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escándalo en Ausbanc

Pineda ordenaba falsas acusaciones contra los magistrados que fallaban en su contra

Melchor Sáiz-Pardo

La Policía está convencida de que Pineda intentó corromper a algunos magistrados mediante el pago de cursos profesionales.

El presidente de Ausbanc, Luis Pineda, consideraba a los tribunales de justicia un coto más para ejercer sus coacciones a base de amenazas, campañas de desprestigio o dádivas. En las páginas del sumario Ausbanc-Manos Limpias abierto en la Audiencia Nacional hay ya pruebas de que el líder de la presunta trama chantajista ordenaba falsas acusaciones contra los jueces que fallaban en su contra y pagaba cursos a magistrados para ganarse «simpatías».

Quizás el caso más notorio de enemigos togados contra los que Pineda emprendió una campaña de desprestigio es el del juez de primera instancia 11 de Sevilla, Francisco Berjano, que el pasado diciembre condenó al líder de Ausbanc a pagar 90.000 euros por la intromisión en el derecho al honor del portavoz de Facua, Rubén Sánchez. Un pinchazo telefónico de la causa, fechado el pasado 13 de enero, revela que Pineda ordenó a su abogado Alfredo Martínez Muriel que en su recurso incluyera insinuaciones de que el magistrado había prevaricado y «meterle el dedo en el ojo». Las acusaciones eran tan graves que el abogado bromeó con que iba a llevarle «el bocadillo a la cárcel» por sus ataques al magistrado.

Pero el letrado, que en otro pinchazo confiesa haber impugnado unos documentos a sabiendas de que eran verdaderos, cedió y en su recurso ante la Audiencia Provincial deslizó que el juez que había dado la razón a Sánchez «se había podido dejar llevar, siquiera sea inconscientemente, por la tesis del actor por sentirla simple y llanamente más cercana». Además, Pineda y su abogado insinuaron que el juez había fallado a favor del portavoz de Facua porque había participado en unos cursos de la misma universidad en la que organizaba otras jornadas esa asociación.

«Nos pareció que se estaba rozando o insinuando sin base alguna una acusación de delito de prevaricación por parte del juez de primera instancia», recuerda David Bravo, defensor de Rubén Sánchez en este proceso.

«Condicionar»

Pineda acusaba además a sus enemigos de las prácticas turbias con los jueces que él llevaba a cabo. En otro de los pinchazos, el pasado 21 de marzo, el líder de Ausbanc revela que organiza jornadas para jueces y que paga a los magistrados para ganárselos para su causa. «Si no pagas, ¿qué simpatías ganas?», se pregunta en esa llamada.

En ese mismo pinchazo, Pineda ordena al tesorero de Ausbanc, Alfonso Solé, que «ponga a trabajar (a un empleado de su organización) para llamar a cada ponente para pedirle su cuenta corriente para hacer un ingreso por su participación». El baremo de Pineda para los jueces en esas jornadas es 300 euros. Para la Unidad contra la Delincuencia Económica y Fiscal (UDEF) de la Policía no hay duda de que Pineda pretendía con ese dinero «condicionar la opinión jurisdiccional si fuera necesario».

«Uno de los principales objetivos de Ausbanc organizando jornadas jurídicas es el de ganarse las simpatías de los jueces, magistrados y fiscales que intervienen en las mismas, motivo por el cual pone tanto empeño en que los pagos se hagan directamente a través del grupo Ausbanc», apunta la UDEF. Según fuentes de la investigación, «decenas» de miembros de la judicatura cobraron por su asistencia a eventos de Ausbanc.

En otra conversación intervenida en diciembre Pineda se jacta ante el secretario general de Unicaja, Ángel Fernández Noriega, de su relación con el juez de los ERE en Sevilla. «Esto tiene fácil solución y requiere un empujoncito final tuyo y mío», dice en referencia a ese magistrado.

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