25 de Enero, 02:24 am

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este jueves se espera el 'QE'

Draghi en su semana grande: Del "será suficiente" al "estamos listos"

Adolfo Lorente (Bruselas)

El BCE podría activar el jueves el programa de compra masiva de deuda pública que llegaría a sólo tres días de las convulsas elecciones en Grecia.

Hablar de 'matches ball', de últimas oportunidades, de abismos y desesperación, viene de fábrica. Está en los genes de esa nueva Eurozona que se ha mostrado al mundo como la única gran zona económica incapaz de reaccionar a tiempo en una crisis que ya va camino de su séptimo año. La reciente historia de la moneda única está marcada por demasiadas «últimas oportunidades» que pese a su relevancia nada tiene que ver con lo que puede llegar a pasar esta semana. El jueves, el BCE podría adentrarse en terreno desconocido, activar lo que jamás hubieran pensado quienes idearon su creación: la activación de programa de compra masiva de deuda soberana para combatir el riesgo de la deflación. Se llama 'Quantitative Easing' (QE) y según los borradores trasladados por los expertos del BCE, podría suponer la compra de hasta medio billón de euros de títulos soberanos.

«Estamos listos», deslizó la semana pasada el presidente de la entidad, Mario Draghi. «Todos los miembros del Consejo de Gobierno están decididos a cumplir con nuestro mandato, aumentar la inflación hasta el 2%», apostilló. ¿Será el jueves 22? Todos los analistas coinciden que sí, que el órgano ejecutivo que reúne a los seis miembros del comité ejecutivo y a los 19 gobernadores de los bancos centrales nacionales del euro no esperará hasta su próxima reunión del 5 de marzo en Chipre para adoptar una decisión vital para el futuro de Europa. Y es que con la llegada de 2015, las decisiones de política monetaria ya no se adoptarán cada primer jueves de mes, sino cada seis semanas, como la Reserva Federal.

Todo parece haberse alineado para empujar a 'Súper Mario' a llevar hasta las últimas consecuencias el órdago que a mediados del pasado año decidió lanzar a los representantes de la ortodoxia alemana, en especial hacia el presidente del Bundesbak, Jens Weidmann, que no ha dudado en criticar en público y de forma muy dura los derroteros por los que está derivando la política económica del BCE.

Tipos de interés situados en un histórico 0,25%, la tasa de facilidad de depósito en negativo, instalación de barras de liquidez (TLTRO, por sus siglas en inglés) por valor de 400.000 millones para intentar resucitar el crédito a pymes y familias; compras de cédulas hipotecarias y titulizaciones... Y pese a todo, la Eurozona, que crece a un tímido 0,2%, sigue sin reaccionar. Fráncfort acaba de corregir muy a la baja las previsiones de crecimiento para 2015 y la evolución de la inflación es más que preocupante por el desplome del petróleo. Tanto, que el viernes Eurostat confirmó que en diciembre, la inflación se situó en tasas negativas (-0,2%) en términos interanuales, algo que no sucedía desde septiembre de 2009.

El riesgo, para los países

Se trata del último dato que esperaba el banquero italiano para cargarse de razones ante Alemania. No hay que olvidar que el objetivo fundacional del BCE es que la inflación esté por debajo pero lo más cerca posible al 2%, guarismos que no se rozarán como pronto hasta finales de 2016. «No podemos bajar más los tipos de interés. Nuestras posibilidades en política monetaria son las que son. No tenemos más alternativa que impulsar medidas no convencionales. Alemania debe entender que somos responsables de la política monetaria de 19 países, no de uno», advirtió Draghi. Declaraciones a un periódico germano que paradójicamente se conocieron el jueves, horas antes de entrevistarse a puerta cerrada con la canciller, Angela Merkel, y su ministro de Finanzas, Wolfgang Schäuble. Un día, además, en el que el abogado general de la UE aseguró que el programa de compra de deuda que el BCE anunció en 2012 y que nunca se activó era legal. Vía libre.

También hay matices. Todo apunta a que el sistema finalmente diseñado por el banquero italiano tendrá muchas dosis de guiño hacia Alemania ya que Fráncfort derivará buena parte del riesgo a los Estados miembros de forma que serán los bancos centrales los encargados de comprar la deuda de sus respectivos países.

La semana que arranca puede marcar un antes y un después para el futuro de la moneda única. Y no sólo por la reunión que el jueves celebrará el BCE. El domingo, apenas 72 horas después, los griegos están llamados a las urnas para elegir, según las encuestas, a Alexis Tsipras como primer ministro del país. Bruselas contiene la respiración. No es para menos. El líder de la izquierda radical de Syriza ya ha advertido de que la troika, tal y como se le conoce, tiene los días contados en Grecia. Impulsará quitas en la deuda, reestructuraciones, acabará con los recortes...

Han sido muchas las voces que ya han comenzado sugerir una posible salida del país del euro, pero esta opción «ni siquiera se contempla», confirman fuentes comunitarias. «Estamos tranquilos. Lo que ocurre en Grecia para nada interfiere en nuestra política», recalcó recientemente el miembro del comité ejecutivo Benoît Coeuré. Respecto a una posible quita de la deuda del país heleno con el BCE, fue tajante: «Sencillamente no está permitido por los tratados y no es una cuestión en la que quepan concesiones o interpretaciones.

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