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Jeroen Dijsselbloem, nuevo jefe

Holanda se pone al frente del Eurogrupo con el único veto de España

Iñaki Castro

El ministro de Finanzas holandés, Jeroen Dijsselbloem, accedió ayer a la jefatura del Eurogrupo con el único rechazo de España. En un gesto de protesta, el titular de Economía, Luis de Guindos, se desmarcó del resto de sus colegas y evitó que el sucesor de Jean-Claude Juncker fuera elegido por unanimidad. La abstención se debe a la pobre representación española en las instituciones comunitarias, especialmente en la cúpula del BCE. Aunque Francia finalmente respaldó a Dijsselbloem, también expresó sus recelos por la tradicional dureza de Países Bajos en la defensa de la austeridad. El nuevo presidente del club de la moneda única prometió trabajar para compatibilizar ajustes y crecimiento.

Pese a que la designación estaba consensuada desde hace semanas, De Guindos advirtió a su llegada a Bruselas de que acudía sin «ninguna posición predeterminada». El titular de Economía se guardó su decisión hasta que escuchó el programa de su colega holandés. Entonces, dejó claro que no respaldaría el nombramiento, aunque evitó precisar sus razones. Las reticencias del Gobierno de Mariano Rajoy se deben a la clara apuesta de Países Bajos por el rigor presupuestario, pero también a la pérdida de peso de España en la UE. El Ejecutivo lamenta especialmente que se viera privado del puesto en el comité directivo del BCE, un sillón que se otorgó el año pasado a Luxemburgo en representación de los países de menor tamaño como la propia Holanda.

Antes de explicitar su rechazo, España y Francia parecían compartir estrategia ante el desembarco de Holanda al frente del Eurogrupo. En una prueba de esta sintonía, De Guindos y su homólogo francés, Pierre Moscovici, coindieron en sus peticiones al nuevo jefe del club del euro. Ambos insistieron en que debe representar a «todo» el organismo sin primar las medidas reclamadas por Alemania y sus satélites, un grupo en el que siempre ha figurado Países Bajos. Los socios franco-españoles también se quejan de que los gobiernos con la triple A de las agencias de rating -Alemania, Finlandia, Holanda y Luxemburgo- copen los principales puestos europeos en detrimento de los menos virtuosos.

París y Madrid temen que el relevo de Juncker se convierta en un altavoz de la austeridad alentada por Alemania. En el caso francés, esta perspectiva escuece especialmente porque resaltaría el liderazgo de Angela Merkel frente a los esfuerzos de François Hollande por suavizar los ajustes en Europa. Pese a la desconfianza del Elíseo, no hay que olvidar que el país galo ha sido recompensado con la jefatura del nuevo supervisor único de la banca. Si no hay imprevistos, Danièle Nouy estará al frente del vigilante común cuando entre en funcionamiento en 2014. Además, Dijsselbloem desempeñará sus funciones durante dos años y medio, un corto mandato que da juego para pactar otras designaciones.

Declaraciones controladas

En un intento por evitar mayores fricciones, el ministro de Finanzas alemán, Wolfgang Schäuble, anunció una revisión en los métodos de trabajo del Eurogrupo. Según explicó, el nuevo presidente debería evitar pronunciarse sobre la política concreta de los gobiernos. Dijsselbloem también optó por la prudencia y recordó que el ritmo de los ajustes debe adaptarse a la situación de cada país y los «riesgos» que afronte ante los mercados. El responsable holandés adelantó que el cumplimiento del déficit se evaluará con carácter estructural, un criterio que ya ha empezado a aplicar la UE y que beneficia a España. Bajo esta premisa, por ejemplo, no se tienen en cuenta los desequilibrios provocados por el paro.

Dijsselbloem se convirtió en el segundo presidente fijo de la moneda única. Hasta ahora, solo se había visto en el cargo a Juncker, que se marchó «aliviado» tras ocho años al frente de los titulares de Finanzas. Su sucesión, que se ha prolongado durante más de seis meses por la falta de acuerdo, se erigió en el punto central de la reunión. Con los mercados mucho más tranquilos, los Diecisiete intentaron avanzar en la recapitalización directa de la banca. Esta cuestión divide profundamente a los socios pese a que su puesta en marcha está acordada. Los socios debaten ahora si los países beneficiarios deberían aportar parte del dinero en caso de la UE tenga que intervenir para rescatar a más entidades.

España pelea para que la recapitalización directa tenga carácter retroactivo, lo que aligeraría la carga del salvavidas financiero. Ayer, el Eurogrupo analizó en paralelo la marcha del programa de asistencia español y avaló el desembolso de otros 1.845 millones. De Guindos detalló que con esta transferencia se completa la entrega de los 40.000 millones habilitados para reflotar el sistema bancario. A su juicio, el sector es ahora «muchísimo más seguro» que el pasado verano, momento en el que se puso en marcha el rescate. De aquí en adelante, el Gobierno deberá cumplir con las exigencias vinculadas a la ayuda, pero no se esperan más inyecciones.

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