajani, se disculpó «por las sensibilidades nacionales» (Tajani es italiano) y cambió su insulto por el de «gánsteres». Los suyos reían y reían.

También participaron en el debate el presidente de la Comisión, Jean-Claude Juncker, y el negociador jefe de la Unión, Michel Barnier, quien advirtió de que «el diablo está en los detalles» de una negociación que debe pivotar sobre tres condiciones. El primero, la «unidad de los 27». El segundo, «acabar con la incertidumbre y restablecer la seguridad jurídica» tanto de empresas como de personas. Y tercero, dejar muy claro que no habrá una negociación en paralelo. Primero el divorcio, establecer qué pasa con los 4,5 millones de personas afectadas y los 60.000 millones que debe pagar Reino Unido, y luego, ya se hablará de futuro y de acuerdos comerciales que «jamás serán tan buenos como lo son ahora».

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