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análisis

El fin del "reinado" de Merkel sobrevuela la cabeza de los alemanes

Almudena de Cabo

Las elecciones de Baja Sajonia han demostrado que no es suficiente contar con una gran popularidad entre el electorado.

La derrota de la coalición de Angela Merkel en las elecciones de Baja Sajonia por un escaño frente a la futura entente entre el Partido Socialdemócrata (SPD) y Los Verdes fue calificada por la propia canciller de «dolorosa». Las consecuencias de no haber podido revalidar el mandato de la alianza de la Unión Cristianodemócrata (CDU) y el Partido Liberal (FDP) en ese Estado federado se dejaban entrever en el sombrío rostro de la mandataria alemana durante su comparecencia en Berlín acompañando a su candidato, y hasta el domingo primer ministro de Baja Sajonia, David McAllister.

La importancia de estas elecciones quedó patente en el gran número de apariciones de Merkel durante la campaña. No solo estaba en juego el Gobierno de un 'land', o empezar con buen pie el año electoral en el que la canciller busca ser reelegida en un tercer mandato; también se trataba de evitar que la oposición se hiciera con la mayoría en el Bundesrat (Cámara alta) y el consiguiente bloqueo legislativo.

'La pesadilla de Merkel', como titulaba ayer 'Der Spiegel' un artículo de opinión, no ha hecho más que empezar. Las elecciones de Baja Sajonia han demostrado que no es suficiente contar con una gran popularidad entre el electorado. David McAllister era el político mejor valorado entre los ciudadanos de Baja Sajonia, pero al final se ha visto expulsado del Parlamento de Hannover. «Es una de las mejores cabezas», lo alabó la canciller. Los expertos ven esta derrota como una «advertencia» para Merkel. Es el quinto Estado federado que pierde desde 2011 (tras Schleswig-Holstein, Baden-Württemberg, Hamburgo y Renania del Norte Westfalia), y la idea de que pueda acabar el reinado de Merkel, a pesar de su gran popularidad, empieza a sobrevolar la cabeza de los alemanes, algo impensable hasta hace unos días. La CDU alerta ya de la importancia de votar al partido si quieren a Merkel como canciller.

La líder cristianodemócrata lo ha dejado claro: «Será una campaña electoral en la que cada uno tendrá que luchar por sus votos». O lo que es lo mismo, un trasvase de votos -como lo sucedido en Baja Sajonia, donde 10.000 votantes de la CDU dieron su apoyo a los liberales para que no se quedaran fuera del Parlamento y poder seguir gobernando con su ayuda- no volverá a suceder en septiembre. Su actual socio en Berlín tendrá que luchar solo si quiere seguir formando parte del Bundestag, algo que no está tan claro en los últimos sondeos.

Asimismo, la canciller tendrá que lidiar a partir de ahora con un posible bloqueo en la Cámara de representantes, donde se tienen que aprobar, rechazar o sancionar las leyes que afecten a los 'Länder'. Consciente de ello, Merkel hizo ayer un llamamiento a la oposición para que se comporte de forma «responsable» en el Bundesrat y no bloquee sus leyes pendientes de ratificación sólo por motivos oportunistas.

Giro a la izquierda

Por primera vez desde 1999 el Bundesrat volverá a tener una mayoría formada por partidos de izquierdas. El órgano legislativo está compuesto por 69 miembros, cada uno con un voto. Cada Estado federado tiene, según su población, entre 3 y 6 votos. Cada ley, decreto, decisión y también cada apelación de la comisión mediadora necesita al menos 35 votos para ser aprobada.

Antes de las elecciones de Baja Sajonia, el SPD y los Verdes, junto con la Izquierda y el partido SSW (la Asociación de Votantes del Schleswig Meridional) tenían 30 votos. Tras el resultado del domingo han conseguido hacerse con 36. La nueva mayoría puede ser usada por la oposición para ponerle las cosas difíciles a la canciller. «Ahora será casi imposible sacar adelante proyectos si el SPD no está de acuerdo», dijo el presidente de la fracción parlamentaria de la CDU, Volker Kauder.

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