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Reportaje

Los empleados más veteranos de Silicon Valley no se resignan:«No somos viejos para esto»

Carol Hymowitz y Robert Burnson (Bloomberg Businessweek)

Los trabajadores de Silicon Valley mayores de 40 años hacen cursos y cambian su imagen para intentar seguir trabajando. «Si has trabajado durante 10 años en una compañía grande, es probable que te hayas quedado seis generaciones por detrás»

Tras perder su trabajo, el pasado otoño, Andrea Rodríguez se deshizo de todos sus trajes. No es que pensara en no volver a trabajar; es que tenía que parecer más joven. Ocupó con éxito un puesto como formadora de ventas en SugarCRM, una compañía de Cupertino, California, que diseña software de marketing y servicio al cliente para empresas. Cuando quiso darse cuenta, estaba buscando trabajo en Silicon Valley, superados los 50.

En los primeros pasos de su proceso de búsqueda, recuerda, un director de recursos humanos le dijo: «Contamos con un abanico muy amplio de edades, algunos acaban de terminar sus estudios y los más mayores tienen 48 años».

Uff...

A medida que hacía entrevistas, sus cinco trajes de trabajo fueron dejando paso a vestidos con jerséis o chaquetas de colores vivos, o faldas. Empezó a consultar con regularidad Reddit, Yelp, IMDb y MSNBC, mientras buscaba las palabras que no conocía en UrbanDictionary, para poder hablar sobre películas de superhéroes, los Golden State Warriors y las Kardashians. Consiguió 500 contactos en Linkedin, abrió una cuenta en Twitter, Pinterest y Snapchat y comenzó a escribir un blog. Un responsable de RRHH de Aruba, un fabricante de dispositivos inalámbricos de Hewlett Packard Enterprise, leyó su blog y, tras cinco meses en paro, Andrea consiguió otro puesto de trabajo en formación de ventas. 

En su esfuerzo por lograr que sus compañeros de trabajo, de entre veintitantos y treinta y tantos, la vean como una hermana mayor, más que como una madre, Andrea se toma la molestia de socializar en la sala de descanso y en los eventos corporativos. En estos ratos saca a relucir sus conocimientos sobre Reddit y IMDb. «Si se te ocurre hablar de Julie Andrews en «Sonrisas y lágrimas», se hace el silencio», afirma. «Te ven como un bicho raro». El trabajador medio en EE.UU. tiene 42 años, una cifra que tiene sentido, teniendo en cuenta los umbrales de la vida laboral. En las compañías de Silicon Valley, es más probable que la edad media de los empleados sea de 31 (Apple), 30 (Google, Tesla), 29 (Facebook, LinkedIn), o incluso inferior según PayScale, la compañía de estudios salariales.

Más jóvenes, más baratos

Son muchos los sectores que tratan de reemplazar a sus empleados más antiguos por otros más jóvenes, más baratos, pero las compañías tecnológicas de la Bahía de San Francisco tienen particularmente poco interés e incluso desconfían de los currículum demasiado largos, afirma Michael Welch, abogado laboralista de San Francisco. Es bien conocido el resumen que hizo Mark Zuckerberg de los valores de Silicon Valley, al afirmar que «los jóvenes simplemente son más listos». 

Pero no todos los trabajadores veteranos se van sin hacer ruido. Desde 2008 hasta el año pasado, las 150 mayores compañías de Silicon Valley acumularon 226 demandas por discriminación por cuestión de edad ante el Departamento de Empleo Justo y Vivienda de California, un 28 por ciento más que las demandas por discriminación por causas raciales y un 9 por ciento más que por causa de género. El mes pasado, varios exempleados de la antigua Hewlett-Packard demandaron a sendas compañías nacidas de la escisión de la misma: HP Enterprise y HP, alegando que fueron objeto de despidos masivos por cuestión de edad. Uno de los demandantes, un experto en eficiencia, acababa de alcanzar el resultado más alto de HP; un nivel que solo lograron alcanzar 250 de sus 50.000 empleados. 

Las demandas revisten calidad de acción colectiva en lo que respecta a los empleados de 40 años o más, a quienes se despidió y se sustituyó por empleados más jóvenes.

El año que viene se prevé que Google afronte un juicio por contratación por cuestión de edad. Las partes demandadas han renunciado a realizar declaraciones. HP y Google niegan las alegaciones vertidas por los exempleados y afirman que se defenderán. 

Los procesos judiciales son caros y desincentivan la posible contratación. Muchos empleados veteranos del sector tecnológico hacen lo que pueden para parecer más jóvenes e intentar ganarse a sus jefes, que a menudo son más jóvenes que sus propios hijos. Más allá de los típicos trucos de los procesos de preselección, como indicar solamente los últimos puestos en la experiencia laboral o actualizar las imágenes en los perfiles online, quienes buscan empleo invierten en reconvertirse, colarse entre los elegidos y cambiar su apariencia de cualquier modo posible, incluyendo la cirugía plástica.

Consejos

En ProMatch, un programa estatal de networking y asesoramiento laboral de Sunnyvale, California, Robert Withers aconseja principalmente a sus clientes más veteranos o de mediana edad que quiten de su currículum cualquier experiencia que se remonte más de 10 años, que recurran a un fotógrafo profesional para sus fotografías de LinkedIn y que se den una vuelta por el parking de la empresa para ver cómo viste la gente. Michael Peredo, un ingeniero del sector del automóvil de 55 años despedido de Mercedes-Benz en febrero de 2015 afirma que le costó deshacerse de la corbata y pasarse a las camisetas, como le sugirieron algunas personas que conoció en ProMatch. «Ahora me siento yo mismo con esta ropa», afirma. Pasó 18 meses en paro hasta que le cayó un contrato en Veldyne, programando software para vehículos sin conductor. Justo antes de aquella entrevista, decidió quitarse la corbata. 

«Si has trabajado 10 años para una compañía grande y te despiden, es muy probable que te hayas quedado seis generaciones por detrás», afirma Jonathan Nelson, CEO de la red social de Silicon Vallery Hackers/Founders, que organiza reuniones para emprendedores. «Conozco a ingenieros venidos a menos que a los 40 o 50 se han tenido que reciclar para diseñar aplicaciones para móviles o bases de datos, y otros que ahora son conductores de Uber». 

Bob Schoenberger, de 61 años, no está entre los afortunados. Ha tenido que recibir clases para aprender nuevos lenguajes de programación desde que su empleo en la compañía fabricante de chips Applied Materials se externalizó a Asia en 2010, pero más allá de algún contrato de trabajo en la compañía de material sanitario Hospira, su mujer y él han tenido que subsistir gracias a las prestaciones por desempleo, cada vez más exiguas, sus ahorros y la venta del terreno en el que planeaban jubilarse. Schoenberger prevé comenzar un programa de formación para convertirse en técnico farmacéutico. «Tengo bastante aceptado que tendré que marcharme de aquí para vivir en un sitio más barato», afirma. «Vender la casa y huir». 

OCULTAR LAS CANAS

Un ingeniero informático de 60 años, despedido en enero tras siete años en una compañía de fabricación de chips de San Jose, que ahora acude a las entrevistas de trabajo con camisa informal, pantalones caquis y zapatillas, estudia sistemas integrados (teléfonos móviles, consolas de videojuegos) en una escuela de extensión municipal y ha empezado a preocuparse por ocultar sus canas con un tono caoba. También se ha sometido a una blefaroplastia, una cirugía plástica para reducir las bolsas y las ojeras. «Lo mejor es mantenerse actualizado y parecer lo más joven posible si quieres seguir trabajando en un sector en el que muchos profesionales están en la veintena», afirma. «Quiero seguir trabajando en el sector tecnológico porque me encanta resolver problemas, y aún no he ahorrado suficiente para mi jubilación». Incluso los trucos más agresivos para parecer más joven podrían no ser suficientes. 

En Silicon Valley, como en la mayoría de sitios, la inserción laboral pasa por contar con una red de contactos. Cynthia Houston, de 54 años, lleva un corte de pelo asimétrico y juvenil y viste como le recomienda su sobrina pero lleva dos años sin encontrar trabajo desde que perdió su puesto como gestora de proyectos en la compañía de servicios en la nube VMware. 

Su último contrato le llegó de casualidad en HP, por una recomendación de una antigua compañera de trabajo. «Hasta ahora, todos los trabajos que he conseguido han sido a través de conocidos», afirma. «Pero ahora no tengo a nadie».

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