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Las mil vidas del cuestionado Juncker

Adolfo Lorente

El presidente de la Comisión ha anunciado que no repetirá en 2019 pero los rumores sobre su dimisión a las puertas de la gran cumbre de Roma se han reavivado

La efeméride llegó en el peor momento, pero el 7 de febrero se cumplió el 25 de aniversario del Tratado de Maastricht, un hito clave en la construcción de la Unión Europea y la creación del euro. Y allí estaba él, plasmando su firma como primer ministro de Luxemburgo. Hoy, un cuarto de siglo después, es el único de los firmantes que continúa en activo y lo hace, además, presidiendo la Comisión Europea, cargo al que accedió el 1 de noviembre de 2014 tras ganar las elecciones europeas (ojo, este matiz es clave). Jean-Claude Juncker es eterno, y no será por las veces que han intentado 'matarle' políticamente estos dos últimos años y medio. La última, el pasado lunes, con una filtración que aseguraba que su dimisión era cuestión de semanas. No lo hará. Todo quedará en la enésima cicatriz para el hombre de las mil vidas.

En esta ocasión, el rumor ya secular sobre su marcha se produjo a través de un artículo del periódico italiano 'La Repubblica' citando fuentes anónimas de las institución. Situaba su dimisión después de la simbólica cumbre que se celebrará precisamente en Italia el 25 de marzo para conmemorar el 60 aniversario del Tratado de Roma. Y lo haría, siempre según esta versión, por las presiones de capitales como Berlín, que no quieren que Juncker vaya por libre vendiendo una Unión en la que ahora no creen muchos de sus Estados miembros. Como sustitutos, sonarían el vicepresidente popular Jyrki Katainen, y el vicepresidente primero, Frans Timmermans, del ala socialdemócrata. Todo así, en condicional, porque no pasará. O al menos, así lo han señalado de forma oficial su gabinete y así lo aseguran de forma tajante un alto cargo comunitario consultado.

«Una cosa está clara, el presidente cumplirá su mandato entero (hasta noviembre de 2019), con mucha energía y entusiasmo, como lo ha hecho desde el primer día en que pisó el edificio de la Comisión», zanjó el mismo lunes Alexander Winterstein, uno de sus portavoces. «Es una pura invención», apostilló la también portavoz Natasha Bertaud. Más contundente se mostró a través de Twitter el portavoz jefe, Margaritis Schinas, quien habló de «noticias falsas e inventadas en Bruselas y apostilló que tienen «mucho trabajo como para preocuparnos de cotilleos».

¿Qué está pasando? El pasado día 13, justo una semana antes del artículo de 'La Repubblica', él mismo ratificó en una radio alemana que no iba a aspirar a un segundo mandato, como por otra parte siempre había dicho. «No estoy cansado de mi puesto, pero cinco años son suficientes», apostilló. En este sentido y sin citar a su antecesor, Jose Manuel Durao Barroso, explicó que hacerlo podría condicionar la segunda mitad de su mandato ya que podría interpretarse que legislaría a gusto de los Estados miembros para ganar su favor. Él quiere actuar con libertad y su anuncio, dijo, contribuirá a ello. Como era previsible, el eco de sus palabras llegó a Bruselas en forma de tsunami.

«Si se va Schulz, también yo»

El europeísmo de Juncker es clave en una disputa geopolítica que tiene varios frentes abiertos. Siempre ha defendido que su Comisión sería la más política de la historia, por lo que se rodeó de antiguos primeros ministros o exministros en el Colegio. Sin embargo, siempre se topó con la resistencia del Consejo Europeo, de los países, que a la postre siempre tienen la última palabra para casi todo. Ellos quieren el control político y reducir al rol del Ejecutivo comunitario a lo administrativo, algo a lo que Juncker no está dispuesto.

El mejor ejemplo fue la agria disputa sobre las cuotas migratorias obligatorias en la acogida de refugiados. Bruselas quería más Europa, los países, por contra, dijeron no, especialmente el rebelde bloque del Este. La crisis estalló hace un año y fueron momentos de enorme tensión y crispación que culminaron con el 'Brexit', cuyo éxito fue achacado por muchos por las 'blandas' políticas migratorias impulsadas desde Bruselas. De hecho, el ministro de Exteriores checo no tuvo reparos en pedir la dimisión del luxemburgués.

Para muchos, Juncker es «demasiado europeísta» en un momento en el que las capitales, atemorizadas por el auge del populismo, se han plegado en favor de los intereses nacionales. Y ahora, con la trascendental cumbre de Roma a la vuelta de la esquina, muchos temen que el Ejecutivo comunitario busque dejar en evidencia a los Estados miembros en el Libro Blanco sobre el futuro de Europa que presentará quizá la próxima semana. Juncker no quiere que la declaración del 25 de marzo se quede en una mera concatenación de vaguedades como pretenden algunos, según explican diversas fuentes diplomáticas.

Los rumores sobre la dimisión de Juncker han sido una constante durante su mandato e incluso antes. En mayo de 2014 se celebraron las primeras elecciones al Parlamento Europeo en las que los partidos presentaban a un candidato. Juncker fue el cabeza de lista del PP europeo, ganó al socialdemócrata alemán Martin Schulz y, pese a todo, Merkel sondeó la posibilidad de relegarle.

El luxemburgués no cedió, llegó a la presidencia de la Comisión y como 'regalo' de bienvenida recibió la macrofiltración del 'Luxleaks' y las dudosas prácticas fiscales que durante años había amparado el Gobierno de Luxemburgo liderado por él. La tormenta pasó, pero antes de este último artículo de 'La Repubblica', hubo otra 'crisis' con la dimisión de Jean-Claude Juncker como protagonista.

Él defendió con vehemencia la reelección de Schulz como presidente de la Eurocámara pese a ser de la familia política rival. Los suyos, el PP, no le hicieron caso. Dicen que amagó con dimitir, pero su equipo lo negó de nuevo. Sin embargo, nunca está de más recordar una de las grandes frases de Juncker: «Cuando las cosas se ponen serias, hace falta mentir».

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