21 de Enero, 00:39 am

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análisis

La política, protagonista de las economías globales

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2016 nos ha traído una serie de eventos políticos impredecibles o, al menos, eventos que no predijeron la mayoría de encuestas y expertos. Además del referéndum en Inglaterra (Brexit) y la elección de Donald Trump, en los últimos seis meses se han celebrado elecciones parciales y primarias en varios países europeos. La tendencia general muestra el deseo de los países de apostar por ellos mismos y por los estímulos económicos, siempre que los programas aporten beneficios prácticos a los países en cuestión y no a los mercados emergentes, como ha ocurrido anteriormente. Los economistas esperan que se empiecen a cuestionar los planes de austeridad, incluso en los países más ortodoxos. Por ese motivo estamos viendo a algunos países adoptando nuevos planes de desarrollo de sus infraestructuras y de rearme. Ese cambio podría lograr lo que los bancos centrales han estado tratando de conseguir en vano: un retorno de la inflación controlada. Sin embargo, estas políticas de corte proteccionista y populista podrían causar efectos secundarios al desencadenar tendencias inflacionistas más difíciles de controlar.

Los mercados han reaccionado inmediatamente aunque cabe decir que las reacciones no han sido las esperadas por los expertos. Pese a las expectativas, los mercados no cayeron tras la victoria electoral de Trump como tampoco lo hicieron después de la votación del Brexit. Así, han acogido con satisfacción las políticas de estímulo y los recortes de impuestos anunciados tanto en el Reino Unido como en Estados Unidos. En otras palabras, han respondido positivamente al cambio hacia políticas fiscales más eficaces. En Estados Unidos los rendimientos de los bonos han aumentado considerablemente a lo largo de la curva, los precios de las acciones han alcanzado nuevos récords, el dólar ha comenzado a subir de nuevo y los activos refugio como el oro incluso han sufrido una corrección en contra de las expectativas de la mayoría de los expertos.

Los rendimientos de los bonos han aumentado significativamente produciendo oportunidades en dólares a corto plazo en ciertos valores de renta fija. Aunque cabe añadir que el resultado ha sido una caída fuerte en los precios de los bonos de larga duración, junto con mayores diferencias respecto a los bonos de menor calidad. Además, estamos asistiendo a un resurgimiento de la popularidad de los bonos con mayor riesgo, que en ocasiones afecta negativamente a carteras que contienen bonos de dudosa calidad. En este punto, los expertos hacen hincapié en la necesidad de reequilibrar las carteras invirtiendo en acciones con el objetivo de evitar nuevas correcciones en caso de un fuerte repunte de las previsiones de inflación.

Este giro de tendencia y el panorama político global totalmente nuevo harán prioritario adoptar una perspectiva más dinámica en cuanto a inversión de bonos y la asignación de activos se refiere, diferenciándose del enfoque de inversión totalmente pasivo y algoritmos que algunos han recomendado hasta la fecha. Los inversores con carteras estáticas redescubrirán el riesgo y adoptaran formas más activas, dinámicas e innovadoras de gestionar sus inversiones en bonos. 

El primer paso que debe tomarse en una situación como la actual es reasignar las carteras y cambiar a bonos más defensivos que han estado fuera de servicio durante muchos años, en particular los TIPS (bonos del Tesoro vinculados a la inflación) y los floating-rate notes. Este tipo de bonos darán a los inversores mayor comodidad hasta que el mercado de bonos vuelva a la normalidad con mayores rentabilidades en todos los vencimientos y una curva de rentabilidad más pronunciada. De esta manera, el ajuste de las carteras de bonos es claramente una prioridad tras los recientes acontecimientos políticos.

Las promesas de Donald Trump han convencido a millones de americanos y los británicos han votado salir de la Unión Europea. Estas decisiones políticas que son fruto de la voluntad de los países harán que los próximos meses muchas regiones miren hacia el futuro y muestren a sus electores que abordarán con prioridad temas como el empleo y la soberanía nacional. De esta forma se plantea un reto para el orden establecido donde hasta ahora las políticas de austeridad eran la norma y donde la política está establecida por los bancos centrales. El regreso de la política per se tendrá consecuencias importantes como el decrecimiento económico global y la frecuente subida de la inflación. Estamos viendo un cambio real en el paradigma político, que podría tener un impacto mayor que el esperado sobre la volatilidad del mercado y el riesgo de las carteras. En este contexto, una gestión cuidada del riesgo y la reasignación de activos en valores altamente predecibles serán cruciales en 2017.

Michel Longhini, CEO Banca Privada de Union Bancaire Privée (UBP)

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