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economía colaborativa

Los "millennials", contra la supremacía de la banca tradicional

Arturo Cervera

Decía el novelista Johann Goethe, en el ya lejano siglo XVIII, que "la juventud quiere ser mejor estimulada que instruida". Y, a juzgar por la irrupción de las nuevas tendencias que está trayendo a la economía la generación Millennial -aquellos nacidos entre 1981 y 2000-, los cambios de los que seremos testigos en los próximos años conformarán un panorama de las relaciones completamente distinto al que estamos acostumbrados. El dinero físico y las tarjetas de crédito, las oficinas bancarias físicas o la obtención de financiación para poner en marcha un negocio vía préstamo convencional, parecen estar abocados a su extinción, mientras que otras operaciones más modernas, como las compras online o el pago de recibos a través del móvil sufrirán una transformación total.

Los datos no engañan: los millennials no se parecen en casi nada a sus inmediatos predecesores, la llamada generación X (nacidos entre 1965 y 1980), y no es algo puntual ni limitado geográficamente, sino que se trata de un fenómeno global que se da por igual en todos los países. En EEUU, la locomotora económica mundial, con más de 84 millones de millenials que suman un poder de compra superior a los 1,3 billones de dólares, las cifras son concluyentes, ya que el 65% de ellos gana menos de 50.000 dólares anuales y apenas un 35% se ha casado, justo la proporción contraria a la de sus hermanos mayores, según un estudio de Boston Consulting Group, que afirma, además, que casi no compran inmuebles ni coches, pero que, sin embargo, destinan alrededor de la mitad de su presupuesto mensual a las compras online.

Ese cambio total de paradigma tiene uno de sus ejemplos más relevantes a la hora de cómo evalúan los jóvenes el sector financiero, donde califican directamente a los bancos como a las empresas que menos aprecian, llegando 1 de cada 3 encuestados en el estudio Millenial Disruption Index, a asegurar que nunca operará con uno en su vida. Por si fuera poco, casi el 70% opina que en sólo cinco años todo el sistema internacional de pagos será distinto al actual, concluyendo la mayoría que en ese nuevo escenario futuro los bancos apenas tendrán peso en las decisiones de su vida diaria.

En España, la visión de los millennials es muy parecida. En un país donde, según la Encuesta de Población Activa, 5.6 millones de personas viven excluidas del sistema financiero convencional y en el que las tasas de paro juvenil doblan con holgura la media de sus vecinos europeos, los procesos de desintermediación bancaria y de economía colaborativa van en aumento a pasos agigantados. No en vano, y según el índice Millennial Financial Knowledge, 3 de cada 4 jóvenes no se fía de las entidades financieras y les tachan de ser los principales culpables de la crisis, por encima incluso de los políticos. Y, lo que resulta más llamativo, más de la mitad afirma que no cree que recurra a ellos jamás, ni siquiera para temas relacionados con la financiación de sus proyectos empresariales.

Así las cosas, parece evidente que las nuevas generaciones traen consigo profundos vientos de cambio para la banca tradicional. Gracias a una cultura basada en la interconectividad total, el desapego a las instituciones y un uso permanente de internet, se está conformando un sistema paralelo de apuesta por las iniciativas emprendedoras, con los préstamos peer to peer a la cabeza, y en donde en países como Reino Unido o EEUU, ya se encuentra por méritos propios en la primera división de la economía. A nivel doméstico, mientras la Unión Europea ya se ha atrevido a regular el crowdfunding a través de una Directiva, en España un proyecto de ley que cuenta con el visto bueno del Gobierno pretende normalizar un sector en pleno crecimiento. Quizá son los primeros estertores de los grandes cambios que están por venir, y que veremos en toda su plenitud en los próximos años.

Arturo Cervera es CEO de Comunitae

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