19 de Septiembre, 21:25 pm

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LOS SECRETOS DE LA NUEVA TARIFA

Cuánto, cómo y cuándo pagará por la luz a partir de abril

Con los costes fijos, que suponen más de la mitad del recibo eléctrico, subiendo un 20%, queda poco margen para ahorrar, a pesar de los cambios anunciados en los precios de la energía.

La parte contratante de la primera parte... No se asuste, sufrido consumidor. La famosa expresión de Groucho Marx en 'Una noche en la ópera' sólo sirve para resumir la compleja operación de facturar el consumo de electricidad en cualquier hogar o negocio. Desde 1997, han sido 50 el número de decretos que los sucesivos gobiernos han aprobado para desarrollar la liberalización del mercado energético. Sólo en los cinco años de crisis, 20 nuevas normas para evitar lo que ha sido imposible: que el precio de la luz haya aumentado un 63% en este periodo desde 2008. Ahora, el Ejecutivo da una nueva vuelta de tuerca a la legislación para evitar incrementos sustanciales en las facturas. Pero es difícil asegurar que lo que paga cada ciudadano vaya a obtener alguna alegría. Al menos, si el Ministerio de Industria no aclara aún más cómo se ajustará la nueva factura de la luz, que se pondrá en marcha el 1 de abril.

Ya conocemos varias novedades: que el coste de la electricidad consumida variará en función de lo que se negocie en el mercado mayorista; los costes de peaje aumentarán un 20%; y los impuestos se mantendrán como hasta ahora. ¿El resultado? Para las viviendas habituales, dependerá del consumo que se realice, aunque Industria calcule una rebaja media del 3%; y para las segundas residencias, implica un coste final aún mayor del que venían abonando hasta ahora. Para arrojar un poco más de luz a la factura que le llega cada dos meses a su casa es necesario aclarar previamente en qué consisten conceptos como «consumo de energía», «costes de peaje» e incluso los «impuestos»

CONSUMO DE ENERGÍA. No hay que confundir el consumo con el resto de factores que influyen en la electricidad de éste y cualquier otro país (transporte, tributos, etc.). Se trata de la parte que más cambios ha sufrido en los últimos años. Pero no es la que más impacto tiene en el importe final de su factura. Hasta ahora, el precio de la electricidad se calculaba en función de subastas en las que los agentes apostaban por cuál sería el precio medio de la energía en los tres meses siguientes. Es decir, a futuros, como en la bolsa. Y, en función de esas expectativas y de las coberturas del mercado, el coste energético era mayor o menor.

Para moderar este mercado, el Gobierno opta ahora por que los clientes paguen el kilovatio consumido en función de cómo cotiza éste en el mercado mayorista. Es decir, otra vez como en la bolsa, pero en la modalidad de trading. El problema de este mercado es que supone una volatilidad extrema, dependiendo de dónde provenga la producción energética en cada momento del día. La meteorología (viento, lluvias, etc.), la estación del año (horas de luz al día) o consumo que realice (horas punta y valle) son algunos factores que determinarán, a partir de ahora, el coste de lo que consuma. Es decir, en un caso extremo, para lograr el máximo ahorro, habría que utilizar la luz durante las noches y en épocas de inclemencias meteorológicas. Si tiene un contador inteligente, el aparato le calculará el coste de lo que consuma cada hora, con las correspondientes variaciones. Y si no lo tiene, su compañía le calculará el precio medio en función de lo que haya negociado el mercado mayorista en los dos meses previos. El Gobierno estima que, con este nuevo modelo, los consumidores se ahorrarán, de media, un 3% anual, en el coste de la electricidad que pagan (que no en su factura total). La otra opción que le propondrán será la de acogerse a una tarifa anual, pero tiene sus riesgos: dependerá del precio que ofrezca su compañía; incorporará los costes del riesgo que supone para las empresas ofrecer un precio fijo para 12 meses; puede implicar un compromiso de permanencia; y, sobre todo, su contrato pasará al mercado libre.

COSTES DE PEAJE. Más allá del consumo, la mitad de su factura energética se destina a pagar los costes fijos, que incluyen gastos tan esenciales para que usted pueda encender la bombilla, como el transporte de la electricidad desde donde se genere (nucleares, pantanos, etc.) hasta su casa; el servicio que garantiza la interruptibilidad; o la posibilidad de que 3,5 millones de españoles (los de las islas más Ceuta y Melilla) también dispongan de energía. También es verdad que, entre estos costes, se incluyen las primas a las energías renovables, y que suponen un 21 por ciento del total de su facturación. Pero estas compañías también garantizan el suministro, aunque todos los expertos coinciden en señalar que esas subvenciones son fruto de un «boom» energético del que ahora pagamos sus consecuencias.

En la parte fija del contrato, el Gobierno ya ha aprobado un incremento medio del 18%, que puede llegar al 20% en los consumidores domésticos. Una de las ventajas de permanecer en el mercado regulado es que una buena parte de los precios dependen de las medidas del Gobierno, tanto para bien como para mal.

IMPUESTOS. Hasta 2003, sólo era uno el tributo que gravaba el consumo de electricidad: el del IVA (ahora, ya en el tipo del 21%). Desde ese ejercicio, se incluyó otro impuesto, el de Electricidad, que grava con un 5,11% el importe de su factura. En ningún caso, el Ejecutivo se plantea disminuir estos impuestos, ni siquiera en el marco de la reforma fiscal. Por lo que, al menos a medio plazo, un cuarto de su factura también es inamovible.

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