28 de Enero, 21:42 pm

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duras negociaciones

El Eurogrupo habla ya de «días» a Grecia si quiere cerrar un pacto aún muy lejano

Adolfo Lorente (Bruselas)

Si alguien decidió darle políticamente por muerto, nada más lejos de la realidad. «Yo tomo las decisiones, yo soy quien marca la pauta», zanjó ayer el ministro de Finanzas griego, Yanis Varoufakis, en una entrevista al diario alemán 'Die Zeit'. La realidad, al menos desde la óptica de Bruselas, parece ser otra bien distinta. «Es una buena señal», confesó el comisario de Asuntos Económicos, Pierre Moscovici, cuando fue interpelado sobre la decisión de Alexis Tsipras de apartar a Varoufakis de la primera línea de negociación con la Troika, el llamado Grupo de Bruselas (Comisión, BCE y FMI).

Lo cierto es que esta anécdota es la mejor metáfora de la relación entre Grecia y sus acreedores internacionales. Cuando unos dicen blanco, los otros negro. Donde unos ven optimismo, los otros sólo adivinan negros nubarrones. Y así, día tras día. Pero el tiempo se agota. El 'tic-tac' se ha acelerado y ayer fuentes de la Eurozona advertían de que «hablamos de días, no de semanas, porque además hay que empezar a diseñar el tercer rescate porque sin él, el país no es sostenible».

El 11 de mayo es la fecha marcada en rojo para que el consejo de ministros de Finanzas del euro, que volverá a reunirse en Bruselas tras el fiasco de Riga, apruebe un acuerdo que permita a Grecia ganar algo de oxígeno en forma de millones de euros. Ahora, hay 7.200 bloqueados del segundo rescate. Sin ellos y con el BCE advirtiendo de que la línea de emergencia para los bancos griegos puede tener los días contados -ayer la elevó en 1.400 hasta los 76.900-, el Gobierno de Atenas no llegará demasiado lejos al tener que pagar 2.600 millones de sueldos y pensiones, además de los mil que tendrá que abonar al FMI antes del día 12.

Ayer, las reuniones prosiguieron con Euclid Tsakalotos ya al frente de la delegación helena, como dispuso Tsipras la noche del domingo en una reunión de urgencia de su Gabinete. Varoufakis quedó como supervisor y Tsakalotos, como coordinador. Se trata de una cuestión de nombres, de rostros, de formas, no de ideas. Se ha mejorado y mucho en el trato, pero en el fondo, Syriza mantiene sus líneas rojas grabadas a fuego. No se bajarán salarios, no se bajarán pensiones, no se subirá el IVA, no se liberará el despido, no se aumentará la edad de jubilación... «Syriza no firmará nunca medidas contra las clases populares», advirtió ayer el ministro de Energía, Panagiotis Lafazanis. Y ahí siguen, en un diálogo de sordos a la espera de la reunión de hoy.

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