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Draghi no cede ante Berlín e incluso abre la puerta a posibles tipos negativos

Adolfo Lorente

El BCE revisa ligeramente al alza el crecimiento de este año y el de 2018 y vaticina que la inflación seguirá sin llegar al 2% al menos hasta 2020

La presión de países como Alemania para que acaben los estímulos por el alza de la inflación es enorme, pero Mario Draghi sigue aguantando el tipo. En concreto, al histórico 0%. No solo eso. Este jueves incluso se permitió la licencia de abrir la puerta a la posible llegada de tipos negativos a la Eurozona, algo que ya ocurre en su facilidad de depósito, que está referida al -0,40%.

Precisamente este viernes se cumple el primer año desde que el BCE decidió tirar la casa por la ventana y 'regalar' el dinero. Y a tenor de lo anunciado por el banquero italiano, no será cosa de dos días: «El Consejo de Gobierno sigue esperando que los tipos de interés oficiales se mantengan en los niveles actuales, o en niveles inferiores, durante un período prolongado que superará con creces el horizonte de sus compras netas de activos (QE)».

Dicho programa, que acumula 1,41 billones y que este jueves cumplió dos años, estaba previsto que concluyera en diciembre de este año -de hecho, desde abril su volumen bajará de de 80.000 a 60.000 millones al mes- aunque desde el BCE ya han advertido de que seguirá más allá de ese límite «si es necesario».

En cuanto a los tipos negativos, Draghi se cuidó mucho de mencionar ese terminó tabú para Alemania y sus 'halcones', pero abrir la puerta a que desciendan por debajo de los niveles actuales -0% en el tipo para las operaciones principales de financiación y 0,25% en la facilidad de depósito- parece toda una invitación a que se genere ese debate.

En cualquier caso, la noticia de esta última reunión del BCE fue que al final no sucedieron las cosas que podían haber pasado. No hubo la más mínima señal de retirada de los estímulos (lo que se conoce por 'tapering'), todo lo contrario. No obstante, sí hay ciertos matices a tener en cuenta. «Hemos retirado la referencia a usar todos los instrumentos a nuestra disposición para señalar que el carácter de urgencia ha desaparecido», matizó su presidente.

La gran excusa de Draghi para adentrarse en terreno inexplorado siempre ha sido la baja inflación impulsada por el desplome de los precios del petróleo. El objetivo del BCE es que se encuentre «por debajo pero muy cerca del 2%», lo que no sucede en cuatro años. Sin embargo, la tendencia ha cambiado de forma radical y la inflación cerró el mes pasado por primera vez al 2% desde enero de 2013. De ahí la esperanza alemana de que actuase, de que hubiese noticia. Pero no. La excusa, ahora, es que la inflación subyacente, la 'sana' que excluye energía y alimentos frescos, sigue muy lejos (al 0,9%) de los objetivos marcados.

Demasiado atados

«La Eurozona aún depende demasiado del BCE para mantener las tasas de crecimiento», sugirió Draghi tras recordar el «éxito» de sus medidas para revitalizar la economía recordando, por ejemplo, que el paro en la zona euro ha caído a niveles de mayo de 2009. Así se refleja en las nuevas previsiones de crecimiento elaboradas por la institución, que respecto a lo dicho en diciembre, prevén un ligero incremento tanto este año (pasa del 1,7% del PIB al 1,8%) como el que viene (del 1,6% al 1,9%). En 2019, seguirá igual, en el 1,6%. Pero la tendencia es preocupante pues se sigue creciendo, sí, aunque en evidente desaceleración.

Sobre las nuevas proyecciones de inflación (clave para saber qué hará el BCE), se produce un sustancial aumento para este año (del 1,3% al 1,7%), pasa del 1,5% al 1,6% en 2018 y sigue en el 1,6% en 2019. Es decir, al menos hasta 2020 y ya sin Draghi al frente del BCE (acaba mandato el 31 de octubre de 2019), no se llegará de forma sostenida y estable el 2% fijado en sus estatutos.

En lo económico, los focos miraban a Fráncfort; en lo político, a Bruselas. Y en ambas ciudades estuvo Draghi. En la segunda, y ante los jefes de Estado y de Gobierno de la UE, les instó de nuevo a ponerse las pilas, apostar por reformas estructurales y diseñar políticas fiscales orientadas al crecimiento. «La política monetaria no puede hacer el trabajo sola y requiere de otras áreas para mantener la recuperación», advirtió tras afirmar que «el euro es irrevocable».

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